Peligros ocultos en el hogar para los niños

La naturaleza indagadora y astuta de tu hijo puede provocar accidentes domésticos graves. A diferencia de cuando era un bebé, ya está alto y fuerte como para subirse a un taburete y llegar a estantes altos, abrir medicamentos o levantar una pesada botella de blanqueador. La Extensión de la Universidad Estatal de Colorado informa que todos los años, los accidentes domésticos causan más muertes que las enfermedades infantiles. Protege a tu hijo colocando dispositivos de seguridad en tu casa para evitar posibles riesgos y entornos peligrosos.

Peligros de ahogo

Los niños de 5 años y mayores a menudo tienen juguetes más complejos que se componen de piezas pequeñas, como los autos de juguete. Sin embargo, aún son pequeños para colocar estos juguetes y otros objetos en su boca por simple curiosidad. Las ruedas pequeñas y otras piezas del juguete se pueden quitar y tu hijo podría atragantarse. Revisa todos los juguetes en busca de piezas pequeñas que podrían estar flojas y supervisa a tu hijo mientras juega, para que no mastique ni chupe los juguetes. HealthyChildren.org señala que los imanes y las baterías de los juguetes y demás objetos son especialmente peligrosos y pueden causar lesiones graves si los niños los tragan. Educa a tu hijo sobre no llevarse los juguetes y otros objetos a la boca y quítaselos si lo hace. Si tu hijo se traga algo, busca atención médica de inmediato. Además, es importante saber cómo hacer la maniobra de Heimlich en niños para ayudarlos a expulsar el elemento que produjo el ahogo.

Artículos domésticos tóxicos

Los pasadores a prueba de bebés en los armarios de la cocina y el baño pueden no ser lo suficientemente efectivos para un niño curioso de 5 años. Los artículos de uso doméstico, como limpiadores, pulidores, limpiadores para desagües, medicamentos, vitaminas y suplementos se deben mantener en un lugar seguro y lejos del alcance de tus hijos. Muchos limpiadores abrasivos, como el blanqueador, emanan vapores tóxicos y pueden ser perjudiciales para los ojos y los pulmones en caso de inhalación. Los derrames también causan quemaduras por químicos en la piel y los ojos. De ser necesario, cierra los armarios para que los niños no puedan abrirlos. Además, evita tomar medicamentos, vitaminas y suplementos frente a tus hijos. Podrían imitarte y consumir las píldoras, lo que sería tóxico para ellos. La Extensión de la Universidad Estatal de Colorado recomienda mantener el número del centro de toxicología local a tu alcance en caso de que tu hijo se intoxique accidentalmente con artículos de uso doméstico. Busca atención médica de inmediato si tu hijo ingiere sustancias perjudiciales.

Asfixia y bordes filosos

Los niños son por naturaleza imaginativos y se divierten creando fortalezas y autos con diferentes materiales, como cajas de cartón y otros envases. Sin embargo, ciertas cajas de cartón y algunos envases pueden tener extremos filosos que podrían producir cortes y lastimaduras. Revisa las cajas de cartón y quítales los bordes filosos antes de que tu hijo juegue con ellas. Además, mantén los envoltorios plásticos y las bolsas de basura y limpieza en seco lejos del alcance los niños. Podrían colocárselas en la cabeza y asfixiarse accidentalmente. La Extensión de la Universidad Estatal de Colorado señala que los protectores para colchones hechos de una fina lámina plástica también pueden adherirse al rostro del niño, lo que podría producir asfixia mientras duermen.

Superficies calientes

Si bien las chimeneas a gas son cálidas y acogedoras, sus superficies calientes pueden causar quemaduras en niños curiosos que se acercan demasiado. KidsHealth.org advierte que las cubiertas estándar de vidrio y metal de las chimeneas pueden calentarse demasiado y causar lesiones graves por contacto. Los radiadores y los calentadores para zócalos pueden tener superficies peligrosamente calientes. Protege la delicada piel de tus hijos mediante la colocación de barreras, como las pantallas para chimenea, sobre los elementos de calefacción para prevenir quemaduras y ampollas.

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Escrito por nadia haris | Traducido por valeria d'ambrosio