Diez trucos mentales para evitar el dolor

Escrito por Celina Abud
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A través de tus pensamientos, puedes ayudar a calmar el mal que te aqueja. Solo basta que te relajes y que no te centres en el malestar, ya que la ansiedad es mala compañera. Existen diversas estrategias para estar mejor sin acudir a los remedios como la respiración, la hipnosis o tan sólo leer un buen libro. Es cuestión estar predispuesto, tener un poco de paciencia y tomarte unos minutos. ¡Anímate!

Disfruta de un buen libro

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Leer, además de ser una actividad placentera, también requiere de concentración, y está científicamente comprobado que no centrar los pensamientos en el malestar, alivia. Si eliges una historia entretenida, es poco el esfuerzo por hacer comparado con los beneficios. Mantenerte en foco te ayudará a abstraerte de las molestias que te aquejan, podrás viajar hacia otras realidades y dejar fluir tus emociones. Si los personajes te arrancan una sonrisa, te sentirás mucho mejor. Pero si no eres fanático de los libros, elige una buena película, siempre y cuando logre atraparte.

Amígate con la sensación

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Desear que el dolor se vaya lo antes posible genera ansiedad, angustia y también más sufrimiento. Para evitar esa “bola de nieve” la propuesta es aceptarlo y agradecer a la zona del cuerpo afectada todas las funciones que cumplió sin ninguna molestia. Recuerda que el cuerpo habla y si por ejemplo te duele la espalda, es probable que necesites desplegar las alas o que estés cargando una gran mochila. Por eso, cambia el enfoque y pregúntale al área afectada qué necesita en lugar de centrarte en lo que necesitas tú.

Mantén pensamientos positivos

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Centrarse en el sufrimiento no ayuda y mantenerse en la queja, tampoco. Por eso, cuando sientas malestar, piensa en todo lo bueno que puedes hacer por ti, como rodearte de personas con actitud positiva, conservar el sentido del humor así como también cuidar tu alimentación y empezar a realizar ejercicio físico progresivo. Imagina un plan para que logres mejoras de forma integral, pero hazlo con alegría, sin exigencias recargadas y con objetivos reales a corto plazo para evitar la frustración.

Dale una puntuación a tu dolor

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Cuando una parte del cuerpo nos molesta, solemos manifestarnos con gritos y quejas. Pero si lo pensamos dos veces, el malestar en sí mismo puede hasta no merecer tanta atención de nuestra parte. Para evitar la autocomplacencia, califica tu nivel de dolor en una escala del 1 al 10. Si al malestar le corresponde un simple 4, no te focalices tanto en él y sigue, siempre a tu ritmo, con tus actividades cotidianas. Y no olvides que si sumas a la dolencia pensamientos negativos, ese 4 puede sentirse como un 8.

Conéctate con tus cinco sentidos

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Recuerda un momento de alegría relacionado con alguna sensación. Un lindo paisaje que hayas visitado en un momento de tu vida; el aroma de un pastel de la niñez; el sabor de las comidas caseras; la suavidad de una caricia; el canto de los pájaros. Todo vale para poner la vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oído a tu favor y así, a través de la mente, alejarte de la dolencia. Recuerda que estas visualizaciones son muy utilizadas para sentir cierto alivio.

Rétalo a ver quién gana

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Si eres una persona competitiva, esta técnica puede servirte. Piensa que una molestia no te puede vencer y desafíala al emplear al máximo tu creatividad. Esta consigna ayudará a que se te ocurran distintas ideas, como por ejemplo aliviar el área afectada con calor o frío, practicar disciplinas como el yoga o educar tu cuerpo para encontrar la postura indicada que no te genere más molestias. Para lograr tu objetivo, recuerda que después de mucho sufrimiento, llega el alivio. Y piensa que ese estado que anhelas, depende de tu voluntad. Suerte.

Acuérdate que el dolor no te define

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Muchas veces las dolencias, en especial las crónicas, pueden repercutir en tu autoestima. No debes dejar que eso pase. ¿Cómo? La clave es más fácil de lo que se piensa. Nunca olvides que el malestar es una condición y no una característica de tu persona, como puede ser el sentido del humor, el talento para las artes o la capacidad de trabajo. Ten presente que eres una persona extraordinaria que está pasando por una situación difícil y que tarde o temprano, te sentirás mejor.

Respira y medita

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Está científicamente comprobado que el punto de umbral de la dolencia puede ser modificado con las distracciones, y las técnicas de meditación son efectivas para lograr ese fin. Por otra parte, se sabe que muchos de los padecimientos suelen ser causados o intensificados por el estrés. Por eso, una respiración controlada y a conciencia ayudará a reducir el nivel de ansiedad. Para airearte en profundidad acuéstate; inhala mientras cuentas hasta 5; retén el aire por unos segundos y después exhala por la boca a la cuenta de 10.

Sé consciente de tu cuerpo

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Con la ansiedad que el dolor genera, los músculos se contraen y así se produce una reacción en cadena donde el sufrimiento inicial se intensifica y además aparecen nuevas molestias, como contracturas. Por eso debes identificar el área donde el padecimiento se origina y dejar el resto del cuerpo al margen. Para lograrlo, recuéstate en el piso con las palmas hacia arriba. En esa posición te mantendrás relajado. Pon la mente en blanco y concéntrate en cada músculo y cada órgano. Tómate tu tiempo para dejar que los músculos se fundan con el piso y respira para lograr un “masaje visceral”.

Anímate a la hipnosis

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Los beneficios de esta práctica ya fueron comprobados por el neurocirujano escocés James Braid en 1840, cuando la empleaba como anestesia antes de que existiera la opción química. A pesar de que es criticada, no prejuzgues esta técnica ni te asustes, ya que sólo se trata de una visualización guiada por un especialista. La hipnosis por sí sola no cura, pero intensifica y complementa el abordaje realizado por el médico o por el psicólogo. Se basa en que, a través de la sugestión, se logra “engañar al cerebro” con muy buenos resultados.