¿Cuál es el trabajo de la insulina?

La insulina, una hormona de proteína en el páncreas, es absolutamente esencial para mover la glucosa desde la sangre a los tejidos. La insulina también es necesaria para mantener los niveles de proteína del cuerpo, y la deficiencia de insulina prolongada conduce al musculo y a los tejido a perder proteína. La insulina interactúa con el cerebro para controlar el apetito y promueve el almacenamiento de exceso de energía como grasa. Consumir demasiadas calorías estimula la producción de insulina, lo cual puede conducir a la obesidad y a la diabetes no insulinodependiente o tipo 2.

Control de la glucosa en sangre

Las proteínas y los carbohidratos en la dieta son digeridos y absorbidos en la sangre principalmente como glucosa y aminoácidos, lo cual estimula al páncreas para secretar insulina. Una de las funciones primarias de la insulina es facilitar la entrada de glucosa en la mayoría de los tejidos del cuerpo. En el hígado y los músculos, la insulina promueve el almacenamiento de exceso de glucosa como grandes moléculas llamadas glucógeno, que pueden ser degradadas a glucosa cuando es necesario. En personas con diabetes insulinodependiente o tipo 1, la producción de insulina es insuficiente, y requieren inyecciones de insulina para controlar los niveles de glucosa en la sangre.

Metabolismo de la proteína

La insulina también estimula el transporte de muchos aminoácidos de la sangre a los tejidos, inhibe la degradación de la proteína, y junto con la hormona de crecimiento, promueve la formación de nuevas proteínas. La insulina es necesaria para el desarrollo fetal y la deficiencia de insulina materna o fetal puede afectar el crecimiento del feto. Los niños con deficiencia de insulina y diabetes tipo 1 necesitan inyecciones de insulina para el crecimiento y desarrollo normales. El tejido muscular se torna resistente a las acciones de la insulina durante el proceso de envejecimiento, lo cual contribuye a la pérdida de proteína muscular en los ancianos. El ejercicio aeróbico mejora la sensibilidad a la insulina muscular y puede ayudar a prevenir la pérdida de proteína muscular con el envejecimiento.

Equlibrio de la energía y almacenamiento de grasa

La insulina es un importante regulador de equilibrio de energía a través del control del apetito, y promueve la conversión del exceso de calorías en grasa para su almacenamiento. Al despertar después de un sueño durante la noche, los niveles de insulina en la sangre son bajos. Comer aumenta los niveles y la insulina a su vez interactúa con los receptores en el cerebro que causan una sensación de saciedad o plenitud. Esto suprime el apetito y ayuda a evitar comer en exceso. En el hígado, la insulina estimula la producción de triglicéridos, algunos de los cuales son enviados a los tejidos musculares para su uso como energía o a los tejidos grasos para su almacenamiento. La insulina también aumenta la producción de triglicéridos en los tejidos grasos.

Exceso de insulina y resistencia a la insulina

Comer en exceso producirá aumento de peso e inadecuada acumulación de grasa en el hígado y en los tejidos musculares. El exceso de grasa en los tejidos grasos, hígado y los músculos puede causar que estos tejidos se vuelvan resistentes a las acciones normales de la insulina. Esto deteriora la eliminación de la glucosa de la sangre y aumenta los niveles de glucemia. La glucemia alta induce el páncreas a producir un exceso de insulina para compensar la resistencia a la misma del tejido. Los altos niveles de glucosa e insulina y la resistencia a la insulina del tejido conduce al desarrollo de la diabetes tipo 2. Para disminuir el riesgo de diabetes tipo 2, haz ejercicio con regularidad, no comas en exceso y reemplaza los carbohidratos refinados y azúcares con frutas, verduras, granos enteros y legumbres que son ricos en fibra y carbohidratos complejos.

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Escrito por michael r. peluso, ph.d. | Traducido por marcela carniglia