¿Cuáles son las causas de la caída de los músculos faciales?

La caída de los músculos faciales puede ser causada por varios factores, algunos resultando en una caída permanente y otros que pueden superarse con ejercicios faciales. La capa externa de la piel o epidermis está sujeta por medio de la hipodermis al músculo que se encuentra debajo y este músculo, junto con la elasticidad natural de tu piel, determinan la firmeza de tu rostro. La lesiones, infecciones o la gravedad pueden afectar la condición es esos músculos.

Edad

La edad afecta tanto a los músculos faciales como a la piel. Debajo del peso de la piel y la grasa, los músculos pueden estirarse y caer con el tiempo. La pérdida de elasticidad en la piel también contribuye a un aspecto facial caído. Los factores como el daño del sol y el fumar, además del envejecimiento, pueden contribuir a la disminución del colágeno necesario para mantener la elasticidad de la piel.

Ejercicio

Los movimientos faciales repetitivos como los que se hacen al sonreír o comer trabajan músculos específicos y dejan algunos sin desarrollar, lo que puede contribuir a la caída en esas zonas. Los músculos de la cara, como en otra parte del cuerpo, requieren contracción y resistencia para mantener su fuerza.

Lesiones y apoplejía

La caída total o parcial de los músculos faciales se puede deber a una lesión en los nervios o a una apoplejía. En el último caso la pérdida de suministro de sangre debido a un bloqueo o hemorragia lleva a la muerte de las células cerebrales, que puede causar parálisis en la cara y otras partes del cuerpo.

Enfermedad

Según HealthHype.com, las enfermedades como la parálisis de Bell pueden causar caída facial cuando los extremos de los nervios faciales están inflamados debido a infecciones virales. Sufrir de herpes simple e infecciones en el tracto respiratorio superior pueden hacerte más propenso a la parálisis de Bell. El síndrome de Ramsay Hunt es otra enfermedad que produce caída facial que puede resultar por una infección del virus que causa la varicela.

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Escrito por tricia ross | Traducido por maria eugenia gonzalez