La cetosis y el hígado graso

El hígado graso se asocia generalmente con el abuso del alcohol, pero incluso la gente que no bebe puede desarrollar la enfermedad de hígado graso no alcohólico o NAFLD. El NAFLD incluye esteatosis asintomática, es decir, el hígado graso simple, que puede progresar a la esteatohepatitis, que significa inflamación del hígado graso. Más tarde, la enfermedad puede causar la fibrosis o cicatrización, y en última instancia, la cirrosis, que es permanente. El hígado graso alcohólico sólo puede ser tratado con la abstinencia de alcohol en las primeras etapas de la enfermedad. Pero, debido a que el NAFLD está probablemente relacionado con la dieta, puede ser reversible al reducir sustancialmente la ingesta de hidratos de carbono por medio de una dieta cetogénica.

Comprendiendo el NAFLD

NAFLD se asocia con la obesidad, especialmente abdominal, resistencia a la insulina, niveles elevados de azúcar en la sangre, la inflamación y los triglicéridos altos en suero. Todos estos son signos de síndrome metabólico, considerado como el precursor de la diabetes tipo 2. Cuando el cuerpo no puede usar el azúcar apropiadamente, parte de ella se convierte en grasa, y triglicéridos, debido al hígado, donde se puede acumular. Un estudio de 2009 llevado a cabo en el Center for Human Nutrition and Atkins Center of Excellence in Obesity Medicine revela que el exceso de grasa en el hígado es probablemente el culpable principal detrás de los problemas de salud frecuentemente asociados con la obesidad.

Dieta cetogénica

La dieta cetogénica es alta en grasas, alta en proteínas, restringida en hidratos de carbono generalmente utilizada para bajar de peso. Reducir o eliminar los carbohidratos de la dieta obliga al cuerpo a depender de la grasa almacenada para obtener energía. Sin embargo, el cuerpo metaboliza la grasa de manera diferente en ausencia de los hidratos de carbono, lo que resulta en una condición llamada cetosis. La grasa incompletamente metabolizada forma moléculas llamadas cetonas, que se acumulan en la sangre y la orina. Las cetonas tienen un valor limitado como fuente de energía en ausencia de los hidratos de carbono, sobre todo para el cerebro, pero la mayor parte se excreta en la orina y el aliento.

Efectos de la cetosis en el hígado graso

La cetosis por sí misma no invierte el NAFLD. Lo más probable es que la restricción de carbohidratos de la dieta tenga el potencial de reducir la síntesis de grasas por el hígado. Uno de los primeros estudios sobre el efecto de la dieta cetogénica en el NAFLD, realizado en la Duke University en 2007, informó de que el agotamiento de carbohidratos parece revertir o retardar la progresión del NAFLD. Es posible que haya otros mecanismos en el trabajo también. Por ejemplo, algunas investigaciones han analizado el nutriente colina por su papel en la prevención del hígado graso. La colina es abundante en carnes y otras proteínas de origen animal, que es el pilar de la dieta cetogénica.

Precauciones

La dieta cetogénica generalmente no es adecuada por un periodo largo. Se puede promover la acumulación de ácido úrico en los tejidos, la osteoporosis, desequilibrios minerales, deficiencias de nutrientes y la pérdida de proteína muscular con el tiempo. Otro efecto secundario es un olor a acetona afrutado en el aliento, ya que es una ruta que el cuerpo utiliza para excretar cetonas. Sin embargo, la enfermedad del hígado graso puede ser muy grave si se le permite progresar y debe ser tratada. Una dieta cetogénica bajo supervisión médica, combinada con los cambios de estilo de vida que puedan mantenerse a largo plazo, podría ser un tratamiento eficaz.

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Escrito por janine grant | Traducido por verónica sánchez fang