Fructosa del agave y el hígado

Hecho de una planta de cactus llamado agave azul, e jarabe de agave es más dulce que el azúcar regular. Se utiliza en una variedad de productos alimenticios comercializados como saludable, sin gluten o con bajo índice glucémico. Aunque el jarabe de agave es a menudo visto como un edulcorante más sano, no proporciona ninguno de los valiosos nutrientes que tu cuerpo necesita y el azúcar que contiene en realidad podría ser peligrosa para el hígado.

El jarabe de agave y la fructosa

El sabor dulce de la miel de agave se debe a su alto contenido de fructosa. A diferencia del azúcar regular de mesa, la miel y el jarabe de arce, que contienen cantidades aproximadamente iguales de fructosa y glucosa, 90 por ciento del azúcar que se encuentra en el jarabe de agave es fructosa. Incluso el jarabe de maíz alto en fructosa, que se percibe como de alto contenido de fructosa, no es tan alto ella, con alrededor del 55 por ciento de su azúcar en está forma.

La fructosa y el hígado graso

Un consumo excesivo de fructosa se asocia con un mayor riesgo de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, según un estudio publicado en junio de 2008 en el "Journal of Hepatology". Como tal, si consumes grandes cantidades de jarabe de agave regularmente, esta mayor ingesta de fructosa podría poner en peligro tu hígado. A diferencia de otras formas de azúcar, el hígado tiene que metabolizar la fructosa. La forma más fácil para el hígado para deshacerse de ella es de transformarla en un triglicérido o un tipo de grasa. Desafortunadamente, muchos de estos triglicéridos pueden quedar atrapados en el hígado, donde se acumulan, provocando que se agrande. Con el tiempo, la enfermedad de hígado graso no alcohólico puede causar cirrosis, una condición similar a lo que ocurre en los alcohólicos que afecta el funcionamiento del hígado.

Sustituir el azúcar con miel de agave

El jarabe de agave no es la única fuente de fructosa en la dieta estadounidense. El aumento del consumo de azúcar en general, añadida a los alimentos o bebidas, es el responsable del aumento de la ingesta de fructosa y la mayor prevalencia de las enfermedades del hígado graso no alcohólico. Todos los tipos de azúcares contienen fructosa, como los jarabes, la miel, la melaza, el jarabe de maíz alto en fructosa, el jugo de caña deshidratada y los jugos de fruta concentrados. Sin embargo, si decides reemplazar tu edulcorante regular con la misma cantidad de jarabe de agave, tu consumo de fructosa se incrementará en un 56 por ciento. Por ejemplo, sustituir 1 cucharada de azúcar de mesa con una de jarabe de agave aumenta tu consumo de fructosa en alrededor de 5 g. Además, si utilizas jarabe de agave en tus recetas, sustituir 1/2 taza de miel con 1/2 taza de jarabe de agave se traduciría en un aumento de 20 g de fructosa.

Prevenir enfermedad de hígado graso

Si preocupas por la salud de tu hígado, reduce tu consumo de fructosa en todas las formas de edulcorantes. Elimina los alimentos procesados y las bebidas azucaradas por completo de tu dieta. Este cambio también te ayudará a perder peso, lo que puede beneficiar a la salud de tu hígado e incluso revertir la enfermedad de hígado graso si ya tienes este problema. Utiliza todo los alimentos que son naturalmente libres de fructosa y azúcar para satisfacer tu necesidad de dulces, como yogurts naturales, almendras, mantequilla de maní natural y chocolate negro con más del 70 por ciento de cacao. Si deseas utilizar el jarabe de agave, no uses más de 1/2 a 1 cucharadita al día para mantener tu consumo de fructosa lo más bajo posible y proteger la salud de tu hígado.

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Escrito por aglaee jacob | Traducido por gabriela nungaray