Ama el cuerpo en el que vives

Escrito por August McLaughlin | Traducido por Paulo Roldan

Días antes de tu cumpleaños, abres la puerta de tu casa y descubres una explosión de confeti, personas cantando "feliz cumpleaños" y una mesa sobrecargada de comida decadente. Mientras sonríes y piensas "no debería comer esto", tus entrañas tiemblan de miedo. O tal vez la ansiedad se manifiesta mientras estás comiendo, pues te dedicas a planear el intenso entrenamiento que esperas "deshaga" las calorías que estás ingiriendo. Incluso si tú no te relacionas con este escenario, alguien probablemente lo hará. La ansiedad, la vergüenza y la incapacidad de obtener placer de la comida son los síntomas de los trastornos alimenticios (un padecimiento común que anula alegría de la vida, plantea riesgos físicos y que frecuentemente se descuida, pues no recibe tratamiento).

Se estima que el 80 por ciento de las mujeres viven insatisfechas con algunos aspectos de su apariencia física. Si nos vamos más allá, descubriremos que un gran porcentaje de estas mujeres padecen algún tipo de trastorno alimenticio.

Sari Fine Sheppird, especialista en psicología clínica

¿Qué es un trastorno alimenticio?

El término "trastorno alimenticio" se usa para describir diversas actitudes y comportamientos negativos con relación a los alimentos que no corresponden con el criterio para diagnosticar un desorden alimenticio completamente desarrollado como la anorexia, la bulimia o el trastorno alimentario compulsivo.

Los rasgos de los trastornos alimenticios son tan comunes que las personas a menudo los consideran algo normal, según el psicólogo clínico y especialista en trastornos de la alimentación Sari Fine Shepphird. Las características de estos trastornos incluyen una dieta repetitiva, una fijación en las calorías, los alimentos y/o la pérdida de peso, y la creencia de que no encontrarás la felicidad, el amor, el éxito (o cualquier otra meta u objetivo) hasta que pierdas peso. Puedes tener sólo uno o dos síntomas, o experimentar síntomas pasajeros. Los síntomas más graves incluyen la depresión grave, el abuso de laxantes o píldoras de dieta, ejercicio excesivo y restricciones graves o de largo plazo en el consumo de calorías o carbohidratos.

Aunque aproximadamente el 4,4 por ciento de los estadounidenses son diagnosticados con trastornos de alimentación cada año, según el National Institute of Mental Health, muchas más personas manifiestan pensamientos y conductas relacionadas con los trastornos alimenticios.

"Se estima que el 80 por ciento de las mujeres están insatisfechas con aspectos de su apariencia física", explicó Shepphird. "Si profundizamos en este problema, descubriremos que una gran proporción de estas mujeres padecen algún tipo de trastorno alimenticio."

El incremento de las cirugías cosméticas masculinas y de las dietas especializadas para la pérdida de peso en este sector de la población demuestran que estos trastornos también afectan a los hombres.

¿Cuáles son los riesgos?

Los desórdenes alimenticios completamente desarrollados traen consigo algunos de los niveles de mortandad más altos entre los desórdenes psicológicos. Y los trastornos alimenticios en algunos casos se convierten en la antesala a estas enfermedades.

"Los estudios muestran que el 35 de las personas que realizan dietas normales, o quienes hacen dieta de forma casual, avanzan gradualmente a realizar dietas patológicas", afirmó Shepphird. "De estas personas, del 20 al 25 por ciento desarrollan algún tipo de desorden alimenticio".

Los trastornos alimenticios están asociados con problemas emocionales, incluyendo ansiedad, una autoestima baja, relaciones interpersonales deterioradas, así como problemas físicos como arritmia cardíaca, fatiga y problemas digestivos. Si el padecimiento no se trata, los síntomas pueden empeorar, incrementando el riesgo de desequilibrios hormonales, infertilidad, deficiencias nutricionales, osteoporosis y ataques al corazón. Los desórdenes alimenticios graves pueden provocar la muerte.

"¿Pero no engordaré?"

El mismo miedo que provoca los trastornos alimenticios evita que muchos enfermos busquen tratamiento: tienen miedo a "engordar".

El objetivo del tratamiento es lograr el bienestar nutricional, físico y bienestar emocional, no engordar. "Si estás por debajo de tu peso ideal y has estado restringiendo la ingesta de alimentos", explicó Shepphird, "el tratamiento incluiría la restauración de un peso saludable y hacer frente a cualquier tipo de distorsión" en la forma en que percibes tu cuerpo.

Esta percepción puede ser desalentadora. Además de temer al aumento de peso, podrías temer a la pérdida de control de tus hábitos alimenticios. Julie Duffy Dillon, una dietista registrada que se especializa en trastornos de la alimentación, dice que cuando un cliente expresa esta preocupación, se le explica que "una persona puede seguir estando desnutrida... mientras viva una vida de depresión, ansiedad, pocas o ningún tipo de relación, una vida laboral deficiente ... o reconocer que el trastorno alimenticio se está manifestando y decidir hacer lo correcto".

Esta filosofía aplica a los patrones de pensamiento relacionados con los desórdenes alimenticios y a los trastornos alimenticios desarrollados. Con el enfoque apropiado, tu percepción de ti misma, así como también tus patrones de comportamiento y tus actitudes relacionadas con la comida pueden cambiar gradualmente, no hacia el aumento de peso excesivo, sino hacia la vitalidad y el auto-empoderamiento.

Actuando sobre el problema

Ayudando a un ser querido

Ver a un ser querido luchar contra los trastornos alimenticios puede ser devastador. El Departamento de Consejería y Servicios Psicológicos en la Universidad de Duke recomienda hablar abiertamente, aún si estás nerviosa o insegura de qué decir y cómo decirlo. Dile a tu amiga, por ejemplo, que aunque respetas su privacidad, estás preocupada por su bienestar.

Trata de no hacer comentarios específicos sobre su peso o apariencia. Frases como "estás adelgazando mucho" pueden ser mal interpretadas como halagos y conducir a un comportamiento más dañino. Jugar el rol de "policía de la comida", diciéndole que "sería mejor que dejara de hacer dieta", por ejemplo, tampoco le ayudará. En cambio, dile que temes que no esté saludable y que no se ve feliz, y que extrañas compartir las comidas juntas.

Sé amable en vez de hacer acusaciones, y no te sorprendas si te encuentras con una actitud defensiva o de resistencia. Si esto ocurre, mantén la calma y recuerda que has hecho lo correcto. Si tu amiga parece interesada en el tratamiento, ofrécele acompañarla a su primera cita.

Por último, la Universidad de Duke sugiere "plantar semillas, no árboles." Debes saber que la recuperación toma tiempo y cuidado. Tu trabajo es ayudar a reducir la soledad de tu amiga, escucharla cuando te necesita y demostrarle que te interesa su bienestar.