Manejo de la ira en niños con padres a punto de morir

La ira es una de las tantas emociones que un niño puede experimentar cuando descubre que uno de sus padres está muriendo. La relación de un niño con un padre que sufre de una enfermedad terminal o se encuentra gravemente herido, y su lazo con el padre que sobrevive (y además, si el niño cuenta o no con una fuerte red de soporte), todo ello afecta a la forma en la que podrá lidiar con la pérdida a acontecer, según explica la American Cancer Society (Sociedad Estadounidense de Cáncer). El niño puede expresar su ira relacionada con la aflicción de varias maneras, dependiendo de su edad y temperamento.

Edad e ira


Las denominadas "rabietas" son una respuesta típica en niños muy pequeños de 2 a 6 años.

Las denominadas "rabietas" son una respuesta típica en niños muy pequeños de 2 a 6 años que están perdiendo a sus padres, puesto que no saben cómo hablar de cómo se sienten, según el National Cancer Institute (Instituto Nacional del Cáncer). Los niños mayores, de entre 6 y 9 años, pueden actuar agresivamente o exhibir comportamientos antisociales tales como el robo y la mentira. Los niños en este grupo de edad son más propensos a ser agresivos y destructivos y a crear alborotos en el aula. Los niños de más de 9 años de edad no sólo pueden estar enojados con el hecho de que uno de sus padres se está muriendo, sino también pueden sentir vergüenza y culpa. Cuando se trata de ayudar a un niño a controlar su ira, es importante tener en cuenta que es posible que esté recurriendo a un comportamiento indisciplinado porque no conoce otra manera de expresar su confusión, rabia y otras emociones por la pérdida de un padre.

Comunicación y confianza


Explícale a tu hijo que su padre no escogió enfermarse o ser víctima de un accidente.

Explícale a tu hijo que su padre no eligió enfermarse o ser víctima de un accidente. Utiliza la compasión en tus esfuerzos por hacerle entender que una enfermedad terminal como el cáncer o un accidente, como una colisión de vehículos, simplemente suceden. Refuerza el hecho de que la persona que se está muriendo no tiene voz y voto en el asunto. Puede ser muy difícil para un niño a renunciar a la fantasía de que sus padres deben tener la facultad de evitar que las cosas malas sucedan. La creencia de que los padres son todopoderosos tiene cierta validez para los niños pequeños, ya que los padres se esfuerzan por proteger a sus hijos de todo daño, de acuerdo con la American Cancer Society (Sociedad Estadounidense del Cáncer). Recurrir a las creencias religiosas o la fe espiritual puede aliviar el dolor del padre sobreviviente e hijo, y puede ayudar a dar sentido al niño sobre la pérdida inminente.

Expresión de la ira


No hay nada malo en dejar que tu niño exprese su rabia y resentimiento sobre el hecho de que uno de sus padres se irá para siempre.

No hay nada malo en dejar que tu niño exprese su rabia y resentimiento sobre el hecho de que uno de sus padres se irá para siempre. Gritar o golpear una almohada puede ayudar a liberar la ira sin dañar o molestar a los demás. Para algunos niños puede ser más complicado lidiar con los sentimientos de ira que para otros. Por ejemplo, un niño que experimenta un duelo puede comenzar una pelea con un hermano como una forma de liberar la ira: simplemente no conoce otra manera de lidiar con ella. Los niños que encuentran difícil manejar su ira pueden necesitar de más empatía, paciencia y apoyo que otros niños.

Consideraciones


Los psicólogos pueden proporcionar asesoría con respecto a fin de la vida al padre a punto de morir.

Los psicólogos pueden proporcionar asesoría con respecto al fin de la vida del padre que está a punto de morir, al sobreviviente y a sus hijos, señala la American Psychological Association (Asociación Americana de Psicología). Hablar de la muerte y del hecho de fallecer como una parte natural del ciclo de vida con los niños pequeños puede ayudar a arrojar luz sobre las creencias de un niño sobre la vida y la muerte. Hablar de la muerte y el morir puede ser especialmente importante para un niño pequeño, en casos en los que tenga que esperar que un pariente cercano, como un abuelo, luche contra una enfermedad terminal durante muchos meses o años.

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Escrito por karen hellesvig-gaskell | Traducido por guido grimann