Cómo desinfectar una máquina afeitadora eléctrica

Esterilizar tu afeitadora eléctrica es el primer paso para garantizar un afeitado suave y sin vellos encarnados. Algunas máquinas de afeitar eléctricas tienen sistemas de esterilización incorporados, que realizan todo este trabajo por ti; sin embargo, estos sistemas a menudo resultan muy costosos de comprar y mantener, debido a que requieren cartuchos de esterilización. No se requieren más de 15 minutos para esterilizar tu afeitadora eléctrica, y la mayoría de los elementos necesarios probablemente se encuentren ya en tu baño. Todos estos elementos pueden comprarse en cualquier supermercado o farmacia, en caso de que no los tengas a mano.

Nivel de dificultad:
Fácil

Necesitarás

  • Alcohol para frotar
  • Cepillo pequeño con cerdas de nailon
  • Lavabo
  • Paño (opcional)

Instrucciones

  1. Remueve la lámina de tu máquina de afeitar, apretando los costados. Una vez removida, deja la lámina a un lado. Muchas máquinas tienen un mecanismo sencillo para sacar la lámina, por lo que éste no debe ser un paso difícil.

  2. Usa el cepillo de nailon para limpiar los vellos en la parte expuesta de tu afeitadora. Deberás ver el bloque de corte y el mecanismo que lo controla.

  3. Aplica un poco de agua sobre la máquina de afeitar, para remover todos los vellos que hayan quedado después de la limpieza con el cepillo. Asegúrate primero de que tu afeitadora sea a prueba de agua; en caso de que no lo sea, puedes usar un paño húmedo para limpiar el cabezal de corte.

  4. Vierte un poco de alcohol para frotar sobre la afeitadora, y déjala a un lado. El alcohol se evaporará rápidamente y no causará daños sobre una máquina que no es a prueba de agua.

  5. Usa el cepillo para limpiar la lámina y remover los vellos que tenga.

Consejos y advertencias

  • Llevar a cabo este proceso sobre un lavabo hará que la limpieza sea más rápida.
  • Asegúrate de que tu afeitadora sea a prueba de agua antes de colocarla bajo el agua del lavabo o verter cualquier líquido sobre la máquina.

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Escrito por david h. ver eecke | Traducido por pau epel