Objetivos para ayudar a los adolescentes

A medida que tu niña llega a la adolescencia, tu relación con ella cambia drásticamente. Ella de repente puede parecer distante, queriendo manejar sus problemas por su cuenta. Pero estos cambios no deberían desalentarte de ayudarla. Al establecer objetivos claros para ti mismo en situaciones en las que deseas ayudar a tu hija, encontrarás la comunicación y la resolución de problemas mucho más fácil.

Abrir lineas de comunicación

Las nuevas necesidades de privacidad de tu hija no se oponen a la comunicación abierta normal entre padres e hijos. Establece como objetivo permitir la libertad de expresión entre tú y tu hija, y asegúrate de que esta línea de comunicación vaya en ambos sentidos. Muéstrale a tu hija que tú estás dispuesta a escucharla cuando tenga un problema para discutir. Si te percatas de que tu hija está raramente tranquila, haz una pregunta que no juzgue pero que le permita iniciar una conversación si está dispuesta. Preguntas como "Pareces distraída hoy. ¿Hay algo dando vueltas en tu mente?" son preferibles a las preguntas de juicio tales como "¿Qué te pasa hoy?". Expresa libremente tu preocupación si sospechas que tu hija tiene problemas.

Respeta la autonomía de tu hija

Los adolescentes podrían tener problemas para aceptar la ayuda de los padres. Después de todo, la adolescencia se caracteriza por una nueva independencia. Como un padre que quiere ayudar a su hija, descubrirás que el respeto mutuo sirve de mucho para "persuadir" a tu hijo de escuchar tu consejo. Miguel Riera, psicólogo de orientación y autor de "Uncommon Sense for Parents", hace hincapié en que los padres de adolescentes ya no son administradores de la vida de sus hijos sino asesores que deben ganarse el respeto de su "cliente". Por lo tanto, un objetivo es hacer hincapié en entender que la decisión final recae en tu hija, pero también señala tus experiencias anteriores en la solución de los problemas que está experimentando.

No te fijes en los resultados

Tu consejo no siempre será bien recibido. Los adolescentes son exploradores naturales y echarán a un lado muchas de las soluciones convencionales para sus problemas, especialmente si provienen de ti. Así que no te lo tomes como algo personal cuando tu hijo no siga tu consejo. En esta etapa de la vida, la presión social es a menudo más poderosa que las expectativas de la familia. En lugar de fijarte en los resultados,muestra a tu hijo que tu consejo es desde el corazón, por tu preocupación por él, y no por un deseo de control. Muestra esto haciendo hincapié en que puedes comprender sus sentimientos. Si tu hijo tiene problemas con el cambio a una nueva escuela, indica cómo te sentirías de la misma manera antes de pasar a la búsqueda de soluciones: "Es un sentimiento común estar triste cuando tienes que dejar a tus amigos, yo me sentí triste cuando me fui de la ciudad. Crecí en una nueva escuela secundaria, también."

Enfócate en las emociones

Como padre, uno de tus trabajos más importantes es ayudar a tu hijo a controlar sus emociones. Ninguna vida adolescente va perfectamente sin problemas, y muchos de los problemas de tu hijo serán frente a problemas sociales como encajar con pandillas y formar relaciones amorosas, que pueden ser muy emocionantes para tu hijo adolescente cargado de hormonas. Establece un objetivo para ayudarlo a entender y lidiar con sus emociones antes de llegar a soluciones. Los adolescentes no suelen tener mucha experiencia en la articulación de sus emociones o las razones de las mismas. Discutir los motivos de las emociones con tu hijo y cómo regularlas puede ayudarlo a tomar mejores decisiones. Explicarle que muchas malas decisiones se hacen bajo estrés emocional, podría beneficiarse de ejemplos de tu infancia. La idea principal es conseguir que los adolescentes tomen distancia de su estado emocional y miren la situación general, el problema global. A través de una explicación objetiva de ello, ayudas a tu hijo a darse cuenta de que muchos de los problemas insignificantes se vuelven artificialmente grandes bajo estrés.

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Escrito por damon verial | Traducido por natalia pérez