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Tos ferina: síntomas y tratamiento

Escrito por Luis Malavé | Fecha actualizada March 15, 2018

La tos ferina es una enfermedad infecciosa aguda altamente contagiosa que afecta las vías respiratorias altas y es causada por la bacteria Bordetella pertussis. Se caracteriza por una inflamación de tráquea y bronquios con episodios de tos violenta y espasmódica. Esta tos viene acompañada de una sensación de asfixia y un ruido estridente cuando el paciente trata de respirar, denominado estridor respiratorio.

La aparición de la tos ferina es posible a cualquier edad pero tiene efectos más graves y una mayor frecuencia en los niños menores de cinco años. Además su contagio se incrementa en las estaciones de primera y verano y los mayores brotes se repiten en intervalos de 3 a 5 años en la mayoría de países.

Se trata de una enfermedad que puede causar la muerte si no se trata adecuadamente y a tiempo, sobre todo en recién nacidos y niños pequeños, a quienes las crisis de tos puede llegar a impedirles beber, comer y respirar.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se registran hasta 50 millones de casos en todo el mundo y más de 300.000 muertes.

Hasta un 90 por ciento de los casos aparecen en países en vías de desarrollo y se considera que esto se debe a que en las naciones desarrolladas se aplica con mayor rigurosidad la vacunación temprana de los niños recién nacidos o de pocos meses de edad, con las vacunas DPT y DtaP.

Al respecto, estudios revelan que la mayoría de muertes ocurren en niños pequeños no vacunados o que no recibieron las tres dosis mínimas de estas vacunas que se requieren para inmunización completa.

¿Cuáles son los síntomas de la tos ferina?

Los síntomas de la tos ferina aparecen en promedio en un lapso de 5 a 10 días después de que el organismo se haya infectado con la bacteria Bordetella pertussis. En unos pocos casos esta manifestación puede retrasarse hasta 21 días.

Al inicio se presentan síntomas fáciles de confundir con un resfriado, como la emisión de mucosidad por las fosas nasales, fiebre de baja intensidad y una tos leve ocasional.

En los niños recién nacidos o lactantes puede ser asintomática al principio, pero una señal clara de que puede haber presencia de tos ferina es una irregularidad en el ritmo respiratorio, que se detiene por varios segundos sin razón aparente, denominada apnea.

Cuando la enfermedad pasa a una etapa más avanzada aparecen los síntomas que han hecho característica a esta dolencia desde hace varios siglos. Esto incluye en primer lugar accesos de tos rápida y violenta seguida de silbidos al respirar. La fuerza de los ataques de tos lleva al paciente a vomitar con frecuencia.

Un tercer síntoma de la tos ferina en etapa avanzada es el agotamiento extremo después de cada ataque de tos.

Es de destacar que los accesos de tos son más frecuentes durante la noche y se hacen más continuos mientras la enfermedad avanza. La duración de estos ataques puede extenderse hasta más allá de 10 semanas.

¿Cómo se diagnostica la tos ferina?

El diagnóstico correcto de la tos ferina requiere de un examen físico, análisis de sangre y radiografías del área de tráquea y pulmones para poder diagnosticar su presencia y grado de avance.

En muchos casos estos estudios se complementan con cultivos de secreciones nasales o de la mucosidad de la parte trasera de la garganta, para confirmar la presencia de la bacteria Bordetella pertussis.

Los exámenes de sangre o hematología también son muy utilizados para verificar un aumento de la cantidad de glóbulos blancos, señal de que el organismo lucha contra una infección.

¿Cuál es el tratamiento para la tos ferina?

Al ser ocasionado por una bacteria y si la enfermedad se confirma antes de que aparezca la tos, el tratamiento preferido es el uso de antibióticos macrólidos como la eritromicina o la claritromicina. Otros fármacos muy usados son el cotrimoxazol y la azitromicina.

En niños que ya superaron los 2 meses de nacidos un tratamiento alternativo es el uso del antibiótico trimetoprima (TMP)-sulfametoxazol (SXT).

Como principio, la aplicación temprana de los antibióticos permiten erradicar la bacteria antes que se establezca sobre la mucosa que reviste los bronquios, donde se multiplica y provoca daños en los mecanismos de autolimpieza de los pulmones, como los cilios y la mucosa.

Si a pesar de esto la enfermedad se manifiesta, un tratamiento con antibióticos en etapa temprana puede ayudar mucho a que acortar la duración de la misma, así como su intensidad.

