12 signos de agresividad reprimida

Escrito por Rodrigo Rios
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La agresividad es una característica inherente al ser humano. Para el Psicoanálisis, somos pulsionales. Sigmund Freud teorizó que cuando la pulsión agresiva se pone al servicio de la de autoconservación no es patológica: al comer una manzana respondemos a nuestra supervivencia, y para lograrlo debemos destruirla para deglutirla. Sin embargo, en nuestra vida cotidiana podemos encontrar rastros del daño que puede producir la agresividad, y más aún cuando no es manifestada con claridad. Aquí te presentamos algunos signos de agresividad reprimida.

Impuntualidad habitual y perpetua

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Hay personas que se jactan de ser impuntuales. Lo toman con total naturalidad y lo asumen como una gracia. Faltan a citas pactadas, o son incapaces de respetar un horario. ¿Has pensado en el trasfondo de esta situación? Una forma de expresar agresividad y desprecio por el otro es la falta de respeto. Cada uno le otorga a su tiempo un valor significativo. Esto implica desconsideración y desvalorización frente a aquel que queda a la espera. Permitir el incumplimiento de un horario pactado es, en definitiva, tolerar una manifestación agresiva encubierta.

Humor sarcástico e irónico

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El sentido del humor ha sido por excelencia, a lo largo de la historia, un recurso útil a la hora de manifestar realidades que, presentadas de otra manera, hubiesen sido agresivas. Los reyes medievales, por ejemplo, contaban en sus cortes con un personaje singular: el bufón. Dicha persona era la encargada de comunicar, por medio de su arte, las noticias que de otro modo hubiesen disgustado al monarca. El Psicoanálisis ha estudiado con énfasis las formaciones sustitutivas que permiten a lo reprimido devenir en contenidos conscientes al lograr soslayar, por medio del camuflaje y la deformación, la barrera de censura que propina el preconsciente. De este modo, por medio del humor y el chiste –entre otras formas- contenidos agresivos dotados de sarcasmo e ironía son liberados en el discurso sin la carga afectiva de índole angustioso que produciría dicho contenido sin ser deformado. Quienes proclaman poseer un sentido del humor sarcástico e irónico no hacen más que desplegar su agresividad. ¿Has notado que las personas más simpáticas y graciosas jamás apelan a recursos que dejen en evidencia, expongan o lastimen a los demás?

Suspiros

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Es frecuente escuchar suspiros en el discurso de personas insatisfechas, frustradas y agresivas. La comunicación paraverbal (gestual) es tan significativa e importante como la verbal (lo dicho) y puede ser, por lo tanto, tan agresiva como unas pocas palabras pronunciadas en el momento oportuno. Un bufido, una respiración fuerte, un silencio son comunicación y, acorde al contexto, pueden implicar un sin fin de significados agresivos y mal expresados.

Sacarcasmo y cinismo

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Los estudiosos de la Lingüística han diferenciado dos conceptos claves en el contenido de un significante (palabra): denotación –que implica el significado de la palabra en sí- y connotación –multiplicidad de significados que una palabra puede adoptar acorde a su articulación en determinado contexto. Tanto el sarcasmo como el cinismo se aprovechan de la riqueza connotativa de los significantes articulados de forma tal en un discurso que, al emplear palabras que en determinado contexto resultarían agradables, proporcionan un mensaje agresivo e hiriente.

Exceso de amabilidad y buena predisposición constante

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Uno de los posibles destinos de pulsión mencionado por Freud fue la transformación en lo contrario. De esta manera, la pulsión agresiva se satisface al ser cambiada por su opuesto. Excesos de amabilidad y excelente predisposición permanente dan a sospechar de una vía de satisfacción de la agresividad. Este mecanismo es común en, por ejemplo, neuróticos obsesivos, quienes al no poder permitirse impulsos agresivos por sus exigencias morales, los transforman en amor y amabilidad exacerbada. El conflicto es inherente a la naturaleza humana. Paradójicamente al pensamiento colectivo, es sano, pues permite posibilidad de cambio.

