Los peligros de los alimentos GMO

Según el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, a partir de 2010, al menos el 80% del maíz y el 90% de la soja cultivada en los Estados Unidos se cultivan a partir de semillas genéticamente modificadas. Los alimentos genéticamente modificados o transgénicos, son cultivos que crecen a partir de semillas genéticamente modificadas para aumentar el rendimiento y reducir los costes de producción. Los defensores de los alimentos GM dicen que los rendimientos son más altos y tienen un mejor contenido nutricional necesarios para garantizar una alimentación adecuada para la creciente población del mundo. Los opositores dicen que ningún supuesto beneficio de los alimentos transgénicos ha sido probado, y mencionan la falta de estudios de seguridad y los peligros reales y potenciales para la salud humana y el medio ambiente como razones para prohibir estos productos.

Consecuencias para la salud

El aumento de las enfermedades autoinmunes, infertilidad, problemas gastrointestinales y enfermedades crónicas pueden estar asociados con la introducción de los alimentos modificados genéticamente. En un documento de posicionamiento por la Academia Americana de Medicina Ambiental, los autores piden a todos los médicos considerar el papel de los alimentos transgénicos en la crisis de la salud de la nación, y asesorar a sus pacientes evitar todos los alimentos genéticamente modificados siempre que sea posible. La Academia también recomienda una moratoria sobre las semillas y convoca a pruebas de seguridad independientes inmediatas y el etiquetado de todos los alimentos que contengan productos modificados genéticamente. A partir del 2010, en los EE.UU. no se requiere que los fabricantes de alimentos identifiquen los productos alimenticios producidos con cultivos modificados genéticamente.

Suministro de alimentos en riesgo

Las semillas genéticamente modificadas son un producto patentado, y con el fin de comprar las semillas los clientes deben firmar un acuerdo para el uso con el fabricante de la semilla. De acuerdo con Mike Adams, de la página web de Natural News , Monsanto (la empresa agrotecnológica que controla aproximadamente el 90% del mercado de semillas GMO) prohíbe a los agricultores guardar semillas o venderlas a otros productores. Adams dice que los pequeños agricultores independientes, cuyos cultivos se contaminan por los cultivos transgénicos vecinos, deben pagar derechos de patente o corren el riesgo de ser demandados. A medida que la dependencia de las semillas transgénicas se expanden en todo el mundo, las preocupaciones sobre la oferta y la inocuidad de los alimentos continúan aumentando. Las semillas manipuladas genéticamente son idénticas en estructura, y si un problema afecta a un determinado cultivo pueden resultar un fracaso de la cosecha principal. Por ejemplo, tras el reciente fracaso de las tres cosechas de maíz GMO en tres provincias de Sudáfrica, el Centro Africano para la Bioseguridad ha pedido una investigación y prohibición inmediata de todos los alimentos transgénicos. El maíz es una fuente primaria de alimento para las naciones sudafricanas.

Destrucción ambiental

La mayoría de las semillas transgénicas están diseñadas genéticamente para ser tolerantes a herbicidas, resistentes a las plagas de insectos y a las enfermedades. Los ecologistas temen que las características de los cultivos transgénicos puedan animar a los agricultores a incrementar el uso de herbicidas y pesticidas, lo que elevarán el consumo humano de toxinas peligrosas. Los cultivos transgénicos también fabrican sus propios pesticidas, lo que pone más venenos en los seres humanos y en el suelo y puede causar cambios imprevistos en el medio ambiente. Otra preocupación es que las toxinas contenidas en las plantas GMO pueden dañar a otros organismos, como las orugas, las abejas y las aves. El pesticida encontrado en el algodón modificado genéticamente y el maíz está implicado en la muerte de las aves de corral, vacas, caballos, ovejas y búfalos en todo el mundo.

Más galerías de fotos



Escrito por susan brassard | Traducido por soledad gomez