Cómo usar el jugo de pepino como un humectante

El pepino no es sólo un alimento saludable en tu dieta sino que también puede tener efectos positivos en tu piel. Cuando lo aplicas en forma tópica, puede aliviar la piel irritada. Las cualidades hidratantes del pepino también lo han hecho un ingrediente popular en los productos de belleza y en los cosméticos. En tu casa, puedes mezclarlo con algunos ingredientes fáciles de encontrar y crear tu propio humectante. No sólo te ayudará a ahorrar dinero, sino que colocarás un producto completamente natural en tu rostro que está, además, libre de químicos nocivos.

Nivel de dificultad:
Fácil

Necesitarás

  • 1 pepino grande
  • Cuchillo
  • Cuchara
  • Licuadora
  • Recipiente apto para microondas
  • 8 onzas (226 gramos) de parafina
  • 2 onzas (60 ml) del aceite portador de tu preferencia (por ejemplo de almendras, albaricoque o de semillas de uva)
  • Frasco de vidrio

Instrucciones

  1. Pela un pepino grande y córtalo en tiras largas. Recoge cuidadosamente las semillas con una cuchara. Corta las partes sin semillas en trozos.

  2. Coloca los trozos de pepino en la licuadora a velocidad media hasta formar un puré.

  3. Coloca parafina en un recipiente apto para microondas y caliéntala en una potencia media durante 90 segundos.

  4. Quita el recipiente del microondas y agrega 2 onzas (30 ml) del aceite. Agrega el pepino pisado y revuelve.

  5. Deja la mezcla en reposo durante dos o tres minutos, revolviendo ocasionalmente.

  6. Vierte la mezcla de pepinos en un frasco de vidrio. Cierra firmemente la tapa y ponla en el refrigerador para enfriarla aún más. Almacénala en el refrigerador hasta que desees usarla.

  7. Aplica la crema sobre tu rostro por la noche, pasa suavizar y humectar la piel cansada. No la enjuagues.

Consejos y advertencias

  • También puedes usar pepino para aliviar tus párpados. Simplemente debes enfriar un pepino, cortar un par de rebanadas y colocarlas sobre los ojos cerrados para reducir la inflamación.

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Escrito por stacey beth | Traducido por alejandra prego