Sonreir al herir

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Resulta común creer que una sonrisa es un atenuante de un contenido agresivo. Hay situaciones en las que resulta claro que, el contenido del mensaje, disfrazado de un discurso amable y de buen semblante, resulta hiriente en quien lo recibe. El desfasaje entre lo que se expresa y lo que se siente se denomina, en Psicosemiología, incongruencia afectiva, y es un trastorno del afecto. Si bien es de buena educación considerar la forma en que se manifiestan las ideas, también lo es preservar al otro, opinar cuando sea oportuno y estemos habilitados para hacerlo.

Diminutivos

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La utilización de este recurso implica la represión de la agresividad. Es común escuchar la utilización de diminutivos. Decir “queridito”, “¿quieres un cafecito?”, quizás esconde "después de que cociné como mula todo el día y ni siquiera has reconocido mi esfuerzo”. Por otro lado, “¿te alcanzo un vacito?” puede ser un perfecto sustituto de "eres un vago incapaz de levantarte y tomarlo por ti mismo". La orden “come la ensaladita” implica la afirmación "estuve tres horas cortando las verduras y son caras como para tirarlas". Esas frases guardan, en lo más profundo de la psiquis, un contenido opuesto a la amabilidad que pretenden manifestar.

Estrés

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Los expertos en Neurociencias presentan el estrés como un proceso de retroalimentación positiva. Situaciones estresantes generan un aumento de la segregación de cortisol, que en niveles elevados en sangre, generan mayor estrés, y viceversa. La agresividad social en la que muchos vivimos inmersos aumenta la tensión, y sumado a la vorágine laboral, educacional, inseguridad, inestabilidad económica y política que asecha al mundo se tornan agentes nocivos para nuestra salud física y mental. El estrés crónico produce marcas irreversibles en la corteza cerebral y sus efectos empobrecen la calidad de vida del sujeto. Esto se ve, por ejemplo, en resonancias magnéticas practicadas a sujetos que padecen trastornos compulsivos, trastornos por estrés postraumático y trastornos de ansiedad, entre otros.

Insomnio

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Para poder conciliar el sueño necesitamos retirar el interés sobre el mundo que nos rodea. En términos psicoanalíticos, es necesario producir una introversión libidinal a fin de desinvestir el mundo y retraer esa libido hacia el yo. Es decir, al quitar la energía que otorga interés a los objetos que nos rodean, regresa a nosotros y podemos dormir. Las personas que sufren de agresiones presentan trastornos del sueño: estrés postraumático es un claro ejemplo de ello ya que se encuentran hiper-vigiles del entorno por temor a ese hecho aterrador, paralizante, desamparante y desesperanzador que les ha sucedido.

Falta de descanso a pesar de haber dormido

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Dormir y descansar no son sinónimos. El proceso del sueño tiene ciclos -Rem y No Rem- que, de ser alterados, producen falta de descanso dado que sólo se duerme profundamente durante 3 horas, entre un ciclo y otro y es allí cuando se descansa. Al no poder conciliar el sueño adecuadamente, se despierta a las pocas horas y no se logra dormir de corrido. En consecuencia, no se descansa, ya que no se logra entrar en ciclos de sueño profundo.

Aburrimiento

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Detrás de una persona que se siente aburrida se encuentra un sujeto angustiado. Para Jacques Lacan, fundador de la Escuela Francesa de Psicoanálisis, “la angustia surge cuando falta la falta”. Es decir que una persona se angustia cuando no encuentra lugar para desear y el deseo implica, entonces, aquello que no tengo y quiero tener. La agresividad recibida aquí implica ser violentado por medio de la satisfacción de una demanda que jamás ha sido proclamada, porque no le han dado tiempo de notar una falta. El respeto implica entonces, atender los tiempos anímicos del otro y entender su carácter subjetivo. Brindar al otro lo que no nos ha pedido pone en juego su propio deseo. ¿Qué mejor manera de defender el deseo que no desear nada?

En síntesis

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La agresividad es inherente a la naturaleza humana: puesta al servicio de la vida es sana. Los problemas surgen cuando el manejo de la agresividad es incorrecto y se proyecta en los demás por medio de sustitutos que logran vencer las barreras de censura y la represión con sus consecuentes resultados.