Cómo ser una mamá menos insistente

La perfección no existe pero parece que muchas mamás olvidan esto, haciendo que le insistan a sus hijos a ir más lejos y más duro. Tu deseo natural de ver a tu hijo de forma excelente y a que tenga éxito en todo lo que intenta es perfectamente normal, pero tu insistencia continua puede causarle estrés y poner mucha presión en él. Antes de destruir todas las cosas que disfruta, aprende a controlar tus expectativas y dejar de ser tan insistente.

Nivel de dificultad:
Moderadamente fácil

Instrucciones

  1. Escucha a tu hijo, aconseja Avery Faigenbaum, un profesor asociado de ciencia de ejercicio en la University of Massachusetts en Boston. Si él dice que quiere abandonar, que no disfruta algo o que simplemente no le divierte más, puede significar que estás poniendo demasiada presión en él. Cuando se trata de deportes y actividades extracurriculares, los niños quieren jugar, divertirse y hacerse nuevos amigos. Aliéntalos para que hagan lo mejor pero hacerlo de forma insistente hará que no lo disfruten más.

  2. Entiende que al ser una madre insistente que coloca demasiadas expectativas sobre él está estorbando su creatividad y su capacidad de comportarse como un niño, tal como señala David Elkins, un psicólogo clínico para Psychology Today. Este es el momento de juego que le permite a los niños aprender a estructurar su propio tiempo, superar el aburrimiento y expresar la individualidad.

  3. Deja que tu hijo elija una o dos actividades que realmente le gusten y que se quede con esas, aconseja Elkin. No tienes que decirle que no puede jugar deportes o actividades de gimnasia (simplemente dile que puede elegir sus actividades favoritas). Ser parte de un equipo de deportes o club le permite a los niños aprender independencia, hacer nuevos amigos y adquirir habilidades para la vida, pero limitar el número de actividades en las que se anota le va a permitir eliminar un poco de estrés, encontrar un poco de tiempo libre y ser simplemente un niño.

  4. Establece expectativas realistas para tu hijo, aconseja la Dra. Susan Neyman, psicóloga social. Un niño de ocho años puede pensar que no aceptarás nada menos que la perfección si te muestra que su proyecto de clase tuvo un "A-" y le dirás que lo haga mejor la próxima vez. Cuando entiendas las habilidades y limitaciones de él, tomando en consideración su edad, eso te podrá ayudar a establecer fines y expectativas reales. Un niño de 8 años quizás no esté interesado en leer poesía o conversar sobre universidades contigo; quiere jugar con sus amigos y sacar notas lo suficientemente buenas para estar vinculado a los deportes y pasar al próximo grado con sus amigos.

Más galerías de fotos



Escrito por tiffany raiford | Traducido por aldana avale