Neurociencia: ¿con qué parte del cerebro respondes a la vida?

Escrito por Larisa Root
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Continuamente estamos recibiendo estímulos desde el mundo exterior a través de los sentidos y el cerebro es quien se encarga de controlar y regular las acciones y reacciones para dar una respuesta. Aunque esto está claro, ¿sabes desde qué parte de tu cerebro respondes a la vida? Las neurociencias vienen a explicarnos lo que antes sólo podíamos vislumbrar mediante abstracciones psicológicas. Aquí te presentamos sus conclusiones.

El cerebro, un órgano complejo

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El cerebro humano es el centro del sistema nervioso. Protegido por los huesos del cráneo, este órgano es la maravilla más compleja que ha creado la naturaleza. Dentro del cerebro humano siguen vivos los ancestros reptiles y mamíferos de la humanidad: se ha ido desarrollando a lo largo de millones de años, capa tras capa, hasta llegar al cerebro actual. En él se pueden distinguir tres formaciones o cerebros independientes pero conectados. Se llama cerebro triurno a esa unidad formada por tres partes: cerebro reptiliano, el paleomamífero o límbico y el neocórtex, según su orden de evolución.

La realidad

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El modo en que percibimos la realidad es un tema que está constantemente en el centro de las investigaciones, las cuales plantean que la realidad es una creación del cerebro que realizan las neuronas interconectadas frente a los distintos estímulos tanto del exterior como del interior. El 80% de la información es recibida a través de la vista y, aún así, percibimos solo 2 millonésimas partes de lo que nos rodea. Si a esto le sumas las emociones y la memoria, el panorama se vuelve mucho más complejo. El cerebro reptil, el límbico y el neocortex están interconectados a nivel neuronal y bioquímico, y cada uno controla diferentes funciones de nuestro cuerpo, lo cual afecta de manera directa nuestra salud, bienestar y capacidades. Cada uno de ellos tiene su propia subjetividad, su propio sentido del tiempo y el espacio, además de memoria e inteligencia propias.

Redes Hebbianas

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Estructuras de pensamiento, miedos, recuerdos, deseos, capacidades y conocimientos: todo lo que se refiere a tu persona se encuentra grabado en una telaraña inmensa formada por la sorprendente cantidad de 100.000 millones de células cerebrales. A su vez, cada neurona puede conectarse con otras 10.000, lo que suma un total de 1.000 billones de posibles conexiones neuronales, dando lugar a la sinapsis. La Red Hebbiana es un circuito específico de neuronas interconectadas que funciona como una hoja de ruta activada mediante estímulos.

Neuroplasticidad

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Cuando vives una experiencia, la vives con una emoción determinada, la cual creará una red hebbiana a través de las neuronas. Esta red representará aquella experiencia en tu cerebro, pero cada vez que la relates, lo harás con una nueva emoción. Por lo tanto, ese registro se va a resignificar y va a modificar el recuerdo que tienes de esa situación particular. Lo que recuerdas en definitiva es el registro de la experiencia que viviste y no lo que sucedió. La neuroplasticidad es un proceso que permite que estas redes puedan construirse, eliminarse, modificarse o potenciarse, de manera voluntaria o involuntaria, a lo largo de la vida. Esta propiedad aumenta la capacidad del ser humano de adaptarse a nuevos territorios y, por lo tanto, su capacidad de supervivencia.

Reptiliano: la supervivencia

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En lo profundo del cerebro se encuentra el cerebro reptiliano, su parte más antigua y primitiva. Está formado por los ganglios basales, el tallo cerebral y el sistema reticular, situado en la fosa posterior del cráneo. Se encarga principalmente de la supervivencia y los instintos. Allí se procesan las primeras experiencias de vida no verbales, de aceptación o rechazo.

Reptiliano: los instintos más básicos

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Está encargado de los instintos más básicos: ante una situación de peligro, responde huyendo o atacando. Por otra parte, regula las funciones fisiológicas involuntarias como la respiración, la temperatura corporal, la circulación, la homeostasis y el trabajo de las hormonas. Además, lleva a cabo luchas por el territorio y por la reproducción. El cerebro reptiliano también regula funciones básicas, como el hambre, la sed y la necesidad de protección.

Reptiliano: hacia la acción concreta

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Esta parte del cerebro se encarga de todo lo relacionado con la acción concreta: no tiene la capacidad de aprender, de sentir, razonar o imaginar un futuro o recordar un pasado. Nos sitúa en el presente y es incapaz de anticipar. A este cerebro le interesa sobrevivir y percibir una realidad coherente, sin importarle si es verdadera. De esa manera, puede construir un escenario con mayor seguridad y tranquilidad. Gran guardián de la vida, permite una rápida adaptación a través de respuestas elementales poco complejas. Vale aclarar que es también capaz de cometer grandes atrocidades. Sus limitaciones están básicamente conformadas por los miedos.

Límbico: el desarrollo emocional

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Sobre el cerebro reptiliano se encuentra el límbico, lugar donde se almacenan las emociones y los recuerdos. Allí se halla la amígdala cerebral, la cual funciona como un baúl donde está guardada la memoria afectiva. Gracias a esta parte del cerebro, tienes la capacidad de desear: aquí se gestan las aspiraciones y los intereses. Además, está muy relacionado con la motivación, ya que otorga la energía que necesitas para lograr tus metas.

