5 consejos para un mejor rendimiento

La diferencia entre "bueno" y "fantástico" la mayoría de las veces reside en las cosas a las que no les estás prestando atención. La carretera hasta tu próxima conquista empieza aquí.

Hay una diferencia entre ser bueno y ser el mejor.

Recientemente, dos arqueros aficionados se acercaron a mi para preguntarme sobre cómo podrían mejorar su juego. Se presentaron con un montón de gráficos de los resultados de su rendimiento, con ganas de obtener un análisis y un diagnóstico de lo que estaban haciendo mal técnica y mentalmente. "Somos ingenieros", dijeron. "Somos muy analíticos". Sin embargo, me habían traído todos los datos erróneos. Les dije que se tomaran dos semanas y que recogieran los datos que importaban, no lo que habían estado haciendo, sino lo que no habían hecho. Mira, la diferencia entre ser bueno y ser fantástico, o entre estar trabado y mejorar (no importa si eres un corredor, un nadador, un levantador de peso, un excelente jugador de fútbol o baloncesto, un arquero o cualquier otro tipo de atleta) no siempre se encuentra en los números crudos y rápidos. De hecho, a veces lo que sabemos en realidad se interpone en el camino de lo que tenemos que hacer. Antes de que yo enviara a los arqueros de distancia a recoger este otro tipo de datos (acerca de los que leerás más adelante), les hice una simple, pero desafiante pregunta que le he hecho a unas 10.000 personas a lo largo de mi carrera: ¿Lo que tú sientes afecta a tu rendimiento? Casi todo el mundo dice que sí, pero los arqueros se mostraron escépticos al principio. Los llamaban "Touchie-feelies" (percepciones íntimas sobre la verdad del tema). Pero lo que encontraron, que es lo que todos con los que he trabajado han encontrado, es que sentir es diferente de tener sentimientos. Sentir, intangible pero aún así muy poderoso, de hecho es la clave para un mejor rendimiento en cualquier escenario. Mis arqueros lo aprendieron, los atletas de clase mundial con los que he trabajado lo han aprendido, y muchas otras personas en todo tipo de profesiones, también. He aquí, los cinco pasos para aprovechar lo que se siente y así aprender los secretos para un mejor rendimiento.

Paso 1: Concéntrate en el juego, no en el rendimiento

La mayoría de los atletas con los que he trabajado vienen a mí, porque han perdido el sentido de juego y ponen demasiado énfasis en las metas y los resultados, perdiendo así de vista el por qué lo hacen en el primer lugar. ¿Cuál es la razón por la que la mayoría de la gente deja de jugar? Porque alguien les dijo que eran muy buenos, les dijeron que si trabajaban duro, serían exitosos. Como consecuencia de esto, dejaron de jugar y se centraron más en el rendimiento.

Cuando Jon Lugbill tenía 14 años, ganó el primero de sus cinco campeonatos mundiales en canoa. Había tenido la oportunidad de ver a los mejores competidores de canoa C1 del mundo. ¿Cuál fue primer pensamiento? "Puedo vencer a estos chicos", a pesar de que ningún estadounidense lo había hecho nunca. Su respuesta fue jugar más, experimentar en su entrenamiento, "jugar" a rediseñar su equipo, e inventar nuevos movimientos. Más que insistir en lo que él ya sabía, simplemente haciéndolo más seguido y más duro, él aprendió y experimentó; en sus propias palabras "jugar y remar con más frecuencia". Él siempre hizo este entrenamiento, hizo el trabajo, pero siempre se hizo tiempo para jugar, sin estar sujeto a rígidos horarios.

En todos los campos en lo que he trabajado, el juego es fundamental, ya que te permite dejar de lado las presiones externas para llevar a cabo, y encontrar nuevos (y veces mejores) sistemas que funcionen para ti (incluso los cirujanos practican constantemente atar nudos, coser sus calcetines, jugando con las formas más rápidas y mejores a "hacer una puntada.")

HAZLO TÚ MISMO: La mejor manera de incorporar más el sentido del juego en tu entrenamiento es dejar de lado algunas de sus metas tangibles y suspender cualquier medición tradicional de lo que estás haciendo (tiempos, pesos, repeticiones). Correr o andar en bicicleta sin reloj o tomar una nueva ruta, y centrarte en las reacciones de su cuerpo. Define intervalos de cómo te sientes en lugar de qué tan lejos vas, pruébate a ti mismo en lugar de presionarte. A medida que te sientas más cómodo con el juego, añade otra vez las mediciones, el reloj, el kilometraje, pero sólo míralos después de que hayas terminado. Esto permite que tu cuerpo te guíe para tomar mejores decisiones de entrenamiento que con el tiempo darán sus frutos también con mejores resultados tangibles.

