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Hepatitis: síntomas y tratamiento

Escrito por Luis Malavé | Fecha actualizada March 12, 2018

El término hepatitis se utiliza para describir la inflamación del hígado, responsable del almacenamiento y procesamiento de numerosas sustancias nutritivas absorbidas por el sistema digestivo, necesarias para el buen funcionamiento y crecimiento de músculos, huesos y demás estructuras del cuerpo.

En el ser humano, es también el órgano de mayor tamaño, con un peso promedio de 1,9 kilogramos en la mayoría de personas adultas. Se ubica debajo del diafragma, en la zona media derecha del tórax.

La principal causa de hepatitis es la acción de un virus, palabra originaria del latín que se deriva del término griego para toxina o veneno. Son sumamente pequeños y para reproducirse deben infectar las células de otros organismos reemplazando parte del contenido genético de estas para que al dividirse formen nuevos virus.

La lista de causas de hepatitis incluye en menor número otras condiciones, como la acción destructiva del consumo de alcohol y drogas por largo período de tiempo o la acción de una enfermedad auto inmunitaria.

También trastornos hereditarios como la fibrosis quística o la enfermedad de Wilson pueden provocar la inflamación del hígado.

Otros casos pueden originarse en traumas o lesiones que interrumpen el flujo de sangre al hígado y provocan daños de distinto tipo en sus estructuras internas.

La inflamación de este órgano puede derivar, según la causa que la ocasionó, en problemas más graves como una cicatrización o fibrosis del tejido hepático o la aparición de un cáncer de hígado.

Hay muchos tipos de virus que pueden provocar hepatitis pero la mayoría de casos se limitan a solo 5 de ellos, catalogados con las letras A, B, C, D y E.

La hepatitis A (VHA) es adquirida por vía entérica o fecal-oral, al ingerir alimentos preparados con aguas contaminadas, o estar en contacto con aguas residuales con alta presencia de heces de personas enfermas. También se puede contraer al comer en utensilios lavados con esta agua.

La hepatitis B (VHB) es causada por un virus de ADN que se replica a través de su ADN polimerasa. La forma de transmisión es por vía parenteral y aunque afecta al hígado, puede detectarse en otros órganos.

La hepatitis C (VHC) es provocada por su parte por un virus de RNA que se trasmite por vía parenteral

En cuanto a la hepatitis D (VHD), a esta no la provoca un virus sino un agente infeccioso de las plantas, o viroide, que no posee proteínas ni lípidos y está formado por una cadena de ARN circular.

Se transmite por vía parenteral y es el único en su tipo que puede afectar organismos diferentes a las plantas. Para actuar en el cuerpo, utiliza un mecanismo por el cual esconde su ARN circular en la superficie Ag de la hepatitis B.

La hepatitis E (VHE) es provocada por un virus con RNA lineal y se transmite por vía entérica, es decir, por el consumo de alimentos o bebidas contaminadas. Aunque es aguda, no se hace crónica, pero puede poner en peligro la vida de las mujeres embarazadas.

Diversos estudios apuntan a que la hepatitis E es una especie de zoonosis y se transmite especialmente de los animales al ser humano, con mayor preponderancia en la carne de cerdo.

Esto en parte explica la aparición regular de brotes epidémicos o la presencia endémica de la hepatitis E en varios países de Medio Oriente, Asia, norte de África y América Central.

Es una hepatitis mortal únicamente en mujeres embarazadas. Al igual que la variante A, se transmite por vía enteral, por lo que también se relacionan mucho con la deficiencia de los servicios de potabilización de agua y de manejo de aguas servidas en países en desarrollo y la falta de condiciones de higienes adecuadas en la manipulación de alimentos.

Se considera además que la hepatitis A tiene síntomas menos severos que las otras variantes. La mayoría de pacientes se pueden curar totalmente y hasta adquirir inmunidad contra futuras infecciones. Sin embargo, descuidar esta enfermedad también la puede hacer peligrosa.

Por su parte, las variantes B, C y D de la hepatitis son contagiadas de persona a persona a través de fluidos corporales infectados, lo que puede incluir transfusiones de sangre o derivados sanguíneos contaminados, cirugías con instrumental contaminado o a través de agujas hipodérmicas contaminadas compartidas por personas que consumen drogas.

En el caso específico de la hepatitis B, también se puede transmitir por contacto sexual o de madre a bebé durante el parto. Actualmente está disponible una vacuna eficiente y segura contra este tipo de hepatitis.

