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Mononucleosis: síntomas y tratamiento

Escrito por Luis Malavé | Fecha actualizada March 10, 2018

La mononucleosis infecciosa es una infección causada, por lo general, por el virus de Epstein-Barr (VEB), también denominado virus del herpes humano 4 y el cual pertenece a la familia de los virus del herpes.

Es además uno de los virus más comunes en los seres humanos y se encuentra diseminado prácticamente en todos los países del mundo.

La denominación de esta enfermedad fue acuñada en el año 1920 por el investigador Emil Pfeiffer, quien estudiaba un grupo de seis pacientes que compartían síntomas de fiebre, inflamación de ganglios linfáticos en la garganta, linfocitosis y cansancio.

En el año 1968 los esposos Werner y Gertrude Henle determinaron a través de pruebas definitivas que el causante de la mononucleosis es el virus de Epstein-Barr.

Algunos casos menos comunes de mononucleosis son provocados por la acción del citomegalovirus (CMV) y en un número mucho más reducido de casos, que se acerca apenas al 1 por ciento, el agente causante es un parásito denominado Toxoplasma gondii. Este parásito, una especie de protozoo, es causante de la enfermedad conocida como toxoplasmosis y es muy común en los gatos y algunos animales domésticos.

Otro grupo de casos pueden ser provocados también por la bacteria Salmonella typhi.

La mononucleosis se contagia a través de la saliva y por eso es muy conocido como la enfermedad del beso, afectando en mayor número a adolescentes y adultos menores de 30 años. Sin embargo, muchos estudios han determinado que la gran mayoría de personas que sufren esta enfermedad se contagiaron con el virus en su niñez. Otra forma de propagación es a través de transfusiones de sangre o a través del semen durante el coito o sexo oral. También se puede contagiar durante el transplante de órganos de un paciente que es portador del virus.

En el caso de los niños, pueden contagiarse del virus al introducir a su boca o manipular juguetes y otros objetos usados por niños portadores del VEB.

Al entrar en el organismo, el virus de la mononucleosis se vuelve latente y permanece inactivo incluso por varios años, pero no por esto deja de tener la capacidad para infectar a otras personas en cualquier momento, pues puede reactivarse y manifestar síntomas de diferente intensidad en personas cuyo sistema inmunológico sufre una debilidad temporal o permanente por la presencia de otras enfermedades, estrés o por la acción de fármacos que tienen efectos secundarios sobre las defensas de la persona, como los inmunosupresores y algunos antibióticos para infecciones de la garganta.

Se considera que es una dolencia que no suele generar problemas serios que pongan en peligro la vida de la persona, pero hay estudios que la vinculan con una mayor posibilidad de desarrollar neoplasias como el linfoma de Burkitt africano, el carcinoma de nasofaringe indiferenciado y enfermedades linfoproliferativas.

Otros estudios indican que tiene influencia también en la aparición de la enfermedad de Hodgkin y se investiga si tiene papel como cofactor de la patogénesis del cáncer de cuello uterino.

A nivel clínico, se considera que es una dolencia de difícil diagnóstico porque sus síntomas se asemejan al de muchos otros virus que afectan al ser humano, pero el método más seguro para detectar si alguien tiene o tuvo mononucleosis es a través de un examen de sangre que permite verificar la presencia de los anticuerpos correspondientes al virus de Epstein-Barr.

¿Cuáles son los síntomas de la mononucleosis?

Los síntomas de una infección de mononucleosis suelen aparecer de manera lenta y progresiva en un lapso de 4 a 10 días después del contagio. El primer síntoma es la aparición de un cuadro de fiebre recurrente de diferente intensidad.

Los ganglios linfáticos del cuello y de las axilas pueden inflamarse y hacerse notables al tacto externo y generan dolor al paciente.

Las amígdalas se inflaman y puede aparecer una mucosidad espesa de color blanco amarillento. También se presenta dolor en la garganta por un cuadro de faringitis, que puede ir acompañado de la secreción de pus o la aparición de úlceras en su membrana interna.

Otros síntomas pueden incluir fatiga corporal, inflamación del hígado y baso, así como la aparición de una erupción o salpullido de tono rosado en la piel, que puede asemejar la provocada por el sarampión, especialmente en niños pequeños.

Con frecuencia se presentan escalofríos, sudoración excesiva y dolores intensos de cabeza, así como en las articulaciones y músculos.

Algunos pacientes presentan problemas para dormir o por el contrario, somnolencia durante las horas del día.

También hay un conjunto de síntomas menos frecuentes que pueden aparecer en ciertos individuos tanto niños como adultos.

