De qué forma las enfermedades y la nutrición se relacionan con los niveles de presión arterial elevados

La presión arterial elevada afecta a uno de cada cuatro estadounidenses, aproximadamente. Esta afección contribuye con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y puede dañar otros órganos y causar la muerte prematura. A menudo, se relaciona con la obesidad, sobre todo cuando las grasas se acumulan en la zona de la cintura, y la diabetes tipo 2. Si sufres de presión arterial elevada debes consultar con tu médico y discutir las opciones disponibles para disminuir los niveles. Seguir un régimen alimenticio saludable, mantener tu peso ideal y limitar la ingesta de sodio son los primeros pasos que puedes tomar para evitar las consecuencias para la salud que se asocian con los niveles elevados de presión sanguínea.

Presión arterial elevada

La presión sanguínea, que se trata de la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias, consiste de presión sistólica, cuando el corazón late, sobre la presión diastólica, cuando el corazón se relaja. Si los niveles de presión son de 120 sobre 80 mm de mercurio se consideran normales. Si tu presión arterial de 140 sobre 90, o mayor, debes tomar medidas para disminuirla. En general, la presión sanguínea elevada, hipertensión, aparece sin demostrar síntomas, aumenta el riesgo de sufrir un ataque cardíaco o un derrame cerebral y puede causar enfermedades renales o ceguera.

Arterioesclorosis y presión arterial

Los revestimientos interiores de las paredes de las arterias principales contienen tejido elástico que proporciona flexibilidad y permite que las arterias se expandan y contraen a medida que el corazón late. La arteriosclerosis, una enfermedad cardiovascular, produce el endurecimiento, o la rigidez de este tejido elástico, de modo que la presión arterial aumenta. Si sufres de sobrepeso, la pérdida de grasa, sobre todo del área abdominal, puede reducir la rigidez de las arterias. Desde el punto de vista nutricional, limita la ingesta de hidratos de carbono refinados, azúcar y grasas saturadas de origen animal, ya que estos productos pueden aumentar los niveles de grasa en la sangre y en la región abdominal. La acumulación de grasa sanguínea, sobre todo colesterol, en las paredes de las arterias promueve la arteriosclerosis, el endurecimiento arterial y el aumento de la presión.

Frutas y verduras

Consume más alimentos de origen vegetal. Frutas, verduras, frijoles y granos integrales contienen gran cantidad de compuestos llamados polifenoles. Estas sustancias, como catequinas, presentes en el cacao y el chocolate negro, resveratrol, que se encuentra en el vino tinto y las uvas oscuras, antocianinas, presentes en las bayas, e isoflavonas, en la soja, pueden disminuir la rigidez en las arterias y mejorar la flexibilidad y la presión arterial. Se determinó que el consumo total de polifenoles está asociado con la disminución de la presión arterial en pacientes de edad avanzada que tenían grandes posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares, según afirma un estudio clínico publicado en la edición 2011 de "Nutrition, Metabolism, and Cardiovascular Diseases".

Normas nacionales

La entidad National Institutes of Health publicó una serie de normas nutricionales para disminuir los niveles de presión arterial denominada Enfoques Alimenticios para Detener la Hipertensión (DASH por sus siglas en inglés). Además de controlar tu peso y los niveles de grasa en la sangre, y de incrementar el consumo de frutas, verduras, granos integrales y pescado de mar, es importante limitar la ingesta de sodio, sal de mesa, o cloruro de sodio. Consumir sal en exceso aumenta la aumenta la rigidez de las arterias y la presión arterial. Los alimentos en conservas, embutidos, bocadillos y sopas y verduras enlatadas contienen gran cantidad de sal. Si tu presión arterial es elevada, no debes salar los alimentos y presta mucha atención a la cantidad de sodio que aparece detallada en los envases de los alimentos. También debes tratar de reducir el consumo diario de sodio a 1,5 gramos, o menos de un tercio de una cucharadita.

Referencias

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Escrito por michael r. peluso, ph.d. | Traducido por vanesa sedeño