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Esperanza de vida si tienes linfoma

Escrito por Matias Cohen | Fecha actualizada August 16, 2018

El linfoma es un tipo de cáncer que se desarrolla en el sistema linfático. Es uno de los cánceres menos conocidos, aunque su incidencia está en permanente aumento. Alrededor del 75% de los diagnosticados nunca la había escuchado nombrar. No obstante, se diagnostican 360 mil nuevos casos por año y se estima que afecta a más de un millón de personas en el mundo.

Este tipo de cáncer es la quinta causa de muerte por cáncer en el mundo, después del de pulmón, mama, colon y melanoma. Por lo tanto, conocerlo es fundamental no sólo para un diagnóstico temprano, sino para conocer su evolución, tratamientos disponibles y expectativa de vida.

Todo comienza en el sistema linfático

El sistema linfático es una red que forma parte del sistema inmunológico, compuesta de canales o vasos que conectan los ganglios linfáticos. Éstos se distribuyen en grupos por todo el cuerpo: axilas, ingles, cuello, tórax y abdomen, aunque también se encuentra en otros órganos como las amígdalas, tubo digestivo, bazo, timo y médula ósea.

Este sistema juega un rol fundamental en la defensa del organismo frente a las infecciones y, paradójicamente, también frente al cáncer. Se describen dos principales de linfocitos: células B y células T. Las células B son las encargadas de proteger al cuerpo de las bacterias, a través de la creación de anticuerpos.

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¿Cómo se producen los linfomas?

Cuando el sistema linfático genera la producción de modo anómalo o no mueren cuando deberían se pueden acumular en los ganglios linfáticos y formar este tipo de tumor conocido como linfoma.

No se conoce aún una causa que desencadene esta anomalía. No obstante la Asociación Linfomas Argentina revela que recientes investigaciones han comenzado a vislumbrar los mecanismos celulares y moleculares que conducen a la aparición de un linfoma. Algunos estudios lo vinculan a factores ambientales, mientras que otros los relacionan con determinados productos tóxicos, aunque aún no hay evidencia certera de que esto sea así.

Los linfomas se dividen en dos grandes categorías: linfomas de Hodgkin (también conocido como Enfermedad de Hodgkin) y linfomas No Hodgkin, éste último de mayor prevalencia. De cada uno de ellos existe una amplia cantidad de subtipos, según sus características y estadificación (extensión de la enfermedad). Es gracias a esta clasificación que los médicos podrán indicar el mejor tratamiento.

Además, las personas con un déficit inmunitario, tanto congénito como adquirido (VIH, transplantados, etc) presentan un mayor riesgo de padecer algún tipo de linfoma, lo cual se relaciona directamente con los fallos en los sistemas de defensa del organismo.

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El valor del diagnóstico precoz

El diagnóstico prematuro es un gran aliado en cualquier tipo de cáncer, lo cual incluye a los linfomas. Los especialistas de todo el mundo coinciden en que poder diagnosticar de manera temprana los tumores aumenta notablemente la posibilidad de aplicar un tratamiento efectivo para su curación.

No obstante, más de los 80% de los pacientes con algún tipo de linfoma reciben su diagnóstico en estadios avanzados de la enfermedad, debido a que los síntomas suelen ser difusos y fácilmente adjudicados a otro tipo de patologías que no revisten mayor gravedad.

Por lo general, los síntomas que presenta un linfoma, dependiendo de su tipo y localización, suelen ser presencia de un bulto indoloro en el cuello, axila o ingles. Con menor frecuencia se puede experimentar fiebre, sudoración nocturna, descenso de peso sin razón alguna, cansancio y astenia, picor en la piel y manchas cutáneas de coloración rojiza.

Esperanza de vida del linfoma

Cada persona es diferente y cada evolución del cáncer también actúa de manera dispar entre una persona y otra. Por esta razón, no sería éticamente correcto indicar con exactitud cuánto vivirá una persona luego de ser diagnosticada con linfoma.

Del mismo modo, cada tratamiento responde de manera diferente en cada persona. Y es por estos factores que se habla de "tasas de supervivencia".

Éstas sólo brindan una estadística promedio basada en la cantidad de personas con el mismo tipo de cáncer y en la misma etapa, que, luego del diagnóstico y de comenzado el tratamiento, siguen vivas por determinado período de tiempo, cifra que suele ser, por lo general, 5 años. Las tasas de supervivencia ayudan a comprender la gravedad de la enfermedad y la efectividad de los tratamientos en un contexto poblacional.

En el caso del Linfoma No Hodgkin, la tasa de supervivencia a 5 años es del 70%, en tanto que la tasa relativa de supervivencia a 10 años es de 60%. Como se ha visto, estas cifras varían de acuerdo a los diferentes tipos y estadíos del cáncer.

Por su parte, el Linfoma de Hodgkin tiene una tasa de supervivencia a 5 años para las personas con la enfermedad en las etapas 1 y 2 es de aproximadamente 90%, en la etapa 3 es de aproximadamente el 80% mientras que en etapa IV la tasa de supervivencia a 5 años es de aproximadamente el 65%.

Lo concreto es que mientras antes se pueda detectar la presencia de cáncer, más efectivo será el tratamiento y mayores serán las posibilidades de lograr una mayor supervivencia, un mejor calidad de vida y hasta la posibilidad de la curación de la enfermedad.

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Tratamiento del Linfoma

El tratamiento elegido por el médico oncólogo estará determinado por diversos factores, que incluyen: edad del paciente, grado de avance de la enfermedad, localización del linfoma y, por supuesto, la información que el médico le brinde al paciente sobre cada opción para discutir sobre los efectos beneficiosos y adversos de cada uno.

Para el Linfoma No Hodgkin, los tratamientos de elección son:

  • Quimioterapia.
  • Inmunoterapia.
  • Terapia dirigida.
  • Radioterapia.
  • Trasplante de células madre.
  • Cirugía (sólo en casos muy avanzados donde otras terapias ya no resulten efectivas).

En tanto, para el Linfoma de Hodgkin son:

  • Quimioterapia.
  • Radioterapia.
  • Inmunoterapia (incluyendo anticuerpos monoclonales).
  • Quimioterapia de dosis alta y trasplante de células madre.

Vivir con linfoma

Los tratamientos convencionales, como la quimioterapia y la radioterapia, generan una alta toxicidad en el cuerpo. Es importante aclarar que este tratamiento no sólo elimina células cancerígenas, sino que también afecta células normales en continuo crecimiento, lo que provoca indeseados efectos secundarios.

Por lo general, estos efectos suelen ser temporales. Sin embargo, en algunas situaciones, que son las menos frecuentes, es necesario suspender el tratamiento por unos días a raíz de la intensidad de los efectos adversos.

Debido a su alto grado de desconocimiento, es imprescindible realizar controles periódicos al médico y consultarle al especialista ante cualquier anomalía en el estado de salud. Detectado y tratado en estadíos tempranos este tipo de cáncer alcanza una curación del 90%.

ADVERTENCIA: Este artículo no debe considerarse como un equivalente de una consulta médica profesional. Consulte a su médico de confianza ante cualquier duda sobre este u otro tema relacionado con su salud.