Estos incluyen dolor en el área toráxica, tos y rigidez en los músculos del cuello, ritmo cardíaco acelerado, sensibilidad a la luz fuerte y dificultad para respirar.

En ciertas personas puede aparecer un cambio en el tono de la piel y la esclerótica de los ojos, que se tornan amarillentos. Esta condición es denominada ictericia, y está relacionada con la posible inflamación del hígado y bazo.

¿Cómo puede diagnosticarse la presencia de mononucleosis?

Para determinar la presencia de la enfermedad el médico tratante realizará varias pruebas físicas y de sangre. Esto incluye una revisión al tacto del cuello anterior y posterior de la persona para detectar si hay o no inflamación de los ganglios linfáticos.

También verificará el estado de las amígdalas, buscando cualquier señal de que una secreción poco común en ellas y las superficies contiguas.

Un examen abdominal revelará si el hígado o bazo presentan algún nivel de inflamación que pueda ser señal de la mononucleosis.

También se revisará el estado general de la piel, presencia de erupciones o salpullidos o cambios en el color de la misma y de la esclerótica de los ojos.

En cuanto a los exámenes de laboratorio, la forma más utilizada es hacer un conteo de glóbulos blancos, que en caso de estar por encima del promedio normal de una persona sana indicarían la presencia de una infección en el cuerpo. A esto se suman dos pruebas muy específicas para la mononucleosis, como son la prueba de anticuerpos heterófilos y el título de anticuerpos.

La prueba de anticuerpos heterófilos determinará directamente la presencia de mononucleosis en el organismo al detectar en la sangre los anticuerpos generados específicamente para luchar contra la enfermedad.

Por su parte, el título de anticuerpos permitirá saber si la persona sufrió una infección en el pasado y diferenciarla de un brote actual.

¿Cuál es el tratamiento disponible para la mononucleosis?

Debido a que el agente causante es un virus, no hay un medicamento específico que pueda destruirlo como ocurre en el caso de bacterias o parásitos.

Los médicos elaboran un tratamiento a base de fármacos que buscan reducir la intensidad de los síntomas, incluyendo analgésicos para el dolor y antipiréticos contra la fiebre como el paracetamol y el ibuprofeno, además de recetar abundante hidratación y el mayor descanso posible.

Los especialistas desaconsejan el uso de corticoesteroides con excepción de casos donde las amígdalas y el tejido linfoide de la parte superior del tracto respiratorio presenten una fuerte inflamación que comprometa el paso de aire hacia los pulmones.

Las amígdalas y las adenoides tienen la función de eliminar infecciones y nivelar fluidos corporales en esta zona, atrapando los gérmenes que ingresan por nariz y boca, por lo que suelen ser afectadas en las primeras etapas de la mononucleosis.

También se recetan gárgaras de sal disuelta en agua tibia para aliviar el malestar de la garganta.

En los casos donde la persona presente inflamación del bazo se desaconseja la práctica de cualquier deporte que implique un fuerte contacto físico, para evitar golpes que puedan ocasionar la ruptura de este órgano o una lesión grave en la zona del hígado.

En general se considera que los síntomas mejoran notablemente en un lapso entre 2 a 4 semanas, aunque la sensación de cansancio corporal puede perdurar mucho más tiempo.

Es de destacar que aún cuando la mayoría de los casos de mononucleosis se origina en un virus de la familia del herpes, los medicamentos que tienen eficacia contra otras formas de esta enfermedad no han demostrado tener ningún efecto para reducir la acción del mismo.

Por esa razón no se recetan fármacos como antivirales como el aciclovir y otros usados para las demás variedades de herpes, como es el caso del herpes oral y el herpes genital.

¿Cómo puedo prevenir adquirir una infección de mononucleosis?

La mejor forma de prevenir el contagio de mononucleosis es a través de la aplicación de medidas de higiene estrictas, que incluyan el evitar besarse con personas poco conocidas o sospechosas de estar enfermas, tener malos hábitos de higiene o que directamente se sepa que sufren de esta infección.

También se debe mantener el cuerpo bien hidratado y no compartir alimentos o utensilios de higiene personal, incluyendo cepillos de dientes, pañuelos y otros artículos similares con quienes ya tengan mononucleosis.

El dormir suficientes horas en la noche y evitar el estrés, así como una alimentación rica en hortalizas y frutas ayuda notablemente a reforzar el sistema inmunológico y por lo tanto, la capacidad del cuerpo para atacar el virus causante de la mononucleosis al ingresar el organismo.

ADVERTENCIA: Este artículo no debe considerarse como un equivalente de una consulta médica profesional. Consulte a su médico de confianza ante cualquier duda sobre este u otro tema relacionado con su salud.