Además se protege de contagio a las personas que conviven con el paciente, pues la bacteria causante de la tos ferina no sale del cuerpo hacia el medio ambiente sino hasta que la enfermedad haya alcanzado unas 3 semanas de haber manifestado sus síntomas más fuertes.

Por el contrario, el uso de antibióticos en etapas avanzadas de la tos ferina no tiene mayor eficacia, pues las bacterias habrán cumplido su ciclo y salido del organismo. Los síntomas que persisten en esta etapa se deben a los daños que la Bordetella pertussis ya dejó en el cuerpo del paciente.

Los casos graves o en bebés pueden requerir hospitalización y cuidados especiales para salvar la vida del paciente.

Para quienes reciben tratamiento en su hogar, recetado por el médico especialista, es importante cumplirlo al pie de la letra y abstenerse de usar fármacos para la tos común, como jarabes expectorantes, jarabes para la tos y medicamentos antitusígenos.

Como norma es importante mantener el ambiente alrededor del paciente lo más limpio posible y libre de polvo, vapores y humos que puedan exacerbar los ataques de tos.

El uso de humidificadores de vapor frío es recomendado para aflojar la flema o mucosidad acumulada en las vías respiratorias y aliviar la intensidad de los ataques de tos, mejorar la respiración y minimizar la presencia de vómitos.

También es importante una buena hidratación y alimentación del paciente, sobre todo si es un niño. Esta hidratación debe incluir no solo agua potable de fuente garantizada, sino también jugos naturales de frutas y sopas.

La hidratación es urgente si el paciente muestra síntomas como boca seca, sed continua, reducción de la frecuencia con la que evacua la vejiga, dolor de cabeza, mareos o ausencia de lágrimas al llorar.

En cuanto a los alimentos, deben administrarse en pequeñas cantidades cada pocas horas para evitar llenar mucho el estómago y que se presenten ganas de vomitar durante un ataque de tos.

En casos complicados donde el paciente infantil no puede respirar bien por el exceso de mucosidad en sus vías aéreas puede requerirse un procedimiento para succionarlas, que se realiza en el hospital. Además se le suministrará oxigeno e hidratación por vía intravenosa, de ser necesario.

¿Cómo se previene la tos ferina?

Hasta el presente el método preventivo más eficiente contra la tos ferina es la vacunación de adultos, adolescentes y niños y bebés.

En países como Estados Unidos, Latinoamérica y otros que cumplen las normativas de inmunización dictadas por la Organización Mundial de la Salud, la vacuna más usada en bebés y niños pequeños es la DtaP. Esta tiene una acción inmunizadora contra tres enfermedades, como son la difteria, el tétanos y la tos ferina y la OMS recomienda que se apliquen en los bebés a los 2 meses de nacidos, con refuerzos a los 4 y 6 meses. Un nuevo refuerzo es indicado entre los 15 y 18 meses de edad y posteriormente cuando el niño tenga entre 4 y 6 años.

Debido a que se ha notado la disminución de la capacidad inmunizadora de algunas vacunas con el paso del tiempo, se creó la vacuna Tdap, que sirve de refuerzo a la vacuna DtaP y se aplica en el grupo poblacional conformado por preadolescentes, adolescentes y adultos.

El tratamiento contra la tos ferina también implica la aplicación de normas de higiene básicas, similares a las usadas en cualquier otra enfermedad infecciosa de las vías aéreas.

Esto incluye evitar el contacto con los fluidos expulsados por los enfermos durante los ataques de tos, cubrirse la boca y la nariz con un pañuelo desechable al toser o estornudar y lavarse las manos con agua y jabón o usar un desinfectante de manos con base alcoholada con regularidad.

Además se debe erradicar la costumbre de usar las manos como pañuelo, en ausencia de este, pues si no se lavan adecuadamente y a cabalidad de manera inmediata se convierten en un foco de propagación de la bacteria al tocar a cualquier otra persona.

Es de destacar que quienes sufrieron tos ferina en el pasado suelen desarrollar una inmunidad natural contra nuevas infecciones de la misma cepa de la Bordetella pertussis.

Esto se debe a que su sistema inmunológico produjo durante la enfermedad los anticuerpos específicos contra este patógeno y reaccionará de inmediato si vuelve a detectar su presencia en el organismo.

Según algunos estudios, esta inmunidad natural puede tener una duración de entre 4 a 20 años, según las condiciones generales de salud de la persona, edad y estado de su sistema inmunológico.

ADVERTENCIA: Este artículo no debe considerarse como un equivalente de una consulta médica profesional. Consulte a su médico de confianza ante cualquier duda sobre este u otro tema relacionado con su salud.