Historia de los juegos paralímpicos

Escrito por Belia Durazno
El sudafricano Oscar Pistorius, o
Michael Steele/Getty Images Sport/Getty Images

Aunque los inicios de los Juegos Paralímpicos se remontan a la Segunda Guerra Mundial, su primer edición oficial tuvo lugar hace poco más de 50 años. A pesar de su breve historia, los Juegos Paralímpicos han crecido exponencialmente en convocatoria y difusión: se esperan 4,200 atletas y millones de espectadores para Londres 2012.

“En Inglaterra, el 42% de la sociedad con alguna discapacidad no cree que los Juegos Paralímpicos cambien la percepción de la gente sobre ellos”.

Investigación realizada por la Fundación Scope

Origen y espina dorsal

Jeremy Lade de los Estados Unidos intercepta a Jonathan Pollock y Daniel Highcock de Gran Bretaña para anotar un punto.
Michael Steele/Getty Images Sport/Getty Images

En 1948 el neurólogo alemán Sir Ludwig Guttman, ocho años después de iniciadas labores en el Hospital Stoke Mandeville en Inglaterra, promovió la organización de una justa deportiva entre veteranos de guerra con lesiones en la espina dorsal.

El modesto evento fue tan sólo una competencia de arco y flecha entre pacientes de dos hospitales y ocurrió a unos cuantos kilómetros de Londres, al mismo tiempo que se llevaban a cabo los Juegos Olímpicos --los primeros en organizarse después de la Segunda Guerra Mundial.

Guttman dio en el blanco. La coincidencia de fechas salpicó a los medios locales que cubrieron su iniciativa. Incluso, la prestigiada revista Time le otorgó un generoso espacio.

Cuatro años más tarde, en 1952, veteranos holandeses viajaron a Inglaterra para participar en lo que Guttman bautizó como los Primeros Juegos en Sillas de Ruedas. Con el objetivo de ofrecer un programa más robusto, se ofrecieron nuevas disciplinas que pudieran ser maniobradas por los participantes, como por ejemplo: dardos, boliche, billar, baloncesto y punchball --un juego parecido al béisbol pero sin lanzador ni receptor, y con un bate más grande del convencional. El polo sobre silla de ruedas fue eliminado por el alto nivel de peligrosidad que significaba su práctica.

Fue hasta 1960 cuando los primeros juegos paralímpicos oficiales tuvieron lugar, teniendo Roma como sede. Participaron 400 atletas de 23 países y se repartieron 268 medallas. Sólo un país latinoamericano, Argentina, viajó a la justa. Como punto de comparación, en las olimpiadas regulares celebradas en la misma ciudad participaron 83 países y 5,338 atletas.

Las justas siguientes a Roma constataron irregularidades en los países organizadores. México declinó ser sede en 1968 por problemas técnicos (se trasladaron a Tel Aviv), Munich ’72 sufrió una situación semejante (para quedarse luego en Heidelberg, Alemania) y Toronto ’76 fue anfitriona después de que Montreal se hiciera a un lado.

Transcurrieron siete ediciones con el nombre “Juegos Internacionales para Parapléjicos”, y tardaría 28 años para que el nombre de “Juegos Paralímpicos” se acuñara como el nombre oficial de los juegos. El prefijo “para” viene del griego “A un lado de” adoptado en Seúl ’88 cuando se consideró a aquellos atletas que no necesariamente tienen un problema motor, sino también de vista o intelectual.

A partir de Seúl, se convino que los Juegos Paralímpicos se celebren siempre al finalizar las olimpiadas regulares y que incluya seis categorías según su discapacidad: amputaciones, parálisis cerebral, visión débil, lesiones en la espina dorsal, baja capacidad intelectual y grupos conocidos como "les autres" ("los otros" en francés), cuyas características no embonan en los rangos anteriores.

