Sencilla máscara facial casera hecha con miel y leche

Escrito por Kristin Clark
La miel no sólo es buena para comer, sino que también lo es para tu cara.
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Te despiertas con una fea espinilla o con piel gris y seca, pero no hay tiempo de ir a la farmacia. Puede que tengas algunas soluciones rápidas en casa. Consigue miel (y no nos referimos a tu pareja) de tu alacena y leche del refrigerador para hacer una máscara casera.

¿Por qué al natural?

Parece que todo es orgánico hoy en día, desde la comida a los productos de belleza. Tu cara es la primera cosa que los demás notan sobre ti. Todos hemos escuchado el dicho "pon tu mejor pie por delante". En la sociedad de hoy en día el dicho debería ser: "pon tu mejor cara por delante". Los ingredientes naturales son mucho mejor para tu piel, menos agresivos y más gentiles.

¿Por qué miel y leche?

La leche no sólo es buena para los huesos fuertes, sino también para una cara suave.
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Las máscaras de miel y leche son perfectas para las pieles secas o sensibles, porque sanan, calman, suavizan y humectan tu piel. Estas máscaras han sido usadas por miles de años, antes de que hubiera farmacias nuestros ancestros tomaban estos asuntos en sus propias manos. La miel limpia, pero también actúa como un humectante natural, lo que significa que atrae humedad y la mantiene donde pertenece: bajo tu piel. La leche calma y también limpia.

¡A cocinar!

Limpia tu cara cada día.
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Necesitas una cucharada de miel y una de leche entera. Mide la miel y ponla en un pocillo. Calienta la miel en el microondas por 15 segundos. Querrás que esté tibia y un poco líquida, pero no tan caliente como para que vaya a quemar tu hermoso rostro. Mezcla la leche con la miel hasta tener una sustancia homogénea.

Ponte y sácate la máscara

Una cara limpia y fresca te dará un brillo instantáneo.
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Ahora es tiempo de ponerte la máscara en la cara. Usando las puntas de tus dedos, masajea la máscara de miel y leche en tu rostro en un movimiento circular. Esto despertará a tu piel casnada. Deja la máscara por cinco minutos. Luego lávala con agua fría y seca tu piel con un paño seco a palmaditas. Tu cara debería verse como nueva y dulce como la miel.