Ironman corre para luchar contra el cáncer

Clay Treska corriendo.

"Si me voy a morir, lo voy a hacer a mi manera y me voy a ir luchando".

— Clay Treska, Jr.

Clay Treska estaba seguro de que iba a estar muerto.

Y por una buena razón.

El cáncer testicular al que había vencido estaba de vuelta. Él estaba oyendo palabras como "avanzado" y "terminal" y el concepto de mes bien podría haber sido minutos.

Así que tomó el paso siguiente más lógico.

Comenzó a entrenar para Ironman.

Así es. La carrera que ha azotado a hombres y mujeres sanos, a deportistas agotados hasta el punto del delirio, en fin, que supone poner en riesgo la vida personal en pos de una meta, era su idea de mejorar.

"Si me voy a morir, lo voy a hacer a mi manera y me voy a ir luchando", dice Treska.

Y sí que luchó. Para quienes lo conocen habla del simple hecho de quién es Clayton Treska Jr.

"Él tiene tenacidad, este empuje que siempre ha tenido", asegura su padre, quien le pasó su nombre a su hijo. "Él iba a asegurarse que de alguna manera u otra se iba a poner bien".

Tienes que saber que Treska no está muerto y que sí corrió la carrera Ironman.

También la terminó y, si bien todos las carreras completas de Ironman tienen la misma distancia, no hay otra como la del campeonato anual de Kona.

"Cuando crucé la línea de meta, hizo que todo valiera la pena", recuerda el joven Treska.

Él no estaba hablando de la realización personal, a pesar de que cumplió un objetivo que tenía desde la infancia.

Y Treska, 30, no sólo hablaba de tratar de vencer una enfermedad luchando desde las profundidades absolutas del dolor físico y emocional a la cima del esfuerzo físico y la vitalidad bajo la oscuridad de la noche hawaiana.

También hablaba de los miles de nombres en correos electrónicos y cartas, a quienes inspiró y que le expresaron su apoyo.

"No me hubiese importado lesionarme o caerme de la bicicleta", dice Treska. "Me hubiese importado por toda la gente a la que habría decepcionado y no iba a dejar que eso sucediera".

Es el fundamento básico de un hombre joven que siente que sus hazañas no son nada extraordinario pero sí necesarias en el panorama general que tiene frente suyo.

"Sentí que mi hijo, a lo largo de la vida, tenía mucho para dar y que sería una pérdida que muriera, digamos", asegura su padre.

Treska ha optado por poner su vida en riesgo antes.

Él es un veterano que estuvo 12 años en el Cuerpo de Marines y que combatió en misiones en Irak. Un sargento, que está actualmente en espera de una palabra para ver si va a ser reasignado al servicio activo.

En el plano personal, Treska es un estudiante de la Universidad Estatal de San Diego y se encuentra del lado bueno de un combate de dos rounds contra el cáncer, que apareció por primera vez en mayo de 2008.

Lo que había sido enviado a remisión después de la quimioterapia, volvió buscando venganza, un año más tarde. Treska, que había estado entrenando para el Ironman, comenzó a sentir dolor de espalda y supo que algo andaba mal.

En julio de 2009, estaba haciendo varias visitas a los médicos en el Hospital Naval de Balboa en San Diego, pero no fue hasta descubrir un tumor en el lado de su cuello que creció, según Treska, desde el tamaño de un guisante hasta el de una pelota de béisbol en alrededor de 12 horas, que el personal médico se dio cuenta de que su cáncer se había agravado.

Sin los medios necesarios para atenderse en el Balboa Naval, Treska fue admitido en el programa de ensayos clínicos en el Moore’s Cancer Center de la UCSD.

En la UCSD, los médicos le aplicaban a Treska un tratamiento agresivo mediante la administración de dosis altas de quimioterapia y trasplantes de células madre autólogas.

Los procedimientos, en todos los indicadores, le salvaron la vida.

También es un equilibrio delicado: la quimioterapia se administra en dosis letales, mientras que las propias células madre de Treska permitieron que su cuerpo se recupere.

"Se trata de administrar un camión de quimioterapia y resulta que esa cantidad de quimioterapia, aunque puede ser muy eficaz en la eliminación de células cancerosas, también elimina la médula ósea de la persona de forma permanente", afirma el Dr. Peter Curtin, Director Clínico del Programa de la Sangre y el Trasplante de Médula Ósea en la UCSD.

"Si no hubiera tenido esas células madre (disponibles), hubiese muerto".

Treska estuvo hospitalizado durante un año, pero comenzó el entrenamiento para Ironman casi de inmediato.

