¿Cómo afecta el ejercicio a la frecuencia cardiaca?

Con toda la atención que se presta a los efectos del ejercicio aeróbico sobre la frecuencia cardiaca, podrías llegar a pensar que el único requerimiento de un ejercicio efectivo es que incremente tu frecuencia cardiaca. Si esto fuera cierto, ver una película de miedo tendría el mismo resultado. Un ejercicio efectivo ocurre cuando los pulmones, el corazón y los músculos trabajan fuertemente y en conjunto. Entonces, ¿por qué se hace tanto énfasis en la frecuencia cardiaca? Para empezar, ésta es fácil de medir, aunque lo más importante es que se modifica de forma directa con los requerimientos metabólicos de los músculos.

Transición


El cerebro se asegura que el corazón otorgue la cantidad de oxígeno requerida por tus músculos.

En el momento en que comienzas tu entrenamiento, tus músculos empiezan a consumir más energía y a producir más sustancias de desecho. Para hacer más energía, los músculos necesitan que tu corazón bombee más oxígeno. Los niveles de oxígeno que se necesitan y obtienen están controlados por el cerebro, el cual detecta las concentraciones de los productos de desecho en la sangre. Mientras más trabajan los músculos, más sustancias de desecho producen, con lo que incrementa la frecuencia cardiaca por acción del cerebro.

Ritmo estable


Durante un estado estable de ejercicio, tu frecuencia cardiaca cambia muy poco.

Una vez que el cerebro incrementa tu frecuencia cardiaca al punto de que el oxígeno cumple con la demanda de los músculos, esta alcanza una meseta que dura el resto del entrenamiento. Sin embargo, ¿qué ocurre si aumentas el nivel de dificultad del ejercicio? En este caso, tus músculos trabajarán aún más duro, produciendo más sustancias de desecho que serán detectadas por tu cerebro, el cual aumentará la frecuencia cardiaca para cumplir con los requerimientos elevados de oxígeno.

Deshidratación


El consumo inadecuado de líquidos durante el ejercicio hace que tu frecuencia cardica se incremente más de lo usual.

La deshidratación también incrementa la frecuencia cardiaca durante el ejercicio. Sudar requiere del agua que se encuentra en sangre y, con el tiempo, deja menos sangre para que tu corazón bombee a los músculos, reduciendo la cantidad de oxígeno que llega a ellos. Tu corazón contrarresta esto con un aumento en la frecuencia cardiaca; sin embargo, si la deshidratación persiste, la frecuencia cardiaca incrementará continuamente, ya que la cantidad de oxígeno nunca satisfará la demanda. Tomar una cantidad de líquido igual a la perdida en el sudor evitará la deshidratación, manteniendo tu frecuencia cardiaca en un nivel normal.

Recuperación


Después del ejercicio, tu frecuencia cardiaca permanece elevada para apoyar en la recuperación muscular.

Una vez que termines de ejercitarte, la demanda de oxígeno de tus músculos disminuirá, pero tu cerebro continuará proporcionando oxígeno adicional para ayudar en el proceso de recuperación. Algunos aspectos de la recuperación, como la eliminación de ácido láctico, ocurren en los primeros minutos; aunque otros, como la reparación de las proteínas musculares, pueden tomar horas. Esto significa que tu frecuencia cardiaca permanecerá elevada desde minutos hasta horas después del ejercicio, otorgándote oxígeno adicional para ayudar a la recuperación.

Entrenamiento


El ejercicio aeróbico regular lleva a desarrollar un corazón más grande y fuerte.

Tras realizar ejercicio aeróbico de forma regular por meses o incluso años, las cámaras de tu corazón crecerán, permitiendo que se llenen de más sangre. Las paredes de tu corazón se volverán más gruesas, convirtiendo a tu corazón en una bomba más fuerte. Por lo tanto, cada vez que tu corazón se contraiga, más sangre será bombeada a tus músculos. Sin importar el nivel de intensidad, tu corazón más grande y fuerte podrá otorgar el oxígeno necesario a una menor frecuencia cardiaca.

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Escrito por contributing writer | Traducido por karly silva