Rehabilitación después de la ruptura del ligamento cruzado anterior

El ligamento cruzado anterior (ACL por su sigla en inglés) es uno de los ligamentos principales que proporciona estabilidad a la rodilla. La lesión del ligamento cruzado anterior ocurre comúnmente durante los movimientos deportivos sin contacto que implican interrupción agresiva, corte o cambio de carril. La lesión del ACL es típicamente señalada por el dolor, un sonido de "burbujeo" e hinchazón de la rodilla. En la mayoría de los casos se recomienda la cirugía para reconstruir el ACL lesionado para evitar la inestabilidad y mayores daños a la rodilla.

Complicaciones quirúrgicas

El problema más común después de la cirugía para reconstruir el ligamento cruzado anterior es la rigidez de rodilla o la pérdida de movimiento, especialmente la extensión. Cuando esto ocurre, puede dar lugar a un desequilibrio del músculo flácido, y a una deficiente función de la rodilla dolorosa.

Muchos estudios han demostrado que el momento de la cirugía ACL es crucial para tener un buen resultado. En particular, si la cirugía se realiza para reconstruir el ligamento cruzado anterior de la rodilla cuando está hinchado y con un rango deficiente de movimiento, entonces hay una alta incidencia de la rigidez en la rodilla después de la cirugía. Estas complicaciones pueden reducirse significativamente si la cirugía se retrasa hasta que la fase de lesión aguda se haya resuelto y el movimiento y la marcha normal hayan regresado.

Rehabilitación exitosa

La rehabilitación después de lesión de la ACL o pre-habilitación antes de la cirugía de ACL tiene tres objetivos principales: controlar la inflamación, restaurar el rango de movimiento y mejorar la fuerza de los músculos del cuádriceps para restablecer la marcha normal.

Después de que ocurre una lesión del ACL es común inmovilizar la rodilla y usar muletas hasta que el dolor haya desaparecido y el control muscular haya vuelto lo suficiente como para caminar sin caerse. Sin embargo, debes tener precaución con la inmovilización. Recuerda que el objetivo es recuperar la función y el uso prolongado de un inmovilizador de rodilla puede conducir a un empeoramiento de la rigidez y la pérdida de músculo. Si te animas a usar la rodilla, coloca peso gradualmente en ella y muévela tanto como el dolor lo permita.

Autocuidado y terapia doméstica

He aquí algunos pasos sencillos para mejorar la función de la rodilla y en última instancia para mejorar los resultados después de la cirugía. En primer lugar a controlar el dolor y la hinchazón. Colocar hielo y elevar la rodilla es una gran terapia en un primer momento. Debes colocar una bolsa de hielo sobre la rodilla con una barrera protectora delgada durante 15 a 20 minutos por un momento 2 a 3 veces por día. Además, los medicamentos antiinflamatorios sin receta como Advil, Motrin o Aleve son útiles para ayudar a controlar el dolor y la inflamación durante la primera semana (o las dos primeras semanas) después de la lesión.

A continuación debes hacer todo lo posible para restaurar el rango de movimiento lo más rápido posible. Para recuperar la extensión debes apuntalar el talón en una toalla enrollada para alejarla de la tierra, relajarla y dejar que la gravedad lleve la pierna a su extensión completa. Colgar boca abajo también resulta muy eficaz. Esto se hace boca abajo sobre una mesa con las piernas colgando por el borde desde el borde de nuevo permitiendo que la gravedad lleve la rodilla a su extensión completa. El dedo del pie de la pierna sana también puede ser utilizado para empujar en el talón de la pierna lesionada para empujar la rodilla recta.

Los deslizantes para el talón son muy útiles para recuperar la flexión. Esto se hace descansando sobre tu espalda y deslizando el talón hasta los glúteos. En etapas posteriores puedes agarrar la pierna con ambas manos y tirar el talón hacia ti para ganar más flexión.

Estos ejercicios deben hacerse 3 a 4 veces al día durante 15 a 20 minutos cada vez. Una vez que hayas recuperado el movimiento de la rodilla, comienza a fortalecer el músculo del cuádriceps. Levantar la pierna de modo recto es una buena manera de empezar y luego puedes avanzar gradualmente a la bicicleta estática, la natación y las máquinas elípticas de entrenamiento.

Estas actividades deben continuar hasta que puedas caminar normalmente sin cojear y se haya restaurado un movimiento similar a del lado no lesionado. Como siempre, debes consultar a tu cirujano ortopédico para que te ayude y guíe a través de este proceso.

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Escrito por james s. kercher, md
Traducido por javier enrique rojahelis busto