Los primeros pasos fueron levantarse de la cama y llegar al baño. En los días buenos, recorría ese camino tantas veces como fuera posible. En los días malos, levantarse de la cama era todo lo que podía manejar.

"El régimen de quimioterapia para el cáncer testicular es bastante duro, incluso para una persona fuerte como Clay", asegura el Dr. Curtin, quien también es profesor de Medicina en la UCSD. "Desde luego hubo veces en sus dos trasplantes en que parecía un cachorro muy enfermo".

Treska, que había vuelto a los entrenamientos con bastante rapidez después de su primera batalla contra el cáncer, experimentó un regreso mucho más difícil la segunda vez, pero nunca dudó de su decisión de correr.

Ante el escepticismo de algunos de sus amigos, Treska evitó a quienes dudaban para entrenar, pero el apoyo de su familia era fuerte.

Su madre, Alice, y su hermana, Julie, se mantuvieron firmes a su lado, al igual que su padre, pero el Sr. Clay insistió en una advertencia: debía permanecer en la escuela.

"Sentía que la educación era, francamente, más importante o, al menos, igual de importante", dice su padre. "Clay dijo que podía hacer las dos cosas y le dije, 'si puedes hacer las dos cosas, vamos a hacerlas a ambas'".

Treska procedió a competir en cinco carreras de diferentes distancias y terminó tres. Esa fue la mayor parte de su experiencia de triatlón cuando pisó la línea de partida en el Ironman en la isla grande de Hawaii, donde sólo podías ir con invitación.

No practicó deportes en su infancia en Georgia, pero levantó pesas y se convirtió en un culturista y entrenador siendo adulto.

Ellos iban a nadar en familia, recuerda su padre, pero nunca más allá de la piscina del barrio. Treska dice que podía "nadar perrito" y ni el padre ni el hijo podían recordar la última vez que había estado en una bicicleta.

Los atletas entrenan durante años y compiten en múltiples carreras para soportar 2,4 millas (3,86 km) de natación, 112 millas (180 km) de la etapa de ciclismo y la carrera final, un maratón de 26,2 millas (42 km).

Treska esperaba lograr ese objetivo en unos pocos meses.

"Esa es una verdadera prueba de resistencia y es una prueba increíble", afirma Lawrence Einhorn, un distinguido profesor de Medicina y Presidente en oncología en la Foundation Chair in Oncology en la University School of Medicine de Indiana. "Creo que muchas de las personas que atraviesan dificultades en la vida con cosas como superar la quimioterapia pueden ver si tienen la fortaleza mental y física para hacer algo como eso".

Einhorn, un médico/investigador en la Unidad Intensiva del Simon Cancer Center, trató a Armstrong por cáncer testicular antes de que el ciclista corriera por siete títulos del Tour de Francia y sea una de las principales autoridades del ciclismo.

Treska había entrenado sobre todo por su cuenta, pero trabajó con un entrenador de natación que le enseñó a flotar y lograr la distancia que se nada en Ironman.

Kona es conocido por altas temperaturas, mucha humedad y fuertes vientos, los cuales estaban en juego el 9 de octubre 2010 en una carrera ganada por Chris McCormack. Mirinda Carfrae ganó la corona de las mujeres.

Treska llegó en 15:16:58, muy por debajo del plazo de la medianoche de finalistas cronometrados. En la carrera, Treska salió en poco más de una hora, pero regresó en más de cinco.

Dice que, si se hubiera entrenado con entrenadores en las otras disciplinas, podría haber acortado mucho tiempo.

Pero sabe una cosa: "Eso fue absolutamente lo mejor que pude hacer".

Su padre estaba allí en la línea de meta y recuerda que sentía el dolor de cada golpe, giro y paso.

"Toda la intención era competir y terminar", asegura el Sr. Clay. "No importaba el tiempo que tomara, sólo completarla y convertirse en un Ironman".

Treska planea correr una vez más --los dos abandonos están pesando en su mente competidora--, pero la escuela es el único centro de atención ahora.

Después de la graduación, el objetivo posterior de Treska es obtener una licenciatura en terapia física y crear un programa de recuperación para los pacientes de cáncer basada en ejercicio.

"Mi objetivo es dar a cada uno en la comunidad la misma probabilidad de éxito que he tenido. Sería una tragedia si ese no fuera el caso", dice Treska. "Es mi vocación en la vida".

Su línea de llegada era sólo el comienzo.

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Escrito por mike scarr
Traducido por sofía bottinelli