En el caso de la hepatitis D, esta solo se presenta en pacientes previamente infectados con la variante B y la acción combinada de ambos virus puede causar daños más graves en el hígado. Algunas vacunas contra la hepatitis B pueden proteger a la persona contra la variante D

Finalmente, el virus de la hepatitis E se reconoce como la mayor causa de la enfermedad en países en desarrollo, aunque sus cifras aumentan cada vez más en Estados Unidos y Europa.

Para esta variante ya existen vacunas altamente eficientes, pero cuya distribución aún no alcanza los niveles requeridos.

¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis?


Cuando la infección se manifiesta de manera aguda aparecen síntomas bien definidos, como el cambio de la coloración de la piel y la esclerótica de los ojos, que adquieren un tono amarillento.

La orina se torna de color amarillo oscuro y se presentan cuadros de náuseas, vómitos, fatiga intensa y dolor en la zona media del abdomen.

En el caso de la hepatitis B los síntomas pueden ser leves, como un resfriado, o estar ausentes totalmente, requiriéndose un examen de sangre para detectarla. Aunque puede mejorar por sí sola en pocos meses, cuando se hace crónica sus efectos pueden acompañar al paciente el resto de su vida y exponerlo a la cirrosis hepática, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.

Generalmente los síntomas de insuficiencia hepática incluyen aparición en la piel de una red de vasos sanguíneos en forma de araña, denominados hemangiomas aracniformes, picazón en todo el cuerpo y formación de moretones ante el más ligero golpe.

Además se pueden presentar problemas de coagulación en heridas pequeñas, que tardan mucho más para formar costra o inflamación permanente del abdomen y de los tobillos.

¿Cuáles tratamientos están disponibles para la hepatitis?

Debido a que cada variante es causada por un organismo patógeno diferente, los tratamientos son muy específicos o pueden no existir aun.

El primer paso es una adecuada revisión médica y exámenes de sangre para determinar la presencia de hepatitis, su tipo y si la persona estuvo anteriormente enferma. Para cada tipo de hepatitis viral hay pruebas sanguíneas específicas que permiten detectar la enfermedad a través de la presencia de anticuerpos contra el virus en el organismo producido por este en su esfuerzo por combatirlo.

También hay pruebas que ubican proteínas o material genético exclusivo de los virus de la hepatitis.

Como regla general, las variantes causadas por virus reciben un tratamiento dirigido a mejorar los síntomas que sufre el paciente, incluyendo soporte e hidratación en casos agudos.

En el caso de la hepatitis crónica que lleva a insuficiencia hepática, solamente se tratarán sus complicaciones secundarias a ésta, como hemorragia digestiva, infecciones, ascitis y otras.

La Hepatitis A disminuye su intensidad y prácticamente se cura en un lapso de pocas semanas, durante las cuales puede ser altamente infecciosa. Sin embargo, al aparecer los primeros síntomas de ictericia o color amarillento en orina, esclerótica de los ojos y piel, la infección se considera que ya están prácticamente en su etapa final.

La Hepatitis B. por su parte no suele recibir tratamiento hasta que avance a un estado crónico, en el que se recetan medicamentos que enlentecen el proceso de multiplicación del virus.

Estos medicamentos pueden ser tanto orales como inyectables. Entre los primeros, los más usados son los basados en tenofovir, adefovir, lamivudina, telbivudina y entecavir.

Los de tipos inyectables más utilizados son los basados en los interferón y peginterferón.

Es importante que desde la infancia más temprana se reciba la vacuna contra la hepatitis B, que consiste en 3 dosis, y protegerá al niño y niña contra esta dolencia en el futuro.

Esta vacuna también se puede aplicar a niños mayores y adultos sanos que no la recibieron en su primera infancia.

En los casos de hepatitis C se cuenta desde hace poco menos de una década fármacos que inhiben la polimerasa y proteasa, con muy buenos resultados para evitar que la enfermedad se convierta en hepatitis crónica.

En casos extremos donde el hígado ha sufrido un daño irreparable y se presenta un cuadro de insuficiencia hepática, puede ser necesario recurrir al trasplante de hígado.

Este tipo de intervención consiste en la extirpación del hígado enfermo del paciente para sustituirlo por un hígado sano o parte de este proveniente de un donante compatible, generalmente un familiar cercano o una persona fallecida en accidente o por otra causa no vinculada a enfermedades infecto-contagiosas, pero que en vida manifestó la voluntad de ser donador de sus órganos.

Esta es una decisión mayor e implica largos meses de espera por un hígado compatible, además de muchos cuidados post-operatorios, pero una vez realizado, la persona recobra gran parte de su salud en muy poco tiempo.

ADVERTENCIA: Este artículo no debe considerarse como un equivalente de una consulta médica profesional. Consulte a su médico de confianza ante cualquier duda sobre este u otro tema relacionado con su salud.