Las desventajas cuando los padres gritan a los niños

Cuando tus hijos se portan mal, se quejan o te irritan por un periodo de tiempo, es posible que te frustres y que sólo quieras golpear con tus puños, pisotear y gritar en sus pequeñas caras. Resiste la urgencia de hacerlo, sin embargo. Gritar raramente soluciona el problema y no es la mejor manera de convencerlos a que se porten mejor. De hecho, gritarle regularmente puede causarle mucho daño tal y como la violencia física, según el Acto para Familias Fuertes, una página de internet apoyada por la Asociación Psicológica Americana.

Por qué gritan los padres

Los padres llegan a gritar por varias razones, incluyendo impaciencia, frustración, estrés, ansiedad y cansancio. Si estás preocupado de algo más, pensando en algún problema en el trabajo o estás muy cansado, la paciencia se acaba más rápido y puede resultar en gritar y chillar. A veces los padres también sienten que tienen que gritar porque sus hijos están tan fuera de control que no los escucharán de otra manera. El escenario temido de no escuchar hace que la mayoría de los padres pacientes griten. Todos los padres gritan de vez en cuando y es posible que un grito ocasional no cause daño permanente, pero hacerlo seguido puede que sí.

Desventajas a corto plazo

Gritarle a tus hijos rara vez los convence para hacer lo que quieres que hagan. De hecho, es posible que se resistan más porque nadie responde bien a los gritos. Los niños a los que se les grita constantemente se vuelven inmunes a los gritos y no responden, según a la página de internet del Acto para Familias Fuertes. Las palabras que uses cuando le gritas también puede herir sus sentimientos.

Desventajas a largo plazo

A parte de distanciarte de tu hijo, lo que hace que la relación empeore, gritarle regularmente puede dañar su autoestima. Cuando se les grita constantemente, empiezan a interiorizar el sentimiento de que no son suficientemente buenos y esto hace que su autoestima y confianza se deterioren, según el Instituto de la Mente Infantil. También puede afectar otras áreas de su vida, como sus calificaciones en la escuela o su habilidad para hacer y mantener amistades. Dependiendo de lo que estés gritando, el gritar constantemente puede disminuir el sentido de seguridad de tu hijo. En raras ocasiones, gritarle puede producir desórdenes mentales y problemas de desapego cuando él está creciendo, reporta la página de internet del Acto para Familias Fuertes.

Detener los gritos

Claramente, dejar de gritar es más fácil dicho que hecho. Trata de cambiar de gritar a susurrar. Cuando tengas la urgencia de gritarle a tus hijos, susurra. Susurra que estás decepcionado con su comportamiento y que esperas que estén listos para cambiar. La mayoría de los niños estarán intrigados porque realmente quieren escuchar lo que dices, lo que significa que deben de dejar de hacer lo que están haciendo para entender lo que dices. Si estás perdiendo el control, sólo vete. Mientras ellos no corran riesgos, toma un descanso en tu cuarto o baño hasta que controles las emociones. Llama a tu pareja o amigo y habla acerca de tu impaciencia y enojo para que no grites algo de lo que te puedas arrepentir después. También puedes probar escribir lo que quieras gritar en un pedazo de papel y después romperla, esto puede ser muy satisfactorio y calmante. Ve a tus hijos a los ojos y abrázalos fuertemente. No hay nada como unos pequeños brazos agarrados de tu cuello para calmarte.

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Escrito por sara ipatenco | Traducido por monica del valle