¿Qué es lo más difícil de ser padre?

Aunque la crianza de los hijos tiene sus momentos hermosos, también viene con algunos feos. Esos son los momentos que te hacen añorar esos días antes de que tuvieras un bebé. Una de las cosas más difíciles acerca de la crianza es lidiar con los momentos en los que tus hijos no te importan particularmente, según la página web WebMD.

Cuando no te gusta tu hijo

Después de constantes portarse mal, llorar y gritar, podrías sentirte completamente desgastado. La ira, frustración y muchas otras emociones se desarrollan alrededor en tu mente y cuerpo. Entonces te das cuenta, sorprendentemente, de que no quieres estar cerca de tu hijo. No le soportas y después viene la culpa. Reconocer que amas a tu hijo, pero que no te gusta por el momento está bien. Eso no te hace un padre horrible.

Qué sucede cuando te sientes así

Cuando estás tan molesto, la doctora Valerie Davis Raskin, psiquiatra y autora de crianza de los hijos, dice que podrías decir cosas a tu hijo de las que te avergonzarás más adelante. Puedes insultarle, gritar, chillar y amenazar. No actúas como el modelo a seguir que deberías ser.

Cómo lidiar con ello

Identifica el origen de tu miedo o ansiedad. Por ejemplo, si notas que tu hijo perpetúa un comportamiento particularmente molesto que irrita, identifica las causas de ese comportamiento. ¿Lo hace cuando está hambriento, cansado o aburrido? Tratar de prevenir las causas de ese comportamiento. Simplemente decirte a ti mismo que está actuando así por una razón puede ayudar a que te calmes para encontrar la raíz del comportamiento.

Sobre qué hay que enojarse

Haz una lista de comportamientos que el niño tiene que te hacen sentir como que no te gusta. No puedes anticiparte a cada uno de ellos, pero puedes identificar varios que suelen causar que te enfades. Luego clasifícalos en aquellos que realmente te molestan y los que puedes dejar pasar. Cuando los que puedes dejar pasar ocurran, di cosas como, "estoy molesto, pero voy a controlar mis sentimientos". Todavía puedes hacer que tu hijo sepa que estás descontento sin gritos ni insultos. Cuando se trabaja a través de este proceso, puedes prevenir futuras escaladas de ira que resultan en sentimientos negativos hacia tu hijo y arrebatos explosivos e hirientes.

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Escrito por leyla norman | Traducido por paulina illanes amenábar