Los componentes de la conducta antisocial en los niños

El trastorno de conducta en la infancia es el predecesor del trastorno de la personalidad antisocial, un trastorno psiquiátrico grave diagnosticado en la edad adulta. En general más común en niños que en niñas, el trastorno de conducta es un diagnóstico multifacético compuesto por una combinación de conductas anti-sociales. Afecta alrededor del 6 al 16 por ciento de los varones y del 2 al 9 por ciento de las niñas, de acuerdo con estimaciones de la Mental Health America organization. Las muestras persistentes y frecuentes de conductas anti-sociales pueden ser motivo de preocupación y deben ser tratadas por un profesional de salud mental autorizado especializado en el trabajo con niños.

Falta de empatía


La falta de empatía es un componente de la conducta antisocial en los niños.

La falta de empatía o respeto por los sentimientos de los demás es un componente principal de la conducta antisocial en los niños. Los niños con falta de empatía tienden a mostrar ninguna emoción por el sufrimiento de los demás. De acuerdo a una revisión clínica publicada en 2007 en la revista NeuroImage, la falta de empatía es un indicador clave de los comportamientos agresivos y antisociales en los niños y puede deberse a un déficit estructural en el cerebro. Una verdadera falta de empatía difiere de los típicos "fingiendo que no importa" o "encogiéndose de hombros", que los niños a menudo realizan cuando se dan cuenta de que han hecho algo mal o hecho daño a alguien sin querer. Algunos ejemplos de comportamientos que pueden indicar una falta de empatía incluyen la crueldad hacia los animales u otros niños, o la falta de remordimiento o pesar por las malas acciones.

Agresión


La agresión es otro componente importante de la conducta antisocial en los niños.

La agresión es otro componente importante de la conducta antisocial en los niños. Una cierta cantidad de agresividad, como la lucha por los juguetes o las rabietas, es normal en los niños en edad preescolar, pero a medida que el niño crece, hay más razones para preocuparse por estos y otros comportamientos agresivos. Los comportamientos que persisten o se intensifican son causas válidas de preocupación, dice la psicóloga infantil Susan Campbell en una entrevista con Scholastic.com. Los comportamientos agresivos que pueden caer en esta categoría incluyen la intimidación, peleas, morder o golpear, teniendo en cuenta la frecuencia de la conducta y la edad del niño.

Engaño

El engaño o la mentira con la intención de hacer daño o "condicionar" a los demás, es diferente a una mentira piadosa. Casi todos los niños dicen mentiras inocentes en algún momento, porque saben que lo que han hecho está mal o quieren preservar sus propios intereses. Las mentiras piadosas no se consideran comportamientos desviados o anormales. Sin embargo, según un estudio publicado en 2011 en la revista Advances in Child Development and Behavior, una mentira persistente puede ser indicio de un comportamiento antisocial y una mala adaptación y puede conducir a serios problemas en el futuro, incluyendo una mala conciencia y la incapacidad de auto-control.

Rompiendo las reglas

Todos los niños rompen las reglas de vez en cuando, pero las violaciones graves y frecuentes son un componente de conducta antisocial en los niños que debe levantar una bandera roja. Los niños que no muestran respeto por las normas a menudo no tienen ninguna razón buena o evidente de hacerlo, y muchas veces rompen las reglas simplemente porque pueden. Algunos ejemplos de violaciones graves a las normas que pueden ser signos de comportamiento antisocial son escaparse de casa, o con saltarse clases en la escuela con frecuencia. Sin embargo, antes de clasificar la conducta como anti-social, se debe tener en cuenta la frecuencia y la gravedad de la misma.

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Escrito por ashley miller | Traducido por maría florencia lavorato