Para que la asistencia a la guardería infantil no se vuelva un dolor de cabeza

Te ilusionas imaginando que dejas a tu sonriente niño, quien está muy feliz de ir a la guardería a jugar con sus amigos. Cuando lo recoges está rebosante de excitación, anhelante de contarte acerca de las alegrías del día, y lo escuchas parlotear acerca de cuánto le gustó. No obstante, la realidad de la guardería no es siempre tan placentera. En la medida en que cada niño es distinto, muchos ven la asistencia a la guardería como una lucha. Con aproximadamente un 70 por ciento de familias que emplean de alguna forma los servicios de las guarderías infantiles, de acuerdo a la KidsHealth.org (Organización para la Salud Infantil), estas implican dificultades que representan apuros comunes para muchos padres. Si la guardería es una parte vital del plan de crianza de tu hijo, haz esfuerzos para hacer que la asistencia a esta sea un proceso menos penoso para todos los involucrados.

Nivel de dificultad:
Moderadamente fácil

Instrucciones

    Es fundamental la selección de una buena guardería

  1. Instalaciones adecuadas y certificaciones son importantes a la hora de elegir una guardería para tu hijo.

    Selecciona con cuidado la guardería, pues la calidad de esta jugará un importante papel al determinar el tipo de experiencia que tendrá tu niño. Visita varias veces las guarderías que estás considerando como opciones para tener una visión exacta de ellas. Investiga sobre las certificaciones y habla con los padres que hayan enviado a sus hijos a sus instalaciones.

  2. La lectura con tu hijo es una buena manera de involucrarlo previamente en el proceso.

    Claire Lerner, articulista de "American Baby Magazine" (Revista Estadunidense de los Bebés), sugiere que leas acerca de guarderías con tu hijo. Selecciona libros que hablen sobre los caracteres de los niños que va a encontrar en las guarderías y léanlos en los días y semanas anteriores al primer día de guardería de tu hombrecito.

  3. Recuerda que la adaptación de tu hijo a la guardería es un proceso gradual.

    Introduce a tu hijo gradualmente a la guardería. La primera vez que lo lleves a las instalaciones, quédate con él, permítele que juegue cerca e interactúe con otros niños. La siguiente vez déjalo por un corto período de tiempo. Continúa de esta manera, tratando de estimularlo a que se quede días enteros. Permite que los niveles de malestar o de entusiasmo de tu hijo determinen cuánto tiempo debes añadir a su estancia diaria, añadiendo una hora o algo así si parece muy asustado, o avanzando de golpe de medio día a un día entero si se está adaptando bien, como sugiere la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (Academia Estadunidense de Siquiatría para los Niños y Adolescentes).

  4. Haz de la despedida un proceso amable, no traumático.

    Sigue un ritual para hacer más fácil tu partida. Despídete tranquilamente y dale un simple abrazo. Recuérdale cuando vas a regresar, tomando como referencia un evento y no una hora. Dile por ejemplo: "Voy a regresar antes de la siesta." Después empieza a salir sin volverte hacia atrás, pues hacerlo sólo exacerbaría la situación, según recomienda la KidsHealth.org.

  5. Y no olvides recogerlo a tiempo, tu hijo te lo agradecerá con una sonrisa.

    Intenta ser expedita a la hora de recogerlo. Si tu hijo no está seguro de a qué hora vendrás por él, se va a sentir más inquieto que de costumbre. Haz todo lo que esté en tu poder para cumplir tu promesa, pues si la rompes harás más difícil que tu hijo confíe en ti cuando hagas compromisos similares en el futuro.

Consejos y advertencias

  • Si a pesar de tus esfuerzos no disminuye el malestar de tu hijo asociado a la guardería, puede haber factores más serios en juego. La Academia Estadunidense de Siquiatría para Niños y Adolescentes sugiere que los padres cuyos hijos continúen mostrando un miedo pronunciado ante el prospecto de asistir a una guardería busquen tratamiento médico para asegurarse de que no haya un problema subyacente.

Más galerías de fotos



Escrito por erin schreiner | Traducido por josé alcázar.