¿Tiene beneficios el jabón de algas marinas?

Cuando nadas, lo que menos quieres es que las hojas de las algas marinas te toquen la piel. Pero, el jabón de algas marinas es muy bueno para limpiar tu cuerpo y revitalizar la piel. Aunque se las conoce por ser una comida llena de vitaminas, si las usas en forma de jabón podrás exfoliar y nutrir a tu piel.

Exfoliación

El jabón de algas limpia el cuerpo como lo hacen los jabones tradicionales, pero también exfolian la piel. Los arenosos trozos de algas dentro del jabón remueven las células muertas de la piel. Esto revela la nueva piel, ayuda a que los poros se destapen y reduce los ataques de acné.

Suave sobre la piel

Aunque sirve como exfoliante, el jabón de algas no te deja una piel seca. En general, este jabón es natural, porque no contiene los químicos hechos por los humanos que tienen los otros jabones y que pueden causar reacciones alérgicas.

Nutrientes

Las algas tienen varios minerales y vitaminas beneficiosas que nutren a la piel durante el proceso de exfoliación, dejando la piel sana y tonificada. Esto incluye las vitaminas A1, B2, B6, B12 y minerales como el potasio, el calcio, hierro y zinc. Este clase de jabón también anima a la circulación de la snagre alrededor de la piel, lo que resulta en que tenga una apariencia rejuvenecida.

Reducción de marcas de celulitis o estiramiento

Aunque se dice que este jabón hace perder grasa, no hay datos científicos que apoyen esto. Sin embargo, las páginas de Internet como SeaweedSkin.com reconocen que puede reducir la celulitis y reducir las marcas de estiramiento, aunque mínimamente y sólo después de un uso prolongado.

Respetuoso de los animales

La mayoría de los jabones están hechos de grasa animal que reacciona con las soluciones de lejía para crear un complejo de limpieza. El jabón de algas no está hecho con dicha grasa; sino que lo conforman una mezcla de grasas de los aceites vegetales con algas. Por lo tanto, puede ser una buena opción para la gente que prefiere no usar productos animales o químicos.

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Escrito por kip doyle | Traducido por adriana de marco