PASO 2: Aprende la habilidad de sentir

A diferencia de los sentimientos (que realmente no puedes controlar, pero que son valiosos en términos de conexión con lo que hacemos y con quién lo hacemos), la sensación es en realidad una habilidad que puedes controlar y desarrollar. Entender esta diferencia fue fundamental para el éxito del nadador medallista de oro olímpico Jeff Rouse. Como la mayoría de nosotros, nunca se había hecho consciente de la distinción entre sensación y sentimientos. Sin embargo, un período de 24 horas en los Juegos Olímpicos de Barcelona le enseñó por qué esta diferencia importa.

El plusmarquista mundial y favorito en los 100 metros espalda, Jeff, escuchó la conversación que su legado como un nadador se basaba en ganar la medalla olímpica. Él se lo creyó cuando la gente le dijo que sin la medalla de oro sería un fracaso. Se preocupó por perder y, como resultado nadó para no perder. Lo hizo con más esfuerzo que de costumbre, y en sus propias palabras, "murió" llegando a la meta, perdiendo por seis centésimas de segundo.

No podía creerlo. Se venció a sí mismo mentalmente y fue golpeado físicamente en la carrera. Estaba agotado. Peor aún, estaba asustado. Al día siguiente tendría que liderar a los EE. UU. en el relevo de 4 x 100, una carrera que nunca habían perdido en la historia del evento.

No durmió bien y se preocupó por defraudar a sus compañeros, su familia y su país... de nuevo. Cinco minutos antes de la carrera, su compañero de equipo Pablo Morales lo agarró y le dijo que "debía nadar de la manera en que él nadó para llegar hasta allí."

En ese preciso momento, "sensación" tomó el lugar de "sentimientos" en Jeff y rompió su propio récord mundial y pasó a ganar dos oros más en Atlanta.

HAZLO TÚ MISMO: La sensación es el subproducto del juego, las pruebas y el tacto de las cosas que captan nuestra atención. La sensación se encuentra en el tiro, en golpear, correr, nadar por la sensación misma de la práctica hasta que sepas que lo que sientes en los partidos es lo que quieres. Es la calidad sobre la cantidad. Y para conseguirlo, hay que jugar (ver Paso 1). ¿Cómo lo encontraste? La sensación se encuentra en no salir del gimnasio hasta que hayas hecho 50 disparos que se sientan bien y entraron, sin contar los que entraron pero se sentían mal. La sensación es correr o remontar las colinas hasta que encuentres el ritmo de cambio de marcha adecuado, atacando la colina sin perder el impulso de la pendiente que has dejado atrás. La sensación es encontrar y mantener el deslizamiento en cada golpe en el agua que reduce la fricción. Sentir no se trata de trabajar más duro o intentar golpear un cierto número en una meta de la rutina; se trata de experimentar para encontrar lo que funciona mejor para ti. Y luego, cuando lo encuentres, ya sabes cómo conseguirlo la próxima vez.

PASO 3: Recuerda por qué

Los deportistas que entrevisté tenían una fórmula bastante simple, aunque no siempre fácil, para el éxito. Eligieron sus deportes (o carreras) porque les gustaba cómo hacer eso les hizo sentir cuando lo hicieron. La mayoría de nosotros asumimos que por perseguir lo que queremos (por ejemplo, un PR maratón o un triunfo en la cancha de tenis), también conseguiremos lo que nos gusta. Pero podemos perder de vista lo que nos gusta persiguiendo el objetivo actual.

Muchos años después de trabajar con Jeff Rouse, hablé con el chico que rompió todos los récords de Jeff, Aaron Piersol. Aaron me dijo: "Nunca puedes olvidar por qué estás nadando, por qué estás haciendo lo que estás haciendo".

"Empecé a nadar antes de que pudiera caminar. A mi familia le encanta el agua. Era como "tira el niño al agua" porque estábamos siempre cerca de ella. En una piscina, en un muelle, en la playa. Así fue como pasábamos nuestros días ", dijo.

"La natación competitiva es una definición muy estrecha de la natación. He tratado de explicáselo a otras personas y hay un montón de otras oportunidades para estar cómodo con el agua. Si quieres ser un buen nadador, realmente quieres saber por qué lo estás haciendo. Yo sólo desarrollé un aprecio por el agua. Cuando voy a la playa esto está más allá de las palabras. Es sólo una sensación que tengo. Se sentía natural ".

