Cómo colocarse un reloj

Dependiendo del estilo de reloj que escojas y si este lleva una correa de piel o un extensible de acero, tendrás dos formas de colocártelo. En muchos casos, las personas usan relojes en sus brazos no dominantes, por lo que los zurdos tienden a usarlos en su muñeca derecha. Como tú decidas usar tu reloj, ya sea flojo o apretado, es ampliamente una función de moda, de comodidad y de funcionalidad.

Nivel de dificultad:
Fácil

Necesitarás

  • Paño suave para pulir (Opcional)

Instrucciones

    Correas de piel

  1. Coloca el reloj con la carátula hacia abajo sobre tu regazo o en una superficie que no raye, como un paño para pulir colocado encima de la mesa.

  2. Orienta el reloj para que el broche o el extremo corto apunte hacia abajo. Cuando te pongas el reloj, esta parte, sobre la parte de arriba del reloj, estará colocada correctamente.

  3. Desliza la tira larga de la correa a través del broche hasta que lo sientas apretado o suelto, según lo desees. En muchos casos, los relojes los relojes están seguros y cómodos si puedes introducir tu dedo índice entre tu muñeca y la correa.

  4. Desliza la sección restante o la "cola" a través de los sujetadores sencillos o dobles del extremo corto.

    Extensible de metal

  1. Presiona la placa de liberación ajustable para abrir el extensible.

  2. Desliza tu mano a través del extensible, asegurando tu reloj orientándolo correctamente con la posición del reloj de las 12 horas hacia arriba.

  3. Dobla a la mitad el extensible. Presiona las secciones del broche juntas con tu pulgar hasta que sientes que se escucha un "clic".

  4. Dobla el broche sobre el extensible para asegurar el reloj.

Consejos y advertencias

  • Ocasionalmente, limpia tu extensible de metal con jabón ligero y un cepillo de dientes suave, para eliminar la mugre acumulada y la oxidación que se forma entre los eslabones.
  • Si un extensible de metal se siente demasiado flojo o apretado, podrás afinar el ajuste en el broche, añadiendo o eliminando eslabones.

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Escrito por david lipscomb | Traducido por elizabeth garay ruiz