Diez teorías de Sigmund Freud

Escrito por Mercedes Rivero
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Aunque vivió entre 1856 y 1939, su nombre es invocado actualmente cada vez que alguien se refiere a la salud mental. Sus aportes a la psicología probablemente serán eternos y no hace falta ser un especialista para relacionar a Sigmund Freud con el psicoanálisis. Sus teorías suenan hoy en conversaciones académicas pero también domésticas: no es raro escuchar en situaciones cotidianas frases y palabras como Complejo de Edipo, pulsión de vida, pulsión de muerte, inconsciente, mecanismos de defensa y libido, entre otras. La inserción de estos conceptos en el lenguaje cotidiano es obra también de este austriaco al que muchos llaman “el padre del psicoanálisis”.

Complejo de Edipo

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Según la mitología griega, Edipo es el rey de Tebas, hijo de Layo y Yocasta, que mató, aunque sin saberlo, a su padre y desposó a su madre. Freud se inspiró en esta tragedia para describir la tendencia amorosa de los hijos varones hacia la madre y los celos hacia el padre; así como la tendencia de las hijas mujeres hacia el amor paterno y los celos hacia la madre. Esto se da entre los 3 y los 5 años y se revive en la pubertad. Esta etapa se supera, según Freud, cuando el hijo o la hija renuncia a la madre o el padre, respectivamente. Tal complejo tiene vital importancia en la posterior elección sexual del niño.

El Ello, el Yo y el Superyo

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Ello, Yo y Superyo fueron conceptos cotidianos para Sigmund Freud. El Ello, según Freud, es el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Se trata de esa parte primitiva, innata, cuyo objetivo es preservar el principio de placer, es decir, atender inmediatamente las necesidades relacionadas con hambre, sed e incluso lo sexual. El Yo es la parte de la personalidad que se organiza a raíz de la influencia del ambiente, responde al principio de la realidad y Freud lo calificó como un sistema de funciones psíquicas. Por último, el Superyo nace de la cultura. Es la parte que contrarresta al ello, y tiene que ver con los pensamientos morales y éticos.

Inconsciente

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Éste quizás sea el hijo pródigo de Freud, su teoría más conocida, la más popular y trascendente. El padre del psicoanálisis define al inconsciente como una instancia a la cual la conciencia no tiene acceso y que se hace presente a través de sueños, lapsus, chistes, actos fallidos y síntomas. En el inconsciente se hallan los deseos, los instintos y los recuerdos que las personas reprimen, principalmente como consecuencia de sus propias valoraciones morales. Solo puede ser conocido cuando ya no es inconsciente: de esto mismo se ocupa el psicoanálisis, transformándose en una suerte de traductor mental.

Libido

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Desde una concepción biológica, la libido es un instinto sexual. Ahora bien, no era Freud un especialista de la biología. Entonces, desde su visión psicoanalítica, la libido tiene aspectos orgánicos, químicos y psíquicos. “Hay que entender a la libido como un concepto cuantitativo que permite medir los procesos y la excitación sexual y además de tener un carácter cualitativo que se relaciona con la energía del alma o de procesos anímicos”, dijo el padre del psicoanálisis. Así, puede entenderse este concepto como el instinto sexual y, a la vez, como la energía amorosa de la psiquis.

Interpretación de los sueños

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Freud puso en escena un tema que intrigaba y aún intriga a gran cantidad de gente: los sueños. Descubrir el significado de estos e indagar detrás de lo que parece evidente fue su gran logro dentro de la interpretación. Así, sostuvo que es en los sueños donde se comunica todo aquello que la mente consciente no puede. De manera simbólica, diferentes situaciones y sentimientos aparecen en ellos: los sueños son la forma en que salen a la luz los deseos reprimidos del sujeto.

Pulsión de vida y pulsión de muerte

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Según Freud, todas las conductas humanas están determinadas por pulsiones. Las mismas se denominan representaciones neurológicas de las necesidades físicas. La pulsión de vida tiene que ver con perpetuar la vida de la persona pero también de la especie y se hace concreta satisfaciendo el hambre, la sed y el sexo. La pulsión de muerte, en cambio, guarda relación con la hipótesis donde Sigmund Freud sostiene que todo sujeto tiene una necesidad inconsciente de morir. Las adicciones, las tendencias suicidas, ciertas actitudes destructivas y otros conflictos tienen que ver con esta segunda pulsión.

Neurosis

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Entre 1892 y 1899 Freud se dedicó varias publicaciones a las psiconeurosis. La clasificación que realizó por aquellos días ya quedó en desuso y distinguía: neurosis de angustia, neurosis fóbicas, neurosis obsesivo-compulsivas, neurosis depresivas, neurosis neurasténicas, neurosis de despersonalización, neurosis hipocondríacas y neurosis histéricas. “Los neuróticos son aquella clase de seres humanos que en virtud de una organización refractaria sólo han conseguido, bajo el influjo de los reclamos culturales, una sofocación aparente y en progresivo fracaso de sus pulsiones y que por eso sólo con un gran gasto de fuerzas, con un empobrecimiento interior, pueden costear su trabajo de colaboración en las obras de la cultura, o aun de tiempo en tiempo se ven precisados a suspenderlo en calidad de enfermos”, sentenció.

Estadíos psicosexuales

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Uno de los aportes más vigentes de Freud responde a los estadíos psicosexuales, determinados por el placer experimentado en distintas etapas de la vida. La etapa oral va desde el nacimiento hasta alrededor de los 18 meses y tiene su foco del placer en la boca. La etapa anal se da entre los 18 meses y los 3 o 4 años de edad. Aquí el foco de placer es el ano. La etapa fálica comprende el período que va de los 3 o 4 años hasta los 5, 6 o 7 y su foco de placer está en los genitales. La etapa de latencia dura de los 5, 6 o 7 años hasta la pubertad, aproximadamente hasta los 12 años. Freud asegura que aquí la pulsión sexual se suprime en pos del aprendizaje. Por último, la etapa genital que comienza en la pubertad, simboliza el renacimiento de la pulsión sexual en la adolescencia, con eje en las relaciones sexuales.

Mecanismos de defensa

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Existen cierto tipo de estrategias inconscientes que el sujeto desarrolla para defenderse a sí mismo. Freud los llamó mecanismos de defensa y se basan en el bloqueo inconsciente de los impulsos, para volverlos menos amenazantes y seguir manteniendo la autoimagen. Su objetivo, aunque suene paradójico, es proteger el sujeto de sí mismo. La persona se defiende de lo que, al menos en ese momento, no puede afrontar. Entre los varios mecanismos de defensa categorizados por Freud figuran la negación, la proyección, la disociación y la represión, entre otros.

Represión

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La represión es uno de los mecanismos de defensa descritos por Sigmund Freud. Se trata de la imposibilidad de acordarse de una situación, una persona o un evento determinado que resultó estresante para el sujeto. Así, la persona los mantiene en el inconsciente a modo de protección para sí misma. Si bien puede quedar guardado allí por un tiempo, "lo reprimido se sintomatiza", y sale a la luz teñido de distintas formas. Si bien sucede en todos los seres humanos este mecanismo Freud lo relacionó directamente con quienes padecen neurosis histérica.