Afecciones cutáneas en personas mayores

A medida que las personas envejecen, su piel se vuelve más seca, delgada, menos elástica y menos capaces de recuperarse de una lesión. Los efectos perjudiciales de la exposición al sol son más evidentes, y diversas enfermedades y trastornos de la piel se vuelven cada vez más comunes. Algunos trastornos comunes de la piel que afectan a las personas de edad son menores o cosméticas. Otros son dolorosos y algunas veces son un indicio de una enfermedad subyacente.

Queratosis actínica

Después de años de exposición al sol, una persona tiene más probabilidades de desarrollar queratosis actínica, también llamada queratosis solar. Más de 10 millones de estadounidenses la padecen, de acuerdo a la Fundación de Cáncer de Piel (Skin Cancer Foundation). Estas lesiones aparecen como manchas rojas, rosadas, marrones u oscuras en la piel. Son escamosas o con costras y pueden ser fácilmente desprendidas. Las lesiones por queratosis actínicas se encuentran generalmente en las áreas expuestas al sol y son más comunes en personas con el pelo claro o rojo y una tez clara. Las lesiones son motivo de preocupación, ya que son precancerosas, y pueden dar lugar a un tipo de cáncer de piel llamado carcinoma de células escamosas. Varios métodos diferentes son utilizados por dermatólogos para eliminar la queratosis actínica.

Herpes zoster

Las personas que alguna vez tuvieron varicela pueden contraer herpes zóster, también conocida como culebrilla. La Academia Norteamericana de Dermatología (American Academy of Dermatology) señala que alrededor del 20 por ciento de los que previamente tuvieron varicela, tienen herpes zoster. Ocurre con más frecuencia en personas mayores de 50 años de edad. La erupción puede aparecer si el virus de la varicela se reactiva dentro de algunos de los nervios en el cuerpo. La piel asociada con los nervios afectados se inflama. Las erupciones de la culebrilla a menudo comienzan en algún lugar a un costado de la espalda, donde se forman de ampollas rojas durante un período de tres a cinco días. Las ampollas arden, pican y producen una sensación de hormigueo y pueden causar dolor intenso. La erupción puede persistir durante varias semanas. La Biblioteca Médica de los Manuales Merck (Merck Manuals Medical Library) informa que los ancianos son especialmente propensos a experimentar un dolor que dura meses, años o incluso es permanente. El tratamiento temprano con medicamentos antivirales puede ayudar a disminuir el dolor y la duración del herpes zoster.

Xerosis

La piel de las personas de edad pierde parte de su capacidad para retener la humedad. La xerosis es una condición que provoca una piel anormalmente seca, común en personas de edad. Esta sequedad hace que la piel se vuelva áspera y escamosa, que pica, se agrieta y enrojece. La xerosis a menudo es peor en los meses de invierno, cuando el aire es frío y seco. El aumento de la humedad en el hogar y el uso de cremas emolientes pueden ayudar a aliviar los síntomas de dicha afección.

Insuficiencia venosa crónica

La insuficiencia venosa crónica, o CVI, es una condición causada por daño a las paredes o válvulas de las venas de las piernas. Las venas regresan sangre con poco oxígeno de nuevo al corazón. En la CVI, las válvulas de un solo sentido en las venas no se cierran adecuadamente, permitiendo que la sangre fluya de regreso a las extremidades inferiores. Esto hace que la sangre se acumule. Las venas débiles y dañadas de las piernas pueden ser el resultado de pasar largos períodos de tiempo en pie o sentado. Los coágulos de sangre en las venas profundas de la pierna son la causa más común de CVI, de acuerdo con la Clínica Cleveland. La CVI es más frecuente en los mayores de 50 años, y en mujeres. Dicha afección afecta la apariencia de la piel de las piernas, causando una piel más curtida, descolorida,delgada con venas varicosas y úlceras pequeñas. La piel pica y las piernas se hinchan. Los métodos de tratamiento incluyen medicamentos y aumentar la circulación. La cirugía puede estar indicada en un pequeño número de personas con CVI.

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Escrito por kalli harrison | Traducido por priscila caminer