Cómo hablar con tu hijo para que escuche

A menos que tu hijo tenga una condición médica que dificulte su comprensión, la aparente falta de recepción de la palabra de tu hijo podría deberse, entre otras, a que no presentas la información correctamente. O bien, podría surgir de la falta de consecuencias si tu hijo siente que debe hacer caso omiso a tus instrucciones.

Nivel de dificultad:
Moderado

Instrucciones

  1. Adopta una postura significativa que te ponga al nivel del ojo con tu hijo. Desde niños pequeños hasta adolescentes, los oídos de los niños a veces parecen incapaces de trabajar de forma independiente de sus ojos cuando estás tratando de conseguir que te escuchen. Por lo tanto, para asegurarte de que tus hijos están prestando atención, ponte de rodillas y míralo a los ojos. Para los niños mayores, siéntate o párate junto a ellos. En lugar de hablar con tu hijo a través del cuarto, la invasión repentina y sin previo aviso de su espacio personal también envía un mensaje de que eres serio acerca de lo que estás diciendo.

  2. Habla con tu hijo, no a él. Hablar con tus hijos consiste en escucharlos y hablar con ellos, no sólo presentar una larga lista de pedidos. Si tus hijos no están escuchándote, podría ser porque no estás escuchándolos.

  3. Mantenlo corto y simple. Los niños menores de 6 o 7 años de edad no pueden comprender discursos e instrucciones complejos, por lo que debes centrarte en declaraciones "yo" como "yo necesito", "yo quiero" o "me gustaría". Los preadolescentes y especialmente los adolescentes tienden a sintonizarte si te vuelves de largo aliento. Con cualquiera de los grupos, llega a tu punto inmediatamente, no necesitas un preámbulo adecuado a la Constitución de los EE.UU.

  4. Elimina las distracciones. No esperes que tu hijo escuche con la televisión a todo volumen o mientras está luchando con zombis o extraterrestres en un juego de video.

  5. Baja tu voz. Alzar tu voz puede hacer que sientas que estás comunicando tu punto, pero gritar a tus hijos a menudo tiene el efecto contrario. Los niños son sordos a los gritos después de un cierto punto y sólo se quedarán mirándote con una expresión fingida de miedo en sus caritas mientras gritas. En cambio, baja la voz, hablando en un tono profundo y serio y míralos hacer caso.

  6. Guarda la palabra "no", para las veces en que el problema no acepta discusión. Los padres a menudo inyectan la palabra no en cada frase como si fuera la respuesta a todos los problemas del mundo. El problema con decir que no muy a menudo es que los niños tienden a dejar de escucharlo. En su lugar, encuentra maneras de poner un positivo en una corrección, como "No cogemos el gato por la cola porque le duele". Guarda el "no" para los momentos en que realmente necesitas hacer algo absoluto, como "no, no puedes ir a la fiesta de consumo de alcohol para menores de edad".

  7. Asegúrate de que tu hijo entiende tus instrucciones al hacerlo repetir de nuevo. Si bien esto no es muy difícil con los niños más pequeños, con los adolescentes puede provocar una actitud de "Dios, ¡me tratas como un niño!". Sé firme, utiliza tu nombre y di: "Jane, estoy tratando de trabajar contigo, para que no tengamos un gran problema más adelante, cuando me digas que no entendiste lo que quería decir. ¿De acuerdo? "

  8. Crea misterio. Si tu hijo ha aprendido que en su mayoría estás lleno de aire caliente cuando le dices algo, di: "Si no me escuchas en esto, habrá consecuencias". Entonces, no elabores. Cuando te pregunta qué va a pasar simplemente di "Espera y verás". Esas tres palabras que crean una incertidumbre acerca de un potencial castigo, son lo más parecido a una cura para todo lo que encontrarás cuando trates de hacer que tus hijos escuchen.

  9. Haz apropiadas a la edad las consecuencias para tu hijo cuando desobedezca. Obviamente no puedes quitarle el coche a un niño de 6 años, pero quitarle su bicicleta o tableta ayudará a hacer comprender tu punto.

  10. ¡Endurécete! Niégate a ser impresionado cuando tu adolescente salga pisoteando de la habitación o tu niño ponga en su rostro el más lindo puchero cuando no se sale con la suya. Una de las mayores razones por las que los niños no escuchan a sus padres es porque estos se aplacan en sus directrices, doblan las reglas con demasiada frecuencia o no hacen responsables a sus hijos cuando rompen una regla.

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Escrito por nathan fisher | Traducido por maría j. caballero