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Tratamientos para la vejiga neurogénica y la vejiga atónica

Escrito por Matias Cohen | Fecha actualizada August 15, 2018

La vejiga neurogénica y la vejiga atónica son trastornos que se originan por problemas neurológicos. Sus principales síntomas son la pérdida involuntaria de orina y las ganas frecuentes de orinar. Afortunadamente, existen diversos tipos de tratamiento.

La incontinencia urinaria es motivo de un gran malestar físico y también psicológico. Muchas veces, los pacientes que la padecen no consultan al médico por vergüenza o por creer que se trata de algún problema pasajero que se curará solo. Nada más errado de la realidad.

Existen diversas patologías que pueden generar incontinencia. Dos de ellas son la vejiga neurogénica y la vejiga atónica. Para conocerlas, primero es necesario saber cómo funciona la vejiga.

¿Por qué tenemos ganas de orinar?

La vejiga está formada por músculos que se contraen al iniciar la micción en tanto que el esfínter se relaja. Cuando se termina de evacuar la orina, la musculatura de la vejiga se relaja y se contrae el esfínter. Toda esta coordinación está regulada por el cerebro y la médula espinal.

Cuando la vejiga se "llena", sus músculos se distienden y envían una señal al cerebro, que avisa que es el momento de ir a orinar. A partir de allí, el esfínter se contrae de manera voluntaria hasta poder realizar la micción.

Cuando existen lesiones neuronales se altera la percepción de llenado de la vejiga y la necesidad de ir al baño aparecerá en cualquier momento, por lo que la cantidad de orina que el cuerpo necesite evacuar será inferior a la capacidad de llenado del músculo. Además, se producirá una contracción más intensa de los músculos de la vejiga que en ocasiones no se podrá controlar, lo que puede provocar pequeñas pérdidas de orina (incontinencia urinaria).

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Vejiga neurogénica y atónica

La vejiga neurogénica es la disfunción de la vejiga (flácida o espástica) causada por un daño neurológico. Es decir, se producen pérdidas de orina originadas por una afección cerebral, de la médula espinal o de los nervios.

Existen tres tipos de vejiga neurogénica:

  • Espástica o automática: la lesión se encuentra en la primera neurona motora (como en el caso de los parapléjicos de niveles altos), lo que deja indemne el arco reflejo miccional. En este tipo, la vejiga mantiene su capacidad de llenado, y una vez que está llena se vacía de forma refleja. Por lo tanto la micción es inconsciente, periódica y completa, hasta el vaciado de la vejiga.
  • Flácida o autónoma: por lesión de la segunda neurona motora, a nivel del sacro, como ocurre en las paraplejias bajas. Se daña el arco reflejo, por lo que la micción es inconsciente, pero desordenada e incompleta. Se produce por acumulación de orina en la vejiga, pero sin contracción del detrusor.
  • Mixta: es una combinación de las dos anteriores.

Por su parte, la vejiga atónica o flácida a menudo tiene su origen en una vejiga neurógenica, y se caracteriza por la dilatación de este órgano, lo que impide que se pueda vaciar por completo.

¿Cuáles son las causas?

Las causas de estos trastornos en la vejiga involucran al Sistema Nervioso Central, en patologías como accidentes cerebrovasculares, lesiones de la médula espinal, meningomielocele o esclerosis lateral amiotrófica, y los nervios periféricos, a raíz de neuropatías diabética, alcohólica o por deficiencia de vitamina B12, hernias de disco o daños debidos a cirugías de la pelvis. Otras veces involucran a toda la red neuronal, como en la enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple o sífilis.

¿Cuál es la relación de estas patologías con la vejiga neurogénica y la vejiga atónica? Estas patologías coexisten a menudo con una obstrucción de las vías urinarias (por ejemplo, debido a hiperplasia benigna de próstata, cáncer de próstata, impactación fecal o estenosis uretral) y puede exacerbar los síntomas.

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Síntomas de la vejiga neurogénica y atónica

El principal síntoma de la vejiga neurogénica es la imposibilidad de controlar la orina, es decir, incontinencia urinaria. Otros síntomas que definen esta enfermedad son:

  • Flujo de orina débil o que gotea.
  • Incapacidad de orinar o esforzarse por orinar.
  • Orinar con frecuencia (orinar ocho o más veces al día).
  • Urgencia (sensación o necesidad de orinar inmediatamente).
  • Dolor al orinar, lo que puede evidenciar una infección del tracto urinario.
  • Cálculos renales: pueden ser difíciles de detectar porque el dolor asociado con los cálculos renales pueden no sentirse, si el paciente tiene anomalías de la médula espinal. Entre los síntomas de los cálculos del riñón se incluyen escalofríos, temblor y fiebre.

¿Cómo se diagnostica?

