Los conflictos parentales y su efecto devastador en los niños

Cada pareja casada discute de vez en cuando sobre el dinero, el sexo, la forma de criar a los hijos y otras cuestiones, pero hacerlo delante de los niños no está bien. Los estudios han demostrado que la discordia entre los padres puede causar una serie de reacciones negativas en los niños, algunas hasta pueden seguir a través de su vida adulta. Los conflictos maritales, sin embargo, no sólo consisten en competencias de gritos, y hay algunas afirmaciones que, incluso haciendo caso omiso de tu cónyuge podrían afectar negativamente a tus hijos.

Hostilidad e indiferencia

Marcos E. Cummings, profesor de psicología de la University of Notre Dame, y los investigadores de la University of Rochester y la Catholic University of America, han descubierto que la forma en que los padres manejan el conflicto afecta a futuro el desarrollo emocional de los niños. Un ambiente familiar negativo puede inculcar inseguridad emocional y problemas de adaptación a largo plazo. La investigación fue publicada en la edición de Enero/Febrero 2006 de la revista "Desarrollo del Niño". Durante el estudio, los investigadores identificaron dos conflictos que afectan más a los niños, la hostilidad y la indiferencia. Debido a que en el estudio se utilizaron "muestras representativas de la comunidad", los investigadores creen que sus hallazgos son verdaderos para la mayoría de las familias estadounidenses.

Inestabilidad emocional


Un niño que es testigo de la discordia marital puede desarrollar habilidades sociales pobres.

La página web Child Discipline With Love parece apoyar la teoría anterior con su lista de comportamientos presentes en los niños que son testigos de las peleas maritales. Los comportamientos detectados incluyen la actuación, la introversión y la incapacidad para relacionarse bien con los demás. Estos niños tienen baja autoestima, habilidades sociales pobres y relaciones disfuncionales en la edad adulta. Algunos niños se vuelven cada vez más enojados, pero carecen de las habilidades para afrontar sus sentimientos, así que en su lugar muestran comportamiento violento, delincuencia e incluso participación en pandillas. Los niños que reprimen sus sentimientos a menudo se vuelven deprimidos y aislados de sus amigos y actividades sociales. A veces recurren a las drogas o pueden sufrir frecuentes dolores de cabeza, dolores de estómago y úlceras.

Rendimiento académico

La inestabilidad en el hogar incluso puede afectar el rendimiento académico de los niños. Child Discipline With Love dice que, debido a las hormonas del estrés, el funcionamiento del cerebro puede verse alterado con el tiempo cuando un niño está expuesto a los conflictos. Esto puede conducir a deterioro del pensamiento, falta de habilidades de razonamiento y resolución de problemas y trastornos de memoria. Por otra parte, los resultados de un estudio de 2005 de la Cardiff University del Sur de Gales propone que los niños procedentes de entornos familiares negativos tienen un mayor riesgo de bajo rendimiento académico que los de un hogar con padres cariñosos.

Violencia en el hogar


Un niño que es testigo de abuso físico regular también podría llegar a ser un abusador.

Child Discipline With Love dice que, en los hogares donde el abuso físico tiene lugar, los niños pueden sufrir trastornos tales como orinarse en la cama, problemas de aprendizaje, pesadillas recurrentes, dolores de cabeza, dolores de estómago, úlceras y más. Una de dos condiciones emocionales se encuentran en los niños de hogares con abuso conyugal. Aprenden a pelear o bien aprenden a mantener la paz, según afirma el sitio. Los niños que son testigos de repetidas soluciones negativas de conflictos a menudo creen que lo que ven es normal y lo toman para sí mismos, intimidando niños en el patio o tratando de ejercer control sobre otros. Otros niños se dan cuenta de que la violencia física no es normal y hacen lo que sea para evitar el conflicto, convirtiéndose en pasivos y agresivos. Estos niños están dispuestos a hacer cualquier cosa para mantener la paz.

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Escrito por monica crowe | Traducido por mar bradshaw