Inmadurez emocional en niños pequeños

El niño pequeño típico ya es maduro o está lo suficientemente desarrollado para ir más allá de sus deseos ardientes. Los berrinches que incluyen pisar fuerte o gritar con toda su fuerza suceden porque un niño de 2 a 3 años no tiene la fortaleza emocional para manejar los sentimientos fuertes. La buena noticia es que las rabietas y otros comportamientos impropios son signos del crecimiento emocional a medida que tu pequeño trabaja para controlar sus sentimientos, impulsos y acciones, tal como explica el sitio web HealthyChildren.org, un sitio web publicado por la American Academy of Pediatrics.

Significado

Lanzar un ataque es a menudo la única forma en la que un pequeño sepa cómo lidiar con las realidades a veces difíciles de la vida. No poder ir a la sala de juegos cuando todo lo que puede pensar es balancearse o haber recibido la orden de que no puede comer un emparedado de helado que le llama la atención en la mesa de postres puede desencadenar una rabieta. Una falta de control sobre las emociones a veces puede convertirse en la forma física de patear, morder o golpear con el enojo del momento.

Ansiedad por la separación

Puede ser duro para un niño pequeño profundizar que en realidad tú tienes una vida más allá de él. Como si él dijera "¿Cómo puedes considerar la idea de dejarme?" cuando lo dejas en la guardería o cuando la niñera va a tu casa y puede entrar en un momento de rabia por la sola idea de pensar en que lo dejas. También puede gemir y sentir culpa por sí mismo mientras se aferra a ti para salvar su vida. Cualquiera que sea la táctica que tu pequeño utilice para expresar su desagrado, tranquilízalo diciéndole que volverás pronto. Prémialo por ser paciente cuando vuelvas.

Los problemas crecen

El niño pequeño generalmente egocéntrico puede ser negativo, si no desafiante, y lleno de frustración cuando lidia por la independencia, tal como explica el Child Development Institute. Responder a la razón no está dentro de su brújula emocional. Puedes ayudarlo a sentirse más seguro y confiable en su búsqueda de la independencia alentándolo a actuar de forma más madura. Dejar que tu hijo "controle su libertad" puede darle un sentido de autonomía a la vez que lo mantienes fuera del peligro. Por ejemplo, puedes dejar que tu hijo juegue con su bola en el patio delantero pero debes estar cerca para alcanzarla si se va a la calle.

Consideraciones

Premia a tu hijo pequeño cada vez que juegue bien con otro niño o cuando en lugar de resoplar un enojo él acepta graciosamente (hablando relativamente) el hecho de que no puede comer otra galleta. Elogia su conducta madura diciéndole algo como "Estoy muy orgullosa de ti por ser un gran chico y escuchar a tu mamá cuando te dije que no puedes comer otra galleta ahora". Poco a poco su amor propio lo ayudará a actuar de forma más moral sobre una base regular.

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Escrito por karen hellesvig-gaskell | Traducido por aldana avale