Presión sanguínea elevada durante el ejercicio y cómo regresarla a la normalidad

El ejercicio es benéfico para el corazón, mejorando su capacidad para distribuir sangre de manera eficiente al cuerpo. Las medidas importantes para el corazón son el pulso o frecuencia cardíaca y la presión sanguínea. La frecuencia cardíaca es el número de veces que el corazón late por minuto. La presión sanguínea es la fuerza con la que la sangre es bombeada, medida en dos maneras: la sistólica se refiere a la presión ejercida cuando el corazón bombea y la diastólica se refiere a la presión entre latidos.

Niveles normales

La presión sanguínea óptima y normal para los adultos sanos es de 120 sistólica y 80 diastólica. La presión sanguínea tiende a elevarse en la tarde y caer un poco después del ejercicio vigoroso; estas medidas son usualmente de 130/85 y 110/70. Los atletas que entrenan regularmente están en el rango de 110/70. Cualquier medición arriba de 140/90 es considerada elevada, y cualquier lectura debajo de 90/60 es baja; cualquier extremo puede requerir de tratamiento médico. La presión sanguínea es preferiblemente tomada en reposo, con la persona sentada y sin hacer ninguna actividad física. Ésta es la base para la comparación después del ejercicio.

Variaciones con el ejercicio

La presión sanguínea varía con el tipo de ejercicio. El ejercicio aeróbico, como correr, nadar o montar bicicleta, aumenta la frecuencia cardíaca y generalmente incrementa la presión con la que la sangre es bombeada, por lo que eleva la presión sistólica. La presión diastólica normalmente se mantiene estable. Este es el ejercicio preferencial para el corazón. El ejercicio estático o isométrico, como el levantamiento de pesas, requiere de una contracción muscular sostenida con poco gasto cardíaco. El resultado es una elevación en ambas presiones. Sin embargo, los ejercicios isométricos han mostrado cierta disminución benéfica de las presiones a largo tiempo.

Caída después del ejercicio

Es normal que la presión sanguínea caiga por debajo de los niveles de reposo después del ejercicio vigoroso y que después de descansar regrese a la normalidad. La frecuencia cardíaca debe regresar a la normalidad después de dos minutos, pero la presión sanguínea tarda más tiempo, usualmente varias horas. Sin embargo, el ejercicio aeróbico consistente ha mostrado una disminución de las medidas de presión sanguínea en reposo con el paso del tiempo. La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda por lo menos 30 minutos de ejercicio de tres a cuatro veces por semana para controlar la presión sanguínea.

Señales de alarma

Un estudio en hombres obesos mostró que la presión sanguínea es significativamente más baja después de 24 horas de ejercicio aeróbico. Cualquier disminución en la presión sanguínea durante el ejercicio es señal de potenciales problemas del corazón y debe ser diagnosticada por un médico. Cualquier disminución dramática en la presión sanguínea después del ejercicio, sin un regreso a los niveles normales después de una hora, también puede ser señal de potenciales problemas cardíacos. Una persona con una presión sanguínea consistentemente debajo de 90/60 debe ser referida a su médico.

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Escrito por bob haring | Traducido por karly silva