Con demasiada frecuencia, perseguimos lo que queremos a costa de hacer lo que nos hace sentir de una manera que nos gusta. Nos ataviamos como lo haríamos para un trabajo dedicado y duro. Eso nos puede llevar a excusas para reemplazar lo que nos gusta o deseamos con la apreciación de otros de qué tan duro trabajamos. O nos puede quebrar, porque lo que nos gusta ya no está alineado con el trabajo para conseguir lo que queremos.

HAZLO TÚ MISMO: Cuando éramos niños, jugábamos y nos gustaba. Jugamos con las cosas y las personas que nos gustaban. Tuvimos la libertad de gustar de algo, una libertad que unos pocos de nosotros nos permitimos. En lugar de la presión para "amar", que viene con la edad adulta, como niños pequeños, fuimos libres de "gustar, querer" a alguien. ¿Qué te gusta de lo que haces? ¿Qué te gusta de correr o montar en bicicleta, jugar baloncesto o golf, o incluso de tu trabajo, independientemente de donde te llevan? Mi trabajo consiste sobre todo en recordar a la gente lo que les gusta sentir y las actividades y las personas que hacen que esto suceda. No necesito recordar a la gente que les encanta de lo que hacen o lo que quieren lograr. Mi trabajo es volver a conectarlos con el "gustar, querer" de un niño pequeño que cubre la brecha entre lo que nos gusta y lo que queremos y hacer el trabajo que se necesita para llegar allí. ¿Cómo lo conseguiste? Inténtalo contando tu historia a alguien o escribe un blog (o entrada en la prensa) sobre cómo haces tu deporte, cómo te metiste en ello, cómo aprendiste a "gustar, quererlo". Cuando revises las raíces, recordarás cómo se sentía el querer hacerlo día tras día. Es un ejercicio útil, sobre todo cuando se alcanzan mesetas, tocaste un punto de entrenamiento duro, o simplemente necesitas un poco de motivación extra.

PASO 4: Desarrolla confianza, no seguridad

¿Cuál es la diferencia entre los dos? La seguridad es la creencia de que vas a conseguir lo que quieres; el resultado. Confianza es saber que has hecho el trabajo para poder hacer lo que quieres hacer. Es sutil, pero importante, porque la confianza en realidad puede ayudarte a obtener mejores resultados, incluso cuando no te sientas muy seguro. El mejor ejemplo de esto salió en mi entrevista con el músico ganador del Grammy Bruce Hornsby.

Bruce se sentó en el centro de la cancha con su piano en el NBA All-Star Game, esperando con Branford Marsalis para tocar el himno nacional. Como las luces se apagaron, la señal para ellos para que empezaran a tocar, una pequeña luz roja se encendió sobre la cámara de televisión indicando que estaban en vivo hasta China. Las manos de Bruce descansando a su lado, comenzaron a temblar. No recordaba que esto ocurriera antes y su habitual seguridad vaciló.

Él hizo lo que los grandes artistas hacen, incluso cuando la seguridad se les escapa, puso las manos en las teclas. ¿Por qué? Porque confiaba en sus manos sabían qué hacer una vez que sintieran las teclas. Sus manos pudieron permanecer en el momento. Él había hecho el trabajo lo suficientemente bien como para que pudieran hacer lo que sabían, para hacer lo que podían controlar sin tener que preocuparse por el resultado.

HAZLO TÚ MISMO: Desarrollar la confianza es el resultado de la relación entre lo que haces y cómo lo haces. La confianza viene tanto de jugar como de los entrenamientos o repeticiones. Conoce tu "cosa" tanto si se trata de una bicicleta, una pelota, o tus zapatos; el juego te permite probarlos afuera, para doblar, moverlos, darles forma, controlarlos hasta que sean tus amigos. Arroja la pelota de golf o de tenis al aire, sentado en tu escritorio. Anda en bicicleta en lugar de conducir tan a menudo como puedas. Usa los zapatos hasta que los conozcas y los ames y sientas que te quedan bien, no sólo tus pies. Sea lo que sea, juega con él, y esto es fundamental, además de tu entrenamiento, para conseguir esa sensación de confianza.

Paso 5: Deja de juzgar

La rendición de cuentas es, literalmente, asumir la responsabilidad de tus resultados. ¿Cómo lo hiciste? El juicio es cómo te sientes sobre ti mismo basándote en cómo lo hiciste, y está demasiado informado por tus sentimientos. Los grandes artistas, ante todo, se hacen responsables de cómo lo hicieron, pero en realidad trabajan en alejarse de los juicios.

