Cómo montar aros de gimnasia

Los anillos de gimnasia, también llamados anillos, pueden proporcionar una gran ayuda para la parte superior del cuerpo y el entrenamiento del centro abdominal. Los anillos de suspensión permiten hacer ejercicios basados ​​en levantamientos junto con rutinas más complicadas que trabajan los brazos, hombros, pecho, espalda y abdomen. A diferencia de otros equipos de gimnasia, los anillos son portátiles y se pueden instalar en tu hogar o espacio exterior en sólo unos minutos.

Nivel de dificultad:
Moderadamente fácil

Necesitarás

  • Anillos de gimnasia con correas
  • Cáncamos
  • Destornillador
  • Lápiz
  • Buscador de vigas
  • Escalera

Instrucciones

    Anclaje temporal o móvil

  1. Busca un espacio donde tengas la libertad para moverte y tengas espacio libre debajo de tus pies y sobre tu cabeza, por lo general de 6 a 8 pies (180 a 240 cm) en ambas direcciones dependiendo de los ejercicios que piensas hacer.

  2. Haz un lazo con las correas de tus anillos a través de una viga expuesta en el techo, una rama de un árbol robusto, u otro accesorio sólido, como una barra de movimientos para levantarse o un equipo de un parque. Tira de las correas para comprobar que el aparato no se agite o mueva con tu peso.

  3. Ajusta las hebillas de las correas para acortarlas o alargarlas según el tipo de ejercicio que planeas hacer.

    Anclaje de techo

  1. Toma ventaja de las vigas del techo para instalar los tirantes interiores. Usa un buscador de vigas para localizar un montante de tu techo. Marca su ubicación con un lápiz.

  2. Mide dos puntos un de poco más del ancho de los hombros en la viga, por lo general alrededor de 20 pulgadas (50 cm). Atornilla los cáncamos pesados ​​en estos puntos con un destornillador a modo de palanca.

  3. Pasa las correas a través de los bucles de los pernos. Ajusta las hebillas de las correas a tu altura.

Consejos y advertencias

  • Si montas los anillos muy alto, planea cómo vas a alcanzarlos de forma segura y cómo bajarte de ellos.

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Escrito por tricia ross | Traducido por daniel cardona