Política y polémica

Rochelle Woods de Gran Bretaña cruzando la línea final en el torneo Visa London Disability Athletics Challenge de Londres.
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Dada su juventud y sus características, los paralímpicos todavía levantan una ceja de juicio en cuanto a las referencias políticamente correctas para distinguir el evento y a sus atletas.

Tim Fischer, alcalde de la Villa Paralímpica en Sídney 2000, se refirió a los participantes como “Bravehearts” (Corazones Valientes). Jim O’Briend, jefe ejecutivo de Wheelchair Sports (programa para la difusión de juegos en sillas de ruedas) replicó que muchos de los paralímpicos habían nacido con estas condiciones y no necesariamente se consideraban o decidieron ser “braveharts”. Ese era su estilo de vida y ellos, dijo, no buscaban la simpatía de la comunidad sino su reconocimiento.

Las jerarquías también han sido blanco de críticas pues los exámenes de selección para resolver qué atleta encaja con tal o cual discapacidad son imprecisas para determinar las habilidades de los participantes. El caso más desafortunado sucedió en Sídney 2000 cuando se reveló que el equipo de baloncesto de España con un coeficiente intelectual bajo (de 75 o menos) había incluido en su equipo a atletas con un coeficiente intelectual normal (de 90 a 110). Los españoles se alzaron injustamente con el oro, por lo que el Comité Paralímpico Internacional les retiró la presea y suspendió para Atenas 2004 la intervención de deportistas con coeficiente intelectual bajo en todas las disciplinas.

Otro tema de debate está relacionado con la tecnología que se utiliza. Los organizadores de estos juegos lamentan el interés de los medios de comunicación en subrayar los avances de las sillas de ruedas (instrumentos protagónicos en la mayoría de las disciplinas con costos de hasta 10 mil dólares), dándole mayor importancia que al atleta en sí.

La preocupación de que los Juegos Paralímpicos coincidan con la exaltación a la maquinaria que se le da, por ejemplo, a la Fórmula 1, está sustentada en la difusión de fotografías donde el cuadro se concentra en la silla y no en quien la maniobra. En el 2008 la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo convino la revisión de tecnología para que un atleta no tuviera ventajas sobre otro.

De Sídney a Londres

El evento regresa a su país de origen.
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A finales del siglo pasado la ciudad de Sídney era la menos favorita para ser la anfitriona de los juegos del milenio. Sin embargo, la ciudad australiana demostró estar en plenas condiciones para inaugurar las primeras Olimpiadas del milenio y entendieron el valor e importancia de los Juegos Paralímpicos.

Clave de su éxito en los paralímpicos fue mantener el impulso después de terminadas las olimpiadas. Conservaron el foco de los medios de comunicación y alcanzaron otro importante objetivo del evento: destacar a la ciudad como un espacio amigable para quienes tienen alguna discapacidad --ya sea el acceso a edificios como el tránsito en las calles.

En aquella ocasión se repartieron 550 medallas de oro, contra las 300 que se dieron en los juegos anteriores de Atlanta ’96. Se le dio más acceso a las atletas mujeres (21 disciplinas para hombres, 18 para mujeres; en Seúl la relación fue de 18 a 13). Además, mientras que en Seúl y Barcelona ’92 la entrada fue gratuita, a partir de Atlanta ’96 se empezaron a vender boletos para ver los juegos. En Sídney se vendieron más de un millón de boletos --tres veces más que en los paralímpicos anteriores y doscientos mil más que en Atenas cuatro años más tarde.

En Londres, de alguna manera las paralimpiadas vuelven a la tierra que los vio nacer. 64 años después de la reta de arco en Stoke Mandeville, en la edición del 2012 se espera la participación de 4,200 atletas provenientes de 160 países y se repartirán 499 medallas.

Futuro

Un retorno que no se olvida

El húngaro Pal Szekeres ganó medalla de bronce en esgrima en Seúl 88. En 1991 sufrió un accidente en autobús que lo dejó inhabilitado de las piernas. Regresó en silla de ruedas a Barcelona, Atlanta y Sydney para ganar en total tres medallas de oro y una de bronce.