Una jugadora del equipo nacional de golf estaba teniendo problemas para aterrizar una pelota suavemente sin rodar demasiado lejos del agujero. Así que tuve una sugerencia: Me paré frente a ella mientras que ella golpeaba la pelota.

"Golpea la pelota por encima de mi cabeza", le dije, "y haz que aterrice justo detrás mío".

Sus ojos se salieron de su cabeza, como diciendo: "¿Quieres que haga qué?"

Ella me habló del juicio, de la preocupación, de la presión que sentía para hacerlo. Ella había compartido cómo el golf había pasado de la maravilla en la que por primera vez puso una pelota en el aire cuando era niña, rompiendo una ventana de la casa de atrás de la granja de la familia, a la preocupación de lo que perdería si ella no jugaba bien, la beca, la educación, las oportunidades que le habían permitido ser buena.

Había intentado las técnicas de visualización y relajación, el enfocarse en el entrenamiento y simplemente golpear más bolas, pero no pudo escapar de la autocrítica. Se preocupaba más de lo que ella podría hacer mal que de lo que ella había hecho realmente bien o cómo mejorar. Necesitaba simplemente jugar al golf y dejar de juzgarse a sí misma.

Así que me quedé diez pies delante de ella, entre ella y el quinto hoyo, y le dije que no nos iríamos hasta que golpeara la pelota por encima de mi cabeza y la dejara cerca del agujero. No nos íbamos a ir hasta que ella sintiera lo que necesitaba sentir.

Se retorció sobre la bola, sacudiéndose, moviéndose, incómoda y asustada de hacerme daño. Sonreí. Sabía que si podía hacer esto, ella aprendería lo que tenía que aprender, o al menos experimentaría lo que necesitaba.

Perdió el tiempo con la primera bola y se agachó cuando pasó zumbando por mi cabeza y cayó en el arroyo. Se cubrió la risa nerviosa con la mano sobre su boca. Me eché a reír, y eso hizo a diferencia. Ella sabía que yo no la estaba juzgando.

El siguiente golpe fue demasiado suave y aterrizó suavemente en mis manos. Jugamos un poco en el club, donde el suelo era más plano, y algo cayó en su lugar. Ella dejó de retorcerse y se puso a sí misma como si de repente ya supiese lo que necesitaba hacer. Y lo hizo. Golpeó la pelota por encima de mi cabeza y ésta aterrizó suavemente detrás de mí, y luego rodó a un pie del hoyo. Una enorme sonrisa, casi una risita.

Nos quedamos y jugamos con el tiro, con la pelota, experimentando para ver lo que funcionaba. Ella jugó con eso. Adoptó la responsabilidad de que la pelota estaba haciendo exactamente lo que ella le hacía hacer. Y cuando no hacía lo que quería que hiciera, ella jugaba con un poco más con la pelota hasta que hiciera exactamente lo que quería que hiciera. Sin pensamiento técnico o mecánico. Sólo jugando y sintiendo. Ningún juicio o presión, pero sí experimentación, creatividad y resultados.

La vi un mes más tarde. Ella había estado jugando bien y le pregunté por qué.

"Me di cuenta de lo importante", dijo.

HAZLO TÚ MISMO: Deshacerse de la autocrítica requiere de disciplina para jugar, de creatividad y experimentación, probarte en lugar de presionarte. Tienes que crear esos momentos sin sentido a propósito con tus amigos o compañeros de equipo o personas a las que no les importe acerca de los resultados, personas a las que les guste pasar tiempo contigo, que les guste jugar contigo y que te den la libertad de ser tú mismo. Realmente, es como ser un niño otra vez, corriendo por el bosque, nadando en etapas como fingiendo estar en los Juegos Olímpicos, en bicicleta como salvando a E.T., o tomar el juego de "winning shot "y perder, para luego pretender que fue por un ful. Hacer estas cosas te permiten que, en lo que parecen ser momentos sin esfuerzo, te des cuenta, empapado y agotado, de que es sólo la autocrítica lo que te falta, no tu voluntad de hacer lo que funciona, para ganar, o para ser mejor.

El entrenador en rendimiento Doug Newburg, Ph.D., ha trabajado con miles de jugadores de élite en todos los campos. Puedes leer más acerca de su trabajo en www.dougnewburg.com.

Foto: Getty Images

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Escrito por doug newburg, ph. d.
Traducido por valeria b. rivas