Límbico: los sentimientos

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Esta parte del cerebro otorga la facultad de afectar y ser afectado por alguien o algo. Además, en ella se dan los estados de calidez, depresión, amor, gozo, odio y miedos, entre otros. Por otra parte, gracias a su funcionamiento, tienes la capacidad de dar y recibir afecto, escuchar, considerar, sentir empatía, prestar atención o ser compasivo.

Límbico: manejo del tiempo

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Otra particularidad del cerebro límbico es la facultad de traer el pasado al presente, lo cual permite el proceso de aprendizaje, además de invitarte a tener consideración del pasado. Esto puede volcarse hacia lo patológico en la medida en que el pasado inunda la vida presente, favoreciendo la exageración de las emociones: Poseer referencias de experiencias pasadas puede ser útil hasta que el pasado condiciona de sobremanera tu presente y no te permite vivir realmente lo que está pasando.

Límbico: su relación con el reptiliano

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El cerebro límbico te libera de las expresiones estereotipadas generadas por el cerebro reptil a partir de los instintos animales. Proporciona flexibilidad a la conducta emocional en procesos de interpretación compleja, te permite encontrar soluciones a los problemas y planificar a largo plazo. Sus limitaciones están básicamente conformadas por el sufrimiento.

Neocórtex: la evolución

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El neocórtex o corteza cerebral es la última capa en la evolución de millones de años del cerebro humano. Se encuentra por sobre el cerebro límbico y su estructura consta de dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. El neocórtex gestiona sentimientos, memorias y procesos intelectuales de un orden superior de entendimiento y análisis. Esta parte del cerebro te permite internalizar conocimientos como, por ejemplo, las leyes que rigen el Universo.

Neocórtex: el lenguaje y la sociedad

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Esta capa del cerebro se fue desarrollando mediante el uso del lenguaje y encarna la adquisición de la consciencia. De la mano del lenguaje, las comunidades mundiales se han vuelto más complejas y organizadas, y esto se debe, en gran parte, al neocórtex, ya que permite proyectar y desarrollar tecnología y cultura.

Neocórtex: un lazo en el tiempo

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La imaginación es una de las funciones del neocortex. Permite planificar, visualizar y prever futuras consecuencias. Utilizada como herramienta creativa, la imaginación brinda la posibilidad de crear diferentes futuros potenciales. Esta capacidad es un arma de doble filo: cuando tomas por real aquello que no está en el presente, sin discernir el imaginario de la realidad, puede tornar en una patología llamada psicosis.

Neocórtex: sintetizando lo complejo

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El neocórtex funciona principalmente en circunstancias que reclaman generar o resolver situaciones conflictivas, analizar y sintetizar información, utilizar el razonamiento analítico y analógico, así como el pensamiento creativo y crítico. Permite tomar consciencia, memorizar, imaginar, controlar emociones, realizar introspecciones, elegir el mejor comportamiento, reflexionar acerca de algún suceso y anticipar las consecuencias de los actos.

Hemisferio cerebral izquierdo

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El hemisferio cerebral izquierdo controla la parte derecha del cuerpo humano. Al igual que el hemisferio derecho, utiliza maneras de cognición de alto nivel, pero cada uno percibe la realidad de forma diferente. El hemisferio izquierdo rige la vida intelectual, se encarga de procesar la información analíticamente, de forma lógica y lineal, de manera sucesiva. Su campo de acción es el temporal. Verbaliza, lo cual le permite pensar en palabras y números. Por otra parte, busca la objetividad diferenciando y rotulandolo que ocurre en el entorno para lograr entenderlo. Además, tiene la capacidad de abstraer, lo cual le permite crear hipótesis y hacer ejercicios matemáticos y gramáticos. Este hemisferio está relacionado con el sol y el aspecto Yang o lo masculino, por lo tanto con el día, la electricidad y la actividad.

Hemisferio cerebral derecho

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El hemisferio cerebral derecho rige la mitad izquierda del cuerpo humano. Este hemisferio comienza por el todo para comprender las partes: según su visión, el mundo es un conjunto, por lo tanto, procesa de manera global la información que percibe en simultáneo. En lugar de analizar como el hemisferio izquierdo, sintetiza y busca la integración. Su percepción es holística, con un pensamiento analógico y subjetivo. Este hemisferio se expresa de manera arcaica y maneja el lenguaje simbólico. Su principal eje es el espacial y, por lo tanto, está situado en el momento presente. En él se desarrollan las actividades artísticas como la música o la pintura, además de las intuiciones. Se lo relaciona con la luna y el aspecto Yin o femenino, por lo tanto con la noche, el magnetismo y la pasividad.

Integración

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Cada hemisferio recibe y procesa la realidad de distinto modo y, a su vez, ambos se complementan y son totalmente necesarios para la vida. La búsqueda real consiste en propiciar un equilibrio entre ambos mediante la integración de sus polaridades y, por ello requiere armonía en la realización y estética en la regulación de los momentos.