Cómo deshacerse de un queloide de una perforación

Durante el período de cicatrización de una perforación y después de que se haya cicatrizado, puedes encontrarte con un queloide en los alrededores de tu nueva perforación. Los queloides son tejido cicatricial que resulta de una enfermedad hereditaria, haciendo que la piel se levante y se vuelva de color rosado o rojo,residiendo dentro o alrededor del agujero de la perforación, de acuerdo con American Osteopathic College of Dermatology. Existen varios tratamientos para eliminar queloides de una perforación en el cuerpo y los tratamientos para un queloide deben ser administrados por un profesional dermatólogo licenciado.

Nivel de dificultad:
Fácil

Instrucciones

  1. Visita a su perforador de cuerpo profesional para determinar si la perforación tiene un queloide. Los perforadores profesionales son educados en anatomía y son conscientes de la diferencia entre una formación de cicatrices queloides permanentes e hipertróficas, que es un defecto temporal temporal de la piel de acuerdo con Association of Professional Piercers. Si tienes un queloide, tu perforador te referirá a un dermatólogo.

  2. Lava tus manos y retira las joyas de tu perforación.

  3. Prepara la información para una cita al dermatólogo. Anota la fecha en que recibiste tu perforación, cuando el queloide se empezó a formar y cuando éste aumentó de tamaño. Anota en el papel por cualquier picazón o efectos secundarios de la primera vez que notaste el queloide.

  4. Haz una cita con un dermatólogo. Muestra el queloide y las anotaciones con la información al dermatólogo. Pregunta al dermatólogo sobre las opciones de tratamiento. Entiende que algunos queloides vuelven a crecer después de la eliminación. Pregunta al dermatólogo sobre los costos y los riesgos de los tratamientos.

Consejos y advertencias

  • No recibas perforaciones adicionales mientras te sometes a tratamientos para los queloides o en el futuro.
  • No intentes quitar o rasgar el queloide en casa.

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Escrito por maude coffey | Traducido por martín giovana