Efectos del alcoholismo en el cónyuge

Acerca de 17,7 millones de estadounidenses, o 6,8 por ciento de la población de los Estados Unidos, tuvieron problemas con la dependencia del alcohol o problemas relacionados con el abuso, indica National Institute on Drug Abuse. La adicción al alcohol pone en peligro la capacidad de mantener relaciones íntimas sanas y hogares estables, ya que el cónyuge que no bebe puede sentir presión para negar o justificar las acciones de la pareja. Si no cambia esta situación puede perjudicar o dañar las relaciones más allá de la reparación, que a menudo requiere la ayuda de un consejero para ser tratada.

Termino de relaciones

El alcoholismo no tratado puede amenazar la estabilidad a largo plazo de un matrimonio, en función de quién está bebiendo, sugiere un estudio realizado por University at Buffalo Addiction Research Center. Los investigadores dieron seguimiento a 634 parejas durante sus primeros nueve años de matrimonio. La tasa de divorcios de parejas con una parte que bebía fue de casi el 50 por ciento, frente al 30 por ciento de otras parejas. Sin embargo, la tasa para las dos partes bebedoras difería poco de la de las parejas sin bebedores. Los hallazgos llevaron a los investigadores a concluir que los hábitos de consumo incompatibles forman un fuerte indicador de conflicto de problemas, la separación o el divorcio. Sin embargo, aunque ambos cónyuges bebedores no se divorcien, su comportamiento sigue creando un ambiente negativo para otras personas, incluyendo a sus hijos.

Distanciamiento emocional

Los problemas con el alcohol perjudican la intimidad de un matrimonio. Por ejemplo, el abuso del alcohol de la pareja crea discusiones que hacen que el cónyuge que no bebe se aparte emocionalmente, indica la American Association for Marriage and Family Therapy. Conforme el problema avanza, ambas partes evitan pasar tiempo juntos. Los incidentes de violencia doméstica y el "toque enojado" también son más probables cuando un cónyuge comienza a beber. Los cónyuges no bebedores también pueden ser obligados a excusar las acciones de su pareja, como faltar al trabajo, lo que crea un resentimiento adicional.

Estrés financiero

El alcoholismo es uno de los principales desencadenantes de estrés financiero. Según National Survey on Drug Use and Health, alrededor del 17 por ciento de los estadounidenses desempleados en 2012 tenía una adicción al alcohol o las drogas, frente al 9 por ciento de sus homólogos, informó CNN. Las necesidades básicas insatisfechas de la pareja alcohólica desvían más recursos a financiar su adicción o acumular grandes deudas. Para compensar, los cónyuges no alcohólicos pueden terminar teniendo un segundo empleo o trabajar más horas, lo que conduce a una creciente amargura hacia el cónyuge que bebe.

Aislamiento social

Aunque el alcohol es comúnmente considerado como una droga social, su uso excesivo conduce al fenómeno contrario, de acuerdo con Robert J. Ackerman, fundador de National Association for Children of Alcoholics. Por ejemplo, un cónyuge no alcohólico puede comenzar a desalentar a los visitantes u ocultar invitaciones para evitar la vergüenza social de tratar con el comportamiento de la pareja. Los niños también pueden ser advertidos en contra de traer amigos a la casa. Esta situación, conocida como la desconexión física, deja a los cónyuges aislados unos de otros, así como de amigos y familiares que de otra manera podrían ofrecer apoyo.

Más galerías de fotos



Escrito por ralph heibutzki | Traducido por verónica sánchez fang