Cómo hacer un tratamiento facial con vapor en tu casa

No necesitas acudir a un spa de lujo o a un salón de belleza, puedes hacerte un tratamiento facial al estilo del spa en la comodidad de tu propia cocina. Un tratamiento facial relajante con vapor beneficia en varias formas a la piel y no cuesta casi nada. El vapor mejora la circulación, hidrata la piel seca, limpia profundamente los poros obstruidos y suelta los puntos negros. Para hacer un tratamiento especial, añade un puñado de hierbas aromáticas frescas y secas.

Nivel de dificultad:
Moderada

Necesitarás

  • Limpiador facial suave
  • Cacerola
  • Tazón de vidrio o de cerámica
  • Hierbas frescas o secas (opcional)
  • Paño de aseo

Instrucciones

  1. Lava el rostro con un limpiador facial suave y agua tibia. Si tienes el cabello largo, recógelo hacia atrás para mantenerlo fuera del agua.

  2. Vierte aproximadamente un cuarto de galón de agua en una cacerola grande y llévala a un hervor. Quita la olla de la hornilla y espera a que se enfríe hasta que esté caliente pero no hirviendo.

  3. Vierte el agua caliente en un tazón grande de vidrio o de cerámica y luego ponlo en una mesada o en otra superficie segura y resistente.

  4. Agrega un puñado de hierbas secas o frescas, si así lo deseas. La menta o la lavanda es eficaz si tu piel es grasa, mientras que la caléndula, la consuelda o la manzanilla alivian la piel sensible. La piel seca se beneficia de la menta- Un trozo de raíz de regaliz es una hierba para todo uso que abre los poros y limpia cualquier tipo de piel. Para hacerte un tratamiento facial relajante y con olor dulce agrega un puñado de pétalos de rosa orgánicos o flores de naranja.

  5. Inclínate sobre el tazón con tu rostro a 12 pulgadas del vapor. Crea una tienda de vapor envolviendo una toalla de baño grande sobre tu cabeza.

  6. Aplica vapor al rostro durante cinco o siete minutos. Detente antes si sientes incomodidad, si tienes la piel sensible o acné.

  7. Limpia el rostro con un paño de aseo limpio para quitar las impurezas sueltas y cerrar los poros.

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Escrito por m.h. dyer | Traducido por alejandra prego