Debido a que este trastorno está relacionado con problemas en el sistema neurológico, el médico podrá solicitar exámenes del el sistema nervioso central, además de estudios de en la vejiga, para poder llegar al diagnóstico preciso. La derivación al neurólogo será fundamental.

Las primeras pruebas constarán de estudios urodinámicos, donde se prueba el funcionamiento de la vejiga, en cuanto a su capacidad, la presión de sus músculos, el flujo de la orina y el vaciado.

También se podrá realizar una cistoscopia, en la que se utiliza un pequeño telescopio para examinar el interior de la vejiga y de la uretra (el tubo a través del cual pasa la orina).

Otros estudios que involucran el diagnóstico pueden ser un examen de cráneo, espina dorsal y el tracto urinario mediante rayos X, una tomografía computada y una resonancia magnética.

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Tratamiento de la vejiga neurogénica

Antes definir el tratamiento específico de la vejiga neurogénica, el médico deberá considerar ciertos aspectos:

  • Edad, estado general de salud e historia médica del paciente.
  • Severidad de los síntomas.
  • Causa del daño a los nervios.
  • Tipo de disfunción de vaciado.
  • Tolerancia a determinados medicamentos, procedimientos o terapias.
  • Expectativas para la trayectoria de la enfermedad.

Por lo tanto, se podrá optar entre cinco tipos de tratamiento para la vejiga neurogénica:

  1. Terapia física-psicológica: también llamada vaciado cronometado, combina la autodisciplina y el ejercicio. Se deberá realizar un seguimiento y control de vaciado (cantidad y la hora de ingesta de líquidos, cuantas veces orina al día y si existe pérdida de orina). De esta manera, se creará un cronograma que ayudará a decidir las horas del día en las que conviene estar cerca de un baño, a fin de no sufrir imprevistos. A medida que el paciente toma el control sobre la capacidad de orinar, los periodos de tiempo entre cada micción se harán más largos gradualmente.
  2. Terapia eléctrico-estimulatoria: en este tipo de tratamiento se utilizan electrodos y pequeños estimuladores cerca de ciertos nervios durante un procedimiento quirúrgico mínimo. Los estimuladores se colocan debajo de la piel y mandan impulsos eléctricos que imitan aquellos que mandan los nervios normales. Este aparato ha sido aprobado por la FDA de los Estados Unidos para tratar la incontinencia y la retención de orina en pacientes en los que otras terapias han fallado.
  3. Terapia con medicamentos: ciertos medicamentos pueden ser recetados para reducir los espasmos y temblores musculares, así como para producir contracciones:
    Antiespasmódicos: previenen las contracciones excesivas de la vejiga. El tartrato de tolterodina y el cloruro de oxibutinina funcionan relajando los músculos de la vejiga.
    Antidepresivos: pueden ayudar a reducir las contracciones al relajar el músculo liso de la vejiga.
    Estrógenos: se suele indicar en mujeres post-menopaúsicas para tratar incontinencia por estrés leve a moderada.
  4. Auto cateterismo intermitente: los catéteres son aparatos que se pueden meter a través de la uretra hasta dentro de la vejiga para drenar la orina. Los pacientes pueden aprender a meter el catéter ellos mismos. Este tratamiento se llama Cateterización Intermitente Limpia. Un cateterismo permanente (de Foley) refiere a la colocación de este dispositivo por un período de tiempo más largo. Con esto, se evita que la vejiga se inflame, ya que drenan la orina de manera continua a un colector al lado de la cama. El paciente debe de emplear procedimientos sanitarios estrictos para prevenir infecciones del tracto urinario.
  5. Cirugía: existen diferentes tipos de cirugía:
    - Esfínter artificial:

    se coloca una banda artificial alrededor del cuello de la vejiga, la cual puede inflarse para prevenir la incontinencia urinaria y desinflarse en el momento de vaciarla.
    - Aumento de la vejiga: se quitan algunos segmentos del intestino y se pegan a las paredes de la vejiga, lo que reduce la presión interior de la vejiga y aumenta su capacidad para almacenar orina.
    - Stents para la uretra: son parecidos a un catéter interno, se pueden meter a través del músculo del esfínter para ensancharlo y permitir drenar la orina.
    - Esfinteretomía: se quita el esfínter o una porción de éste.

Post tratamiento se podrán recomendar diversas acciones para regularizar la actividad de la vejiga, como una dieta que evite comidas picantes, café y frutas cítricas, la distribución de la ingesta de líquidos en pequeñas porciones a lo largo de todo el día y la realización de ejercicios de Kegel, que ayudan a fortalecer los músculos pélvicos.

ADVERTENCIA: Este artículo no debe considerarse como un equivalente de una consulta médica profesional. Consulte a su médico de confianza ante cualquier duda sobre este u otro